sábado, 27 de febrero de 2016

Itinerarios de la insubordinación lésbica

Itinerarios de la insubordinación lésbica[1]

Norma Mogrovejo

“Escribo porque me he tomado el derecho que nadie dádome ha, muy al contrario, negándoseme es. Solitaria brasa, terco incendio del alma. Escribo con los pedazos de la carne en la soledad. Pesarosamente segregada y porque es, mi escribir, la insolente libertad que me pertenece. Escribo porque si no lo hiciera, me hubiera muerto de tantas lágrimas. Porque la palabra es mi respiración, porque si no escribo hoy, una flor se cierra en el monte. Escribo para lavarme las manos de tanta suciedad que a mi alrededor se acumula”.
María Luisa, la China Mendoza.

El movimiento lésbico llegó a América latina por dos vertientes, primero como una lucha homosexual, con la influencia de la revuelta del Stonewall de Norteamérica a finales de los 60, como en el caso de México, Brasil, Argentina y Puerto Rico. Algunos años después, desde la segunda mitad de los 70, apareció como una lucha lésbica gracias a la influencia del movimiento feminista latinoamericano y sus encuentros, como el caso de Chile, Perú, República Dominicana y Costa Rica.
El primer grupo homosexual del que se encuentra registro es el Grupo Nuestro Mundo, en Argentina, en 1969, bajo la dictadura militar del general Ongania, posteriormente en 1971 surgen simultáneamente el Frente de Liberación Homosexual (FLH) en México y Argentina[2], ambos con una adherencia a los principios socialistas.
La década del 70 la mayoría de países latinoamericanos se caracterizó por la ola de desapariciones por razones políticas. El clima de persecución también se vivió en los ambientes homosexuales. Las razzias y detenciones arbitrarias de la policía[3], atentaban no sólo el derecho a la libertad de movilidad y la individualidad, se presentaba además, como un elemento desmovilizador, ya que junto a los chantajes policíacos estaba la amenaza de la prensa amarilla que podía acarrear fatales consecuencias familiares y laborales, lo que permitió al movimiento lésbico homosexual insertar sus propias demandas en un marco de reclamo político general “contra la represión” política y sexual.
Si bien la lucha revolucionaria por el socialismo se convertía en una utopía, que año a año era cuestionada, los movimientos sociales junto al reclamo por derechos democráticos exigían el respeto de los derechos humanos, así, para muchos activistas, la reivindicación debía plantearse desde la igualdad de derechos con los heterosexuales. La aparición pública empezó con declaraciones en los medios de comunicación, produciendo y difundiendo panfletos[4], activando o saliendo en marchas públicas, llevando sus demandas y análisis de la situación de discriminación.

La búsqueda de la Igualdad y el Socialismo
Para muchos sectores de la sociedad civil, incluidos el movimiento de la disidencia sexual, la transición a la democracia en los países que salían de dictaduras militares o las reformas políticas que reforzaban las incipientes democracias significó una esperanza de transformación de la situación de persecución y exclusión social. La democracia traía consigo el concepto de igualdad jurídica y ésta fue concebida por lesbianas y homosexuales como un ideal ético. Inspiradas en la reflexión feminista de la igualdad (sufragistas y feministas existenciales) buscaron ganarse un lugar en la historia, integrándose a la lógica y los valores de la racionalidad dominante “nación-estado”. El Estado les había negado la calidad de ciudadanas y debían reclamarle a él su calidad de personas con iguales derechos. Amorós analiza la oposición privado/público y utiliza la exigencia de la igualdad y el concepto de universalidad como referencia ética para la definición del sujeto: todos los seres humanos son iguales porque son comunes sus estructuras racionales y su intersubjetividad. Plantea que la moralidad de la ley radica en que debe ser válida para todos los sujetos racionales[5] pero la pregunta del momento era ¿cómo igualar a hombres y mujeres si la socialización milenaria había marcado diferencias sustanciales? A la par, ante la exclusión y discriminación abierta al sector de la disidencia sexual  la pregunta para la implementación de políticas públicas sería ¿cómo igualamos a heterosexuales, lesbianas, homosexuales, trans, bi y otras identidades disidentes cuando aún persiste el supuesto esencialista que califica a la disidencia como anormal?



Interlocución y visibilidad mediante candidaturas
Las primeras formas de interlocución política del naciente movimiento homosexual con el Estado se expresaron con una activa participación en las contiendas electorales presentando candidaturas abiertamente gays, las que si bien para la época podrían haber resultado como una audacia casi estridente, abrieron el camino de la construcción de un nuevo tipo de imagen del homosexual, comprometido con los problemas sociales de su entorno y su tiempo.
La lucha legal se inicia en México con la participación del movimiento en el proceso electoral de 1982. El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de tendencia trotskista, ofreció la candidatura presidencial a Rosario Ibarra de Piedra, representante del Frente Nacional Contra la Represión (FNCR) -uno de los espacios más fuertes de la oposición-, y por primera vez, siete candidaturas gays para diputados federales en las ciudades de México, Guadalajara y Colima. La propuesta era un reto porque ofrecía una estrategia segura para salir políticamente del closet, para lo que conforman el Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a Rosario Ibarra (CLHARI). Hasta entonces, los partidos políticos no habían visto la necesidad de pronunciarse sobre la sexualidad pero con el trabajo del CLHARI, el XIX Congreso del Partido Comunita Mexicano (PCM) (de tendencia moscovita) otorgó su apoyo a la lucha homosexual, sustentando el respeto a la libertad sexual[6]. Aunque no ganaron ninguna candidatura el resultado fue positivo, ya que, la campaña permitió al movimiento una amplia cobertura de difusión. El espacio público empezaba a ser ganado, las marchas cada vez más numerosas y las actividades culturales a ser difundidas ampliamente.
En Brasil en1986, Herbert Daniel, miembro en los años setenta de una organización guerrillera y quién se había declarado gay durante su exilio en Francia, fue candidato del PT a diputado local. Aunque no triunfó, su campaña sirvió de modelo a futuros candidatos y abrió espacios a lesbianas y gays en este partido[7]. Los siguientes años, en distintos países, la opción de hacer visible la lucha lésbica homosexual mediante candidaturas a distintos escaños, ha estado presente, la mayoría de las veces, teniendo en cuenta que la posibilidad de ganar las mismas era remota.
          Es hasta 2002 cuando en México se logra una diputación abiertamente lésbica. Enoé Uranga, candidata plurinominal de la agrupación feminista “Diversa”, alcanzó una diputación local gracias al convenio realizado entre dicha agrupación feminista y el partido Convergencia Democrática, es quién elabora la propuesta de ley de Sociedad de Convivencia que será hasta 2006 aprobada. Es recién en el presente siglo cuando la posibilidad de hacer políticas públicas, sea desde la apuesta a las candidaturas, negociación con partidos políticos o con diversas instancias gubernamentales que se presentaba cercana, como en el caso de Venezuela.[8] Costa Rica ha tenido diputados y ministros abiertamente homosexuales.

Protecciones legales contra la discriminación
Ante las diversas formas de violencia ejercidas contra la disidencia sexual que van desde prácticas cotidianas de invisibilidad, burlas, chistes referentes a maricas, hasta agresiones de tipo fascista cuyo objetivo es el exterminio de la población gay, la comunidad ha exigido al Estado protección y políticas que desalienten la discriminación en sus diversas expresiones.
          La década de los 80s y 90s fueron importantes para América Latina en la lucha  por conseguir garantías legales tanto a nivel constitucional como leyes contra la discriminación por razones de orientación sexual. Entre 1987 y 1988 el movimiento homosexual brasileño organizó una campaña para incluir un artículo constitucional contra la discriminación por orientación sexual. El 28 de enero de 1988, alrededor del 25% del congreso aprobó el artículo. En 1997, Ecuador se convirtió en el primer país de América Latina (y el segundo del mundo, siguiendo a Sudáfrica) en incluir protección específica contra la discriminación fundada en la orientación sexual en su Constitución.
En México en 1999, producto del  Foro de Consulta sobre la Diversidad Sexual y Derechos Humanos, se logró la modificación del Código Penal del DF castigando la discriminación por razón de opción sexual entre otras causales y dos años después su réplica en Aguas Calientes. Otro logro importante fue  la promulgación de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, promulgada en 2003 y la creación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Institución que tiene como gran reto, cambiar la cultura de odio hacia los diferentes.
Uruguay logró en julio de 2003 la penalización de la homofobia a nivel nacional.
El término crímenes de odio, apareció en 1998 a raíz del asesinato del joven Mathew Shepard  de 22 años, al que sólo por su condición gay  dos delincuentes torturan y abandonan como espantapájaros en una cerca. El asunto conmovió a un sector amplísimo de la opinión pública estadunidense y llevó al presidente Clinton a incorporar el delito de "crímenes de odio" en el Código Penal, aún cuando la definición es de uso recurrente, las leyes latinoamericanas todavía no la tipifican.
En diciembre de 2004 en  Perú, entra en vigencia la Ley 28237 (Código de Procedimientos Constitucionales) ­promulgada el 31 de mayo- que permite presentar amparos por actos discriminatorios basados en la orientación sexual, de esta manera, Perú se convierte en el cuarto país de América Latina que cuenta con esta protección a nivel nacional, después de Ecuador (Constitución), Uruguay (Código Penal) y México (Ley Federal). En Chile en el 2000 se aprobó la Ley de Derechos Sexuales y Reproductivos, Ley que establece medidas en contra de la discriminación.
          La Constitución colombiana de 1991 incluye una serie de provisiones que son de especial interés respecto a los derechos de la comunidad LGTB en el país, como el derecho a la igualdad, el principio constitucional del pluralismo y el derecho al libre desarrollo de la personalidad. En el año 2000, el Congreso estableció en el Código Penal una norma que agravaba la pena cuando se verificase que un delito había sido motivado por la orientación sexual de la víctima. En la actualidad, esta norma no está vigente.
          En El Salvador En 2010 se ha promulgado un decreto que prohíbe la discriminación por razón de orientación sexual. En Argentina, legislación contra la discriminación por orientación sexual rige sólo en Buenos Aires y Rosario desde 1996. La legislación en Costa Rica prohíbe la homofobia y la discriminación por razones de orientación sexual, además bajo el último gobierno de Óscar Arias se creó la figura del Día contra la Homofobia. En Honduras, varias organizaciones de derechos humanos han denunciado que la persecución a activistas LGTB aumentó desde el golpe de Estado acaecido en 2009. En septiembre de 2010, el asesinato de un testigo que debía declarar por el ataque a una travesti reavivó las preocupaciones en ese sentido.

Despenalización de la homosexualidad
La lucha contra la despenalización de la homosexualidad, marca un capítulo especial en la lucha latinoamericana. En Colombia, Ecuador, Chile, Nicaragua, Puerto Rico, Panamá y Jamaica ser homosexual implicaba la posibilidad de cárcel, de ésta manera, la despenalización de la homosexualidad se convirtió en una prioridad. Cartas a los jefes de estado; Congresos; Tribunales y Organismos Internacionales, marchas, movilizaciones y sobre todo el seguimiento a proyectos de ley cuyo objetivo era la derogación de dichas penalizaciones. En Colombia desde que entró en vigor el Decreto 100 de 1980, incurrir en actos homosexuales ya no está prohibido por la ley. El 25 de noviembre de 1997, el Tribunal Constitucional ecuatoriano declaró inconstitucional por unanimidad el inciso 1 del artículo 516 del código penal que sancionaba las relaciones homosexuales entre adultos. La declaratoria de anticonstitucional se produjo como resultado de más de diez años de lucha de la comunidad gay ecuatoriana e internacional.
La despenalización del artículo 365 también implicó una lucha del movimiento homosexual chileno de aproximadamente siete años, mismo que se logró en diciembre de 1998. En Chile, en los albores de la República, la práctica sodomítica fue penalizada con la muerte. Luego por ser considerada una pena excesiva, se le aplicarían 10 años de prisión y 100 azotes públicos. La legislación a la que se alude, se convertiría en el artículo 365 que penalizó con cárcel hasta 1998 las prácticas sodomíticas consentidas entre dos varones. La sociedad civil exigió la derogación del artículo, sin embargo, sólo logró su modificación. En la actualidad en dicho artículo se expresa la diferencia en la edad de consentimiento de la práctica sexual entre heterosexualidad y homosexualidad; menor y mayor edad, respectivamente y ya no se omite a lesbianas. La ley de Estados Antisociales de 1954, penalizó las conductas antisociales. Dichas conductas consideraban la homosexualidad. A partir de este artículo se gestó la represión de lesbianas, homosexuales y trans. Estos dos últimos, podían ser enviados a campos de concentración y a desarrollar trabajos forzados. Este artículo sólo fue derogado en el año 1994. Todavía existen leyes que rigen sobre la moral y las buenas costumbres (373-374 del Código penal), que afectan a lesbianas, transexuales, gays, bisexuales, intersexuales, en tanto, se basan en la transgresión del principio de separación entre derecho y moral, por lo que son penalizadas conductas que no dañan bienes jurídicos, si no que intervienen la moralidad mayoritaria vigente. En este sentido se revela, que sin existir penalización específica de la homosexualidad, se penaliza a la población LTTTGBI en base a interpretaciones que jueces hacen de la ley, específicamente de estos artículos.

El nuevo siglo auguró mayores conquistas. El movimiento LGTB portorriqueño que había venido librando una larga batalla por la despenalización del artículo 103[9], celebró la declaración de inconstitucionalidad que el Tribunal Supremo de Estados Unidos, a raíz del caso “Lawrence vs. State of Texas”,[10] otorgó a cualquier ley que convierte en delito la práctica de la sodomía consensual entre dos adultos; lo que a su vez también puso en entredicho la habilidad del Estado de clasificar como delito lo que ocurre en la cama entre dos adultos de manera consentida y obligó al menos a 13 estados a eliminar de sus respectivos códigos penales; delitos sobre la sodomía y el sexo oral entre adultos del mismo sexo. Considerado como “estado libre asociado”, Puerto Rico resultó beneficiado por dicha sentencia en junio de 2003.
          El 13 de noviembre del 2007 la Asamblea Nacional nicaragüense aprobó el nuevo código penal, que reemplaza al anterior de 104 años de edad. En 1992 el gobierno de Violeta Chamorro aprobó el artículo 204 con el que penalizaba "ser", ”practicar" o "divulgar" la sodomía con sanciones que iban entre tres y cinco años de cárcel. El nuevo Código Penal que entró en vigencia en mayo de 2008, si bien elimina de su texto el "delito" de sodomía, no ha sido de completo beneplácito de la disidencia sexual en particular ni la sociedad civil en general porque ratifica la penalización del aborto terapéutico (con penas de uno a tres años de prisión a los médicos y mujeres que interrumpan un embarazo por razones médicas) y reduce las condenas por lavado de dinero.
          En Panamá, la agrupación Asociación Hombres y Mujeres Nuevas de Panamá (AHMNP), elaboró en el año 2005 una propuesta titulada No discriminación por razón de orientación sexual e identidad, con el cual se busca penalizar los actos de discriminación y crímenes de odio que se comenten contra la población GLBT; a la vez que se busca derogar el decreto ministerial número 149 del 20 de mayo de 1949, el cual penaliza la práctica de la sodomía con pena de 3 meses a 1 año de cárcel y multa de 50 a 500 dólares y también se busca la derogación del decreto ejecutivo 204 del 3 de septiembre de 1997 que impide que homosexuales y lesbianas formen parte del cuerpo de seguridad de Panamá (Policía Nacional, etc.). Luego de una serie de protestas en las que denunciaban discriminación, el Ejecutivo decidió reformar por vía de Decreto Ejecutivo una norma contenida en el Código Sanitario (el numeral c, artículo 12 del decreto 149 de 20 de mayo de 1949) que penalizaba la sodomía, como se conocía a las relaciones sexuales entre hombres en 1973. Mediante el Decreto Nº332, el presidente, Martín Torrijos, y la ministra de Salud, Rosario Turner, acogieron las quejas de la Asociación de Hombres Nuevos de Panamá, en el sentido de que esa norma promovía la discriminación. Ser homosexual ha sido delito y se ha considerado enfermedad mental hasta 2008.
          En Cuba, durante los años 1960, la homosexualidad fue condenada y los homosexuales arbitrariamente perseguidos y sancionados a "reeducación" en instalaciones similares a campos de trabajo. El Gobierno Revolucionario pidió perdón por su actitud y políticas represivas hacia los homosexuales que fueron a los campamentos de "reeducación". En algún momento hasta se tuvo la idea excluyente de que estas personas, por su orientación sexual, no eran ciudadanos cubanos. La película Fresa y chocolate, que mostraba la realidad de la homofobia en ese país, generó tanto rechazo como curiosidad entre el público cubano, e impulsó el debate público sobre la homosexualidad y ayudó a cambiar algo las actitudes, en una época en la que el régimen se volvió algo menos represivo. Durante una entrevista al diario mexicano La Jornada en 2010, Fidel Castro admitió la persecución de los homosexuales en la isla durante las primeras décadas de la revolución, asumiendo su responsabilidad por estos actos. En la actualidad no hay leyes que penalicen directamente la homosexualidad y se ha instaurado una cierta tolerancia. En la Conferencia sobre la Mujer, en Pekín (1995), la delegación cubana fue la única delegación de América Latina en defender todas las referencias contra la discriminación por orientación sexual. El Centro Nacional para la Educación Sexual CENSEX, dirigido por Mariela Castro Espín,[11] busca el respeto entre los ciudadanos hacia las diferentes orientaciones sexuales. Sin embargo, al igual que la Federación de Mujeres cubanas (FMC), ésta es una institución gubernamental que inhibe iniciativas autónomas.
          En la República Dominicana, existen leyes que prohíben difundir vídeos musicales en cualquier canal de televisión local que estén relacionados con la homosexualidad y la bisexualidad.
          En los países que son o fueron colonias europeas, las leyes varían. La homosexualidad en Belice, se convirtió en delito de nuevo en 2003. Además se prohíbe la entrada al país de homosexuales y prostitutas, bajo el artículo 26 ii (d) del Acta de inmigración de 1958. La homosexualidad es legal en Surinam, Bahamas y algunas de las pequeñas Antillas (Santa Lucía, San Cristóbal y Nevis,) pero la homofobia es también persistente debido a la influencia de la cultura latinoamericana y problemas socioeconómicos, políticos, religiosos.
          En países como Barbados y Guyana, la pena puede ser de cadena perpetua, Trinidad y Tobago hasta 25 años de prisión; Belice, Dominica, Granada, San Vicente y las Granadinas y Jamaica hasta 10 años; y éste último además con trabajos forzados, y Dominica la alternativa podría ser un hospital psicológico. En el caso de los territorios pertenecientes al Reino Unido como las islas Caimanes y Monserrat, cada uno tiene sus propias leyes, aunque la homosexualidad es legal y no está penalizada. Como son colonias, casi no comparten leyes con la metrópoli, no aplican leyes como la unión civil y como nueva posibilidad por verse el matrimonio entre personas del mismo sexo, debido en algunos casos por sus situaciones sociales. El único territorio británico que si reconoce la unión civil son las Islas Malvinas.

Derechos sociales
          La lucha por los derechos sociales ha tenido una lenta expresión, sin embargo son importantes los logros al respecto:
          En Costa Rica el Instituto Nacional del Seguro aprobó la inscripción de parejas del mismo sexo como beneficiarias/os de una póliza de seguro de vida y de seguro médico, además de la posibilidad de solicitar conjuntamente préstamos para la vivienda de instituciones estatales. Brasil consiguió importantes beneficios, como el dictamen del Instituto Nacional del Seguro Social para el pago de pensión a los viudos gays y a las viudas lesbianas y el reconocimiento del Consejo Nacional de Inmigración de la existencia de una unión permanente homosexual con una ciudadana brasileña o ciudadano brasileño como motivo suficiente para otorgar la residencia permanente a extranjeras/os, reconoce también como válidas en el país las uniones formalizadas en el extranjero. El Instituto Nacional del Seguro Social en el estado de Bahía confirmó que la inscripción en el Libro de Registro de Unión Estable entre Homosexuales (instituido por el Grupo Gay de Bahía) se considera como documento válido para acceder a los beneficios que él otorga. En Porto Alegre, Rio Grande do Sul, el alcalde reglamentó la validez del vínculo de pareja homosexual para acceder al derecho de pensión, en el caso de empleadas/os municipales.
          Desde el 5 de mayo del 2011, con la comprobación de la "convivencia" "continúa", y "duradera" las parejas homosexuales pueden solicitar beneficios como el seguro de salud compartido, la herencia o pensión del compañero o compañera en caso de separación o muerte, y la declaración conjunta del impuesto de renta.
          Asimismo los homosexuales pueden establecer uniones con o sin comunión de bienes y adquieren derechos simples, pero cuya ausencia resultaba muy engorrosa, como poder cuidar a su pareja en un hospital o autorizar un tratamiento médico para ella.
          En Colombia en 2001, la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia reconoció el derecho de visita íntima de una pareja del mismo sexo a su compañero preso. Más tarde, en 2003, la Corte Constitucional hizo extensivo éste derecho a todas las parejas del mismo sexo. El 7 de febrero del 2007 en la Corte Constitucional, después de que varios senadores cristianos intentaran sabotearla, se aprobó el proyecto de ley sobre el reconocimiento de los derechos patrimoniales a las parejas del mismo sexo, con el que se beneficia a  la pareja viuda con dos años de convivencia, con la herencia de los bienes y el capital conseguidos por socorro, trabajo y ayuda mutua, tal y como ocurre con las parejas heterosexuales. El 4 de octubre del 2007 la Corte Constitucional de Colombia aprobó la afiliación de las parejas del mismo sexo al sistema de seguridad social  con sólo presentar una declaración notarial de unión marital de hecho de mínimo dos años. A partir del último fallo de la Corte del 17 de abril del 2008, las parejas lesbianas y gays en unión marital de hecho, pueden acceder a la pensión del sobreviviente, tal como sucede con las parejas heterosexuales, la pareja debe haber convivido de manera permanente, singular e ininterrumpidamente, durante cinco años antes de la muerte del pensionado. Si la persona que pasa a ser beneficiaria tiene más de 30 años de edad, la pensión será vitalicia, si tiene menos de esta edad, la recibirá por 20 años. El 28 de enero de 2009 la Corte Constitucional de Colombia, modificó 42 normas incluidas en aproximadamente 20 leyes, con el fin de lograr una equidad entre parejas heterosexuales y homosexuales, excepto en el asunto de la adopción. Sin embargo, la adopción en Colombia puede hacerse por un solo individuo, independientemente de su condición sexual. Entre las modificaciones están las referidas a las indemnizaciones de la Ley de Justicia y Paz, en materia de víctimas y el amparo en los delitos de desaparición forzada y genocidio. La nacionalidad de las parejas que vivan con un extranjero durante más de dos años. La pensión de supervivencia y la condición de beneficiario en salud del Sistema de Salud de las Fuerzas Militares. El beneficio del seguro de vida y del SOAT (Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito), a la muerte de la pareja, entre otras.
          En Bogotá, la comunidad LGBT logró que la ciudad cuente con la Dirección de Diversidad Sexual, dependencia que coordina la política pública en la ciudad para este sector y el Consejo Consultivo LGBT, órgano que el Alcalde Mayor consulta para tomar las decisiones que atañen a este sector en la ciudad.
          En Paraguay en el 2010  a iniciativa de una organización LGTB local se aceptó el ingreso de homosexuales a la Policía Nacional.
          En febrero del 2014, tras cuatro años desde el aval a los matrimonios del mismo sexo en el Distrito Federal, el Instituto Mexicano del Seguro Social otorgó el derecho de afiliación a los matrimonios formados por personas del mismo sexo, tras la sentencia de Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el 29 de enero del 2014, en el que interpreta la Ley del Seguro Social como la protección también a dichos matrimonios, lo cual respeta el principio propersona, establecido en la Constitución. El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSTE), que ofrece seguridad social al 5% de la población, siguió la recomendación en mayo de 2013.

Leyes de Uniones Civiles
El reconocimiento a las parejas del mismo sexo en la región ha sido lenta. Gran número de países han presentado proyectos de ley para el reconocimiento de derechos civiles básicos como sucesión legítima, tutela, alimentos y/o titularidad arrendataria, sin embargo,  la Iglesia Católica se ha constituido en un poder fáctico regulador del papel del Estado. Con argumentos estrictamente morales se ha impedido no digamos el derecho a la igualdad de condiciones ciudadanas como el matrimonio, sino, el simple reconocimiento de efectos civiles producto de la convivencia.
En el caso de Brasil, el Proyecto de Ley de Unión Civil entre Personas del Mismo Sexo presentado en 1995 por una diputada federal del PT, ha servido durante mucho tiempo como intercambio de favores entre los parlamentarios. Fue hasta el 5 de mayo del 2011 que los jueces del máximo tribunal aprueban por unanimidad "la unión civil estable homoafectiva", con la que se equiparan los derechos de los homosexuales con los de los heterosexuales, pero sin concederles el derecho al matrimonio. La ley no excluye la adopción, que ya podían realizarla como solteros. Pero este punto se mantiene ambiguo y sujeto a recursos judiciales de cada pareja. Con la comprobación de "convivencia" "continúa", y "duradera" las parejas homosexuales pueden solicitar beneficios como el seguro de salud compartido, la herencia o pensión del compañero o compañera en caso de separación o muerte, y la declaración conjunta del impuesto de renta. Asimismo pueden establecer uniones con o sin comunión de bienes y adquieren derechos simples, pero cuya ausencia resultaba muy engorrosa, como poder cuidar a su pareja en un hospital o autorizar un tratamiento médico para ella.
          En el 2000 la diputada Enoé Uranga propuso en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el proyecto de ley de Sociedad de Convivencia con el que se buscaba el derecho de las parejas del mismo sexo a unirse legalmente. Sin embargo el gobierno de la ciudad, entonces encabezado por Andrés Manuel López Obrador (PRD) por temor a la iglesia y a bajar su popularidad, obstaculizó su discusión. La propuesta fue congelada y fue hasta el 9 de noviembre del 2006 con el apoyo del partido político de la Alternativa Social Demócrata que se aprobó. La ley aprobada reconoce a las y los convivientes, de diferente o del mismo sexo, derechos alimentarios, sucesorios y de tutela. Posteriormente el 11 enero 2007  el congreso del Estado de Coahuila, reconoció la unión de personas del mismo sexo llamándolo Pacto Civil de Solidaridad. El 4 de julio de 2013, el Congreso del estado de Colima reforma el artículo 147 de la Constitución Política local para permitir la figura jurídica del Enlace Conyugal, el que otorga a las parejas del mismo sexo, los mismos derechos y garantías civiles y sociales que tienen las parejas heterosexuales unidas en matrimonio. Posteriormente, el día 31 de octubre de 2013, el Congreso local del estado de Jalisco  aprueba la Ley de Libre Convivencia, con la que, oficializándose las parejas del mismo sexo, ante un notario y no en el registro civil, obtienen iguales derechos que un matrimonio: derechos como la herencia, la sucesión de bienes, el reclamo de pensiones, y la seguridad social. El 20 de diciembre de 2013 el Congreso del estado de Campeche, aprueba la Ley de Sociedades Civiles de Convivencia que permitirá a las parejas del mismo sexo inscribir sus uniones en el Registro Público de la Propiedad y del Comercio.
          En Argentina, la legislatura de Buenos Aires, pese a la oposición de la iglesia, aprobó en mayo del 2003, por primera vez en América Latina, el reglamento de la Ley de Uniones Civiles, que permite la legalización de las parejas, independientemente de su sexo. La ley le otorga a las parejas de homosexuales el derecho de legalizar su unión, siempre que demuestren que tienen al menos dos años de convivencia y no estén casados. Otra de las condiciones que impone esta ley es que uno de los contrayentes debe ser residente capitalino por al menos dos años. Los deberes y derechos de las parejas que formalicen su unión mediante esta ley serán los mismos que los de los casados, excepto porque no podrán heredar ni adoptar hijos. El proceso de aprobación de esta ley demoró dos años durante los cuales no faltó la polémica. Como reacción, varias provincias argentinas presentaron ya proyectos de Ley de Unión Civil. Asimismo, en 2005 la provincia de Río Negro, en 2007 Villa Carlos PazProvincia de Córdoba y en 2009 Río CuartoProvincia de Córdoba, también aprobaron leyes similares.
          En Colombia desde el 7 de febrero de 2007, las uniones civiles del mismo sexo comparten derechos con las uniones heterosexuales, tras el  fallo de la Corte Constitucional que otorga varios derechos a las parejas del mismo sexo, entre ellos los derechos patrimoniales, además permite inscribirse en una relación conocida como "unión libre" después de haber convivido mínimo dos años juntos.
El 28 de enero de 2009 la Corte Constitucional colombiana produce la Sentencia C-029/09, un fallo que afecta la jurisprudencia sobre los derechos civiles de las parejas del mismo sexo, en el Código Civil, Penal y Disciplinario, y que tiene efecto en el Régimen Especial de Salud de las Fuerzas Militares. El Alto Tribunal decidió incluir a las parejas del mismo sexo dentro del concepto de "compañero permanente"; por lo que estas parejas se ven cubiertas por diferentes derechos en materia civil, penal, política, migratoria, social y económica, que les permitirán estar en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales que vivan en unión libre.
          En Uruguay se buscó regularizar jurídicamente la unión civil de las parejas del mismo sexo desde 2005 en que jóvenes uruguayos pidieron que se aprobara en vez de la unión civil, directamente el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel nacional. La ley uruguaya, aprobada en 2007, entró en vigor en 2008. Uruguay se ha convertido, así, en el segundo país de Sudamérica, después de Colombia, en legalizar la unión civil de parejas homosexuales. La normativa legalizada ante el consejo de ministros garantiza derechos y obligaciones para las parejas heterosexuales y homosexuales que convivan más de cinco años sin interrupciones, tales como la asistencia recíproca, creación de sociedad de bienes, derechos sucesorios, cobro de pensiones por fallecimiento y otras disposiciones vinculadas a la seguridad social. La iniciativa contempla la apertura de un registro donde podrán inscribirse parejas de cualquier género para así recibir el amparo de derechos similares a los que devienen del matrimonio entre heterosexuales.
          En Ecuador se reconoce la Unión Civil desde el año 2008. El artículo 68 de  la nueva constitución aprobó que las uniones de hecho entre dos personas, sin especificar su género, tienen los mismos derechos y obligaciones que el matrimonio, lo que equivale a otorgar derechos y obligaciones a las parejas homosexuales que convivan en unión monogámica por más de dos años. Sin embargo existe la prohibición expresa en el Art. 67 de la Constitución de poder contraer matrimonio y adoptar.
          En el departamento francés de la Guayana Francesa la unión civil es legal de acuerdo a la legislación del país, donde se protegen todos los derechos de las personas con esta orientación sexual. Como en Francia es posible legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, esto también se aplica en sus territorios del continente.
          En Chile, en enero de 2015 la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley de uniones civiles, abierto a parejas del mismo y de distinto sexo, que reconoce una parte importante de los derechos de los que disfrutan las parejas casadas, sean en materia patrimonial, de seguridad social, de herencia o de reconocimiento del estado civil y que contempla también la posibilidad de mantener la custodia de los hijos biológicos de la pareja en caso de fallecimiento.
            En Costa Rica, con el apoyo de ciertos sectores políticos y sociales, pero con la oposición férrea de la Iglesia Católica y algunas evangélicas marginales, actualmente se discute en la Asamblea Legislativa el tema de las Sociedades de Convivencia para parejas del mismo sexo. La Defensoría de los Habitantes está a favor de la medida y ha hecho un trabajo de fuerte presión a favor del tema. El proyecto fue rechazado en comisión en junio del 2012 durante el período 2010-2014 . Con el cambio de gobierno y la elección de nuevos diputados para el período 2014-2018  el proyecto se remitió a revisión y el dictamen negativo no fue visto en plenario.
          La Asamblea Legislativa de Puerto Rico considera dentro del estudio de reforma del Código Civil el reconocimiento de la unión civil de parejas del mismo sexo, lo que les concedería la mayoría de los derechos matrimoniales. Sin embargo, coaliciones de grupos fundamentalistas y la Iglesia Católica han anunciado una intensa campaña en contra de la medida. La Corte Constitucional rechazó en septiembre del 2010 que se convoque un referéndum sobre las uniones civiles que impulsaba precisamente la Iglesia católica para hacer una demostración de fuerza. Existe un proyecto para regular las uniones gays desde 2008, congelado en el Parlamento, y los círculos tradicionalistas defienden blindar la Constitución para que nunca exista el matrimonio homosexual.
          En Perú en 2003 se rechazó un proyecto de ley en favor de las uniones homosexuales, recientemente, en marzo del 2015 el Parlamento peruano volvió a rechazar el proyecto de ley de Unión Civil, tras un claro mensaje de la iglesia católica con el que promovía el odio a los homosexuales.
Si bien gran parte de la comunidad defendió en su momento la legalización de la convivencia, la prensa y la sociedad interpretó la demanda como “matrimonio gay” debido principalmente a la ofensiva de la Iglesia Católica y los sectores de derecha, quienes en una clara intención de confundir y sabotear dichos proyectos, hablaron de matrimonio y adopción, aun cuando el contenido de los mismos no incluía tales figuras. Aún cuando la sociedad de convivencia plantea un típico caso de discriminación positiva porque mantendría un estado inferior y anticonstitucional para las parejas del mismo sexo, la lucha por esta demanda para la corriente de la igualdad, es sobre todo contra la desigualdad porque con la legalización del matrimonio afirman se adquiere protección mutua y la calidad de ciudadanía. Para la región, implicaría un cambio profundo en el marco cultural ya que gran parte de la población ve a la homosexualidad como un crimen y los activistas de la  igualdad apuestan a que los cambios culturales son más fáciles desde los cambios legales. Sin embargo para otras corrientes, la Unión Civil, representa una alternativa de protección a los derechos patrimoniales y sociales, sin reforzar a la institución matrimonial, ya que consideran es fundamentalmente heteropatriarcal, de control social y que únicamente refuerza los poderes del estado sobre las libertades individuales y colectivas de las personas.

La lucha por el matrimonio entre personas del mismo sexo
En México, el 21 de diciembre de 2009 fue aprobada por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México el cambio de la definición de matrimonio, por lo que quedó permitido de manera legal el matrimonio entre homosexuales y la adopción de hijos entre estos. Este hecho es histórico debido a que la Ciudad de México es la primera ciudad en el país en aprobar el matrimonio y adopción a los homosexuales, y con ello México se convierte en el primer país en América Latina en aprobar legislación al respecto. En el mes de noviembre de 2010, la Cámara de diputados Federal, aprobó las reformas para que los matrimonios del mismo sexo, las sociedades de convivencia y los concubinatos del mismo sexo puedan compartir la seguridad social.
          La iniciativa incluye reformas a seis artículos del código civil, en especial el 138 a fin de que se defina el matrimonio como "La unión libre de dos personas” y al artículo 391, referido a la adopción, de la que podrán disponer las parejas del mismo sexo.
          Los gobiernos de los estados de Baja California, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Sonora y Tlaxcala —gobernados por el PAN— promovieron una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia para no reconocer los matrimonios homosexuales realizados en el Distrito Federal. La Suprema Corte resolvió que las demandas de dichos estados eran «notoriamente improcedentes» y que los demás estados de la República mexicana están obligados a reconocer la validez de los casamientos entre personas del mismo sexo que se realicen en el Distrito Federal.
          En Quintana Roo, el 28 de noviembre del 2011, se realizaron los dos primeros enlaces homosexuales en la entidad federativa, esto por un vacío legal en el que el Código Civil del Estado de Quintana Roo, en el cual establece como requisito la celebración matrimonial "entre personas". Después de una batalla legal, el 5 de junio, se agotó el tiempo legal para impugnar su enlace matrimonial, dando posibilidad a que más parejas homosexuales aprovechen este vacío legal, que no puede ser corregido para prohibir los matrimonios homosexuales, ya que la  específica que ningún mexicano puede ser objeto de discriminación por su orientación sexual.
          El 15 de junio del 2015, la Coste suprema de Justicia, declaró inconstitucional los Códigos Civiles que establezcan los matrimonios únicamente entre un hombre y una mujer. Lo que obliga a las modificaciones de la mayoría de Códigos Civiles del país y la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel nacional.

Matrimonios por juicio de amparo
Algunas parejas mexicanas han optado por acceder al matrimonio mediante juicio de amparo. En estos casos se argumenta que ha habido discriminación por parte de las autoridades del Registro Civil en los estados donde radican. Las resoluciones han sido favorables puesto que en México la discriminación por cualquier causa está tipificada como delito en los códigos civiles de cada entidad federativa. Hasta 2013, por esta vía han podido acceder al matrimonio dos parejas en el estado de Oaxaca, una en Colima, una en Yucatán. En Jalisco se realizó el primer matrimonio igualitario entre dos mujeres obtenido bajo juicio de amparo el 8 de diciembre de 2013 y están pendientes 10 demandas más de parejas jaliscienses que interpusieron juicios de amparo el 21 de marzo de 2014. En Guanajuato también se ganó la demanda bajo juicio de amparo para una pareja de mujeres y están pendientes varias demandas más.
          En Argentina, el 5 de mayo de 2010, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley modificatorio del Código Civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Argentina, se convirtió en el primer país de Latinoamérica y el décimo en el mundo, en tener una legislación sobre matrimonio entre personas del mismo sexo en condiciones de igualdad, incluso en la adopción, en todo su territorio nacional. Antes de su aprobación, se difundió una nota del cardenal primado Jorge Bergoglio, actual papa Francisco de la Iglesia católica, en que calificaba el avance legislativo del proyecto como «una “movida” del Diablo» y en la que alentaba a acompañar «esta guerra de Dios» contra la posibilidad de que los homosexuales pudieran casarse. La presidenta Cristina Fernández, desde Pekín, criticó esos dichos respondiendo "son cosas que remiten a tiempos de la Inquisición". También la Iglesia intentó promover sin éxito la realización de un plebiscito al respecto. La senadora del Peronismo FederalLiliana Negre de Alonso consensuó un nuevo proyecto —que finalmente fue desechado— que hubiera prohibido que las parejas de homosexuales adopten hijos o se realicen inseminaciones artificiales (que ya se hacían y se hacen) y también les impediría casarse, creando una institución diferenciada, llamada "unión civil", que además de discriminar en la denominación, negaba la mayoría de los derechos que garantiza el casamiento. Argentina es el único país que garantiza el matrimonio igualitario independientemente de la nacionalidad y condición de residencia.
          En Uruguay el 12 de diciembre del 2012, la cámara de representantes de Uruguay aprobó por amplia mayoría el proyecto de ley que habilita a que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio. Dicho proyecto fue aprobado con modificaciones en la cámara de senadores en 2013, y reenviado para ratificar las modificaciones en cámara de diputados nuevamente, en donde fue aprobado por amplia mayoría. Uruguay se convirtió así en el segundo país de Latinoamérica en permitir el matrimonio igualitario.
          En Brasil, el 14 de mayo de 2013 el Consejo Nacional de Justicia (CNJ) de Brasil aprobó el casamiento entre personas del mismo sexo en todo el territorio brasileño. Los registros civiles de Brasil estarán obligados a convertir la unión estable entre dos personas del mismo sexo, legal desde 2011 en el país, en un casamiento si así es solicitado y no podrán negarse a casar a parejas de homosexuales. Obliga a los registros civiles de todo el país a adoptar un único criterio y registrar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Hasta ese momento el matrimonio igualitario estaba vigente en 13 de los 26 estados brasileños más el Distrito federal. Con esta decisión Brasil pasa a ser el tercer país latinoamericano en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, tras sus vecinos Argentina y Uruguay. El 1 de enero de 2012, en el estado de Alagoas, el gobierno local emitió una orden que permitía tramitar ante notario las peticiones de matrimonio a las parejas homosexuales, sin necesidad de una resolución judicial. 
          En Colombia, el 22 de julio de 2013, el consejo de estado falló a favor del matrimonio igualitario. El 24 de julio de 2013, se celebró el primer matrimonio entre parejas del mismo sexo, el cual fue impugnado por la Procuraduría General de la Nación y Organizaciones de carácter religioso, impugnaciones denegadas por parte de los tribunales al considerar que no utilizaron los argumentos ni las herramientas que la constitución ofrece para dicha solicitud. Situación que complejiza la figura del matrimonio entre personas del mismo sexo. A pesar de las leyes que regulan de manera directa la unión de parejas homosexuales, una vez que cumplan dos años de convivencia y registren la misma ante Notario; como resultado de numerosas sentencias de la Corte Constitucional, actualmente se encuentra vigente un mandato según el cual “las parejas del mismo sexo podrán acudir ante notario o juez competente a formalizar y solemnizar su vínculo contractual”. Las interpretaciones sobre la naturaleza de este contrato son diversas y aún no han sido clarificadas por el congreso o por ninguna alta corte, esto no ha evitado que se otorguen permisos para la celebración de matrimonios entre parejas del mismo sexo en el país. Las uniones de hecho tienen pocas diferencias con un matrimonio como tal y permite a las parejas vinculadas a través de ellas, acceder a los mismos derechos que un matrimonio.
En Venezuela, en el 2007, el Tribunal Supremo de Justicia decidió que si bien las parejas homosexuales tenían todos los derechos, tanto civiles y políticos, como económicos, sociales y culturales, la constitución no les reconocía protección especial equiparable al matrimonio o concubinato entre un hombre y una mujer, considerando que no se les puede privar de los derechos económicos y sociales, ya que hacerlo sería considerado discriminatorio y un trato de inequidad ante la ley. Sin embargo, continúa la decisión, es la asamblea nacional la que “puede” emitir legislación que reconozca y proteja estos derechos en parejas homosexuales. El 22 de marzo de 2009, la diputada Romelia Matute presentó la propuesta de la Ley Orgánica para la Equidad e Igualdad de Género, la cual establece las asociaciones de convivencia constituidas entre dos personas del mismo sexo. En octubre del 2012, por primera vez en Venezuela, se inicia una campaña a favor del matrimonio civil igualitario a través de las redes sociales bajo el nombre de Exprésate a favor. El 31 de enero de 2014 estando el presidente Maduro, la Asociación Civil Venezuela Igualitaria, consignaron ante la Asamblea Nacional un proyecto de reforma parcial del Código Civil venezolano, soportado por más de 20 mil firmas, que contempla la extensión de ejercer el derecho humano al matrimonio a las parejas del mismo sexo. Éste incorporó la novedad no prevista en otros proyectos análogos en América Latina, de incluir principios y garantías contra la discriminación homofóbica. Los diputados de la Asamblea Nacional que recibieron el proyecto aseguraron el compromiso con la lucha contra todas las formas de discriminación, incluida la orientación sexual y expresión de género pero que la discusión no la aseguraban para 2014, pues ello es decisión de la junta directiva de la Asamblea Nacional. La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) emitió una nota en su sitio web, en respuesta a esta iniciativa, cuestionando el proyecto ya que la categoría sacramental del matrimonio corresponde a hombre y mujer. El 29 de enero de 2015 la organización Venezuela Igualitaria introdujo un recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia solicitando la nulidad parcial del artículo 44 del código civil venezolano que establece que "el matrimonio no puede contraerse sino entre un solo hombre y una sola mujer", alegando que dicho artículo es discriminatorio y contradice los principios de igualdad y no discriminación establecidos en la Constitución y afirmados por la Sala Constitucional en 2008.

Organización y control social desde las relaciones neonucleares
Efectivamente, la demanda del sector de la disidencia sexual al Estado por el reconocimiento de derechos y las garantías de protección ante la exclusión y la homofobia, asegura a miles de personas la propia existencia y a otras una vida más digna que el Estado está en la obligación de otorgar. Sin embargo, la construcción del sujeto en interlocución con el Estado no es una propuesta homogénea en el movimiento de la disidencia sexual, ni en el movimiento feminista, ni lésbico, ni en la propia izquierda. Una parte tal vez no mayoritaria pero importante, desde una crítica a la institucionalización, funcionalización, y pérdida de ética de una parte del movimiento y a la interlocución con el Estado como única forma de actuancia, ha generado conocimiento disidente desde la acción por medio de propuestas teóricas, artísticas, de intervención, encuentros, etc. Esta corriente es crítica a las reivindicaciones de la igualdad ya que considera que no han propuesto nuevos valores y refuerza al régimen heteropatriarcal blanco y occidentalizado. En tal sentido, uno de los principales cuestionamientos está dirigido al matrimonio debido a que éste es una institución de control y estratificación social para subordinar a las mujeres a una feminiedad construida desde la masculinidad, que reproduce un modelo de relación heterosexual, binario, estratificado para la disciplina y que ha devenido en crisis incluso para los heterosexuales, en tanto, reclamarla es un contrasentido.
A pesar de la diversidad de familias existentes, la mundialización neoliberal tiende a imponer el ideal de la familia “neonuclear”, en algunos casos recompuesta alrededor de personas del mismo sexo. La pareja estable aparece como principal garantía de una estabilidad mínima, reforzada por nuevas leyes y lógicas económicas más duras. De esta manera las mujeres “solas” quedan excluidas del reconocimiento social/legal y castigadas por sistemas impositivos (impuestos), en muchas ocasiones su movilidad también está restringida con nuevas leyes migratorias. Este sistema restrictivo orilla al reconocimiento de las mujeres condicionada a la presencia de una pareja.[12]
La pregunta que plantea Jules Falquet ¿Tenemos que aceptar que el Estado nos obligue a entrar a uniones duraderas y monogámicas? ¿Qué pasa si no queremos “casarnos”? ¿si nadie se quiere “casar” con nosotras?
Hasta que punto somos conquistadas por las lógicas económicas y aceptamos la pareja porque es más fácil dividir los gastos entre dos, se puede gozar del seguro social, compartir la renta, etc., es posible que la lógica económica sea más atractiva que el modelo de pareja en si. En tal sentido, la familia “neonuclear basada en la pareja monogámica más que una necesidad material, es sublimada como ideal y aceptada como norma e imposición.
El matrimonio, es una institución blanca,  burguesa y heterosexual, porque reproduce un modelo eurocentrado, aspira mantener, traspasar la propiedad y la clase social a los descendientes. Y la reproducción biológica es uno de sus principales fines. La organización nuclear no es la única ni mayoritaria forma de producir sociedad, ni ejercer parentesco.
          El planteamiento del matrimonio homosexual como única vía para la obtención de derechos en un contexto neoliberal aparece no solamente manipulador, sino fundamentalista. Los derechos son constitutivos del sujeto, por el hecho de nacer, no de pertenecer a las instituciones, por lo que la obtención de los mismos no depende de la consagración de ningún contrato civil, militar o religioso, de tal manera que el ejercicio de los derechos, no puede estar condicionado a ninguna institución. La calidad de sujetos de derechos no puede condicionar la adhesión a una de las instituciones más cuestionadas de la sociedad heterosexual.
          El reclamo del matrimonio gay por parte de amplios sectores de la disidencia sexual, seducidos fundamentalmente por el relato mítico de la estabilidad que la ideología del amor romántico otorga, no es ajena a los intereses del sistema económico neoliberal. Para el mercado neoliberal, se cumple un doble objetivo, contar con una población consumidora de ofertas comerciales como viajes, cruceros, hoteles, baños, restaurantes, discotecas, tratamientos de reproducción asistida, adopciones, subrogación de vientres, metrosexualidad y hasta ciudades gay friendly. El otro objetivo es ejercer control ideológico desde la institución matrimonial.
          Gargallo nos dice, en la actualidad, la mayoría de los estados han atraído el reconocimiento del matrimonio como una de sus atribuciones y lo consideran un instrumento para definir y controlar los comportamientos de los miembros de sus sociedades. La pareja casada se convierte así en una unidad económica, receptora de créditos, una garantía de estabilidad que se traduce en ofrecimiento de prestaciones laborales, sociales y bancarias.[13] Si bien el principal objetivo del matrimonio ha sido el de la reproducción social y biológica, el matrimonio laico puede utilizar la pareja gay o lésbica “casada” de la misma forma en que utiliza el matrimonio heterosexual para ordenar a la sociedad en la obediencia a las instituciones emanadas del sujeto masculino en su relación con la producción capitalista.[14]
En una sociedad donde la existencia de una mujer es reconocida por una presencia masculina que le da valor, es importante reflexionar sobre el “valor” de las “mujeres solas” en referencia a la ola de feminicidios en México y Centroamérica, las que no tienen hijos, ni marido, ni dueños, ni patrones, las que nada valen y que nadie reclama por ellas, advierte Chuy Tinoco. Hay que analizar cómo se afina el sistema de exterminio gradual de las mujeres. La persecución de las mujeres “solas” hace que no quede otra que mantenerse en la monogamia, en la pertenencia, en la propiedad y lista de bienes privados. De otra forma, la moral actúa con la derecha para señalarnos y deshacerse de nosotras.[15]
Globalmente, en el campo ideológico, asistimos a un verdadero triunfo de la pareja heterosexual y su esencialización, en el marco del “triunfo de la masculinidad”. Lo simbólico de la pareja monogámica y heterosexual ha trascendido a los modelos de la llamada “diversidad”. Falquet encuentra tres problemas básicos en la exclusividad de la pareja: 1) la división del trabajo: el desequilibrio de la repartición del trabajo doméstico y el problema producto de la socialización femenina para recibir dinero o bienes materiales en el marco de una relación sexual. 2) El “encierro de a dos” consecuencia de la exclusividad sexual y afectiva que tiende a reducir la vida social política y laboral, donde los celos juegan un papel central para mantener a las mujeres, incluso lesbianas en la casa; y 3)La violencia doméstica como resultado de desigualdades de poder, el encierro de a dos y los celos, ante la falta de espacios sociales, “guardarla” aunque sea por la fuerza puede volverse una necesidad vital, sumado a ello la hostilidad lesbofóbica de la sociedad, impide que se denuncie.
En su propuesta de “ampliar el marco de la pareja” retoma las propuestas de Alejandra Kollontai de multiplicar las relaciones sexuales y amorosas permite construir redes sociales y políticas que dan fuerza a proyectos alternativos, así en vez de una sociedad compuesta de islotes de parejas encerradas sobre sí y a menudo opuestos entre ellos por intereses egoístas divergentes, podríamos soñar con un entramado social que permita poner en común nuestros recursos materiales, afectivos y sexuales. La propuesta de Monique Wittig al evocar la comunidad imaginaria inspirada en las comunidades de ex-esclavas auto liberadas, organizadas fuera del sistema de plantaciones, plantea la mejor solución para las lesbianas prófugas del sistema heteropatriarcal, no agrupándose de a dos en dos, sino en la mayor cantidad posible.
La conyugalidad como modelo de pareja es conservadora y poco compatible con la participación en las luchas colectivas de transformación social. Entonces queda claro que  hay que redefinir el amor y para ello, volvemos a la pregunta inicial, ¿necesitaremos la autorización del Estado para redefinir ámbitos de la emocionalidad y el aprendizaje cotidiano e histórico? para Yan María Castro, hay que sacar al amor  del ámbito individual y personalizado y ligarlo a un sentimiento colectivo de justicia social, analizar el sistema patriarcal, el papel del estado y sus leyes, el sistema capitalista y la división internacional del trabajo.[16]
Las experiencias comunitarias si bien no han sido masivas ni estables ni permanentes, han expresado formas de resistencia a la monopólica organización conyugal y su existencia ha estado al margen de la autorización estatal. Con todas las limitaciones que implica la marginalidad, sigue siendo una posible alternativa a la consolidación de una única estructura social neoconservadora que refuerza estructuras económicas de un sistema no precisamente liberal. Como lesbianas feministas deberíamos procurar la eliminación de la conyugalidad como posibilidad de parentesco humano.

La diferencia y la autonomía
El Feminismo de la Diferencia desde los años 70, basándose fundamentalmente en el rescate de los llamados “valores femeninos”, planteó la búsqueda de una “identidad” propia de la mujer que marcaría su diferencia con respecto al hombre. La diferencia es un principio existencial que concierne a los modos de ser humano, la peculiaridad de las experiencias, fines, y posibilidades de cada quién (Lonzi, 1981). La teoría de la diferencia sexual plantea que el sistema de géneros como relación jerárquica, ata a las mujeres a los hombres, impidiendo que su deseo de saber y de devenir sujetos corporizados, exprese su diferencia con el pensamiento masculino dominante. En la historia, el uso peyorativo de todo lo femenino y feminizado es estructuralmente necesario para el funcionamiento del sistema patriarcal y que, por lo tanto, reivindicar el valor fundamental de la diferencia femenina es la forma más profunda de lograr la deconstrucción del orden que se erige a sí mismo como modelo único a seguir.[17]
Esta corriente ha planteado que el repudio a los cánones patriarcales no debía servir como base para dialogar con el mundo de los opresores ni para reclamarles algo, sino para reflexionar sobre la acción de la disidencia, reconocer la diferencia como el derecho que no impone la desigualdad y en ese sentido el derecho a la disidencia como posicionamiento político no sólo respecto la heterosexualidad, también a una organización social basada en el control. Sin embargo, encontrarse fuera del reconocimiento del control reproductivo, no ha implicado escapar a otras formas de control social. La invisibilidad no implica inexistencia, sino, consideración infra-humana basada en la diferencia.                 
El feminismo de la diferencia establecía como principio que la experiencia de vivir en cuerpo sexuado femenino es distinta de la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado masculino.[18] Alessandra Bochetti afirma que el conocimiento de si, visto como afirmación, plantea otra forma de hacer política desde las mujeres. Las mujeres somos diferentes, con intereses y posturas distintas, y es necesario para construir política, estar expresadas y explicitar dichas diferencias.[19]
La necesidad de explicitar las diferencias en el Abya Yala fue planteada por un grupo de feministas que luego se asumirían como autónomas. Las mujeres somos diferentes, con intereses y posturas distintas. Las políticas que hacemos no son complementarias y no convergen hacia un mismo fin. La representatividad del feminismo nos ha invisibilizado y negado nuestra existencia, detrás de los posicionamientos hay intereses económicos, institucionales y de poder, diferencias que tocan límites intransitables.[20] Es precisamente en el VI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC) en 1993 en el Salvador, donde se evidencian estas diferencias insalvables entre feministas que se autodenominarán autónomas y las feministas a la que las anteriores denominarán institucionales.
          Si bien las primeras expresiones de la autonomía en la actuancia feminista se remiten a la relación con los partidos políticos, el financiamiento y las organizaciones políticas masculinas.[21] Villaverde plantea que los primeros posicionamientos sobre la autonomía feminista se expresaron en los primeros EFLACs, en su referencia al Estado, a los partidos políticos y otras organizaciones, la autogestión frente a los financiamientos.[22] Urania Ungo encuentra dos corrientes de pensamiento antagónicas: filosóficas y políticas que expresan dos visiones del mundo. Unas centran sus valores en el deseo de estar en el Estado y pretender desde esos lugares de poder hacer política, mientras que las “utópicas” buscan la construcción de valores.
          La autonomía en América Latina a decir de Falquet es accidentada y polémica, no se trata de una corriente de pensamiento unificada, su elaboración es dispersa, poco visible y poco documentada, numéricamente minoritaria, compuesta por grupos a menudo informales y efímeros, así como por activistas individuales, han sido a menudo demonizadas por otras tendencias que veían su hegemonía ideológica y sus prácticas políticas amenazadas por la apertura de debates. Los aportes más significativos de esta corriente para la citada autora es el cuestionamiento de la doxa hegemónica, principalmente en lo que concierne a la cooperación al desarrollo y al concepto de género.[23]
          Miriam Botassi, feminista brasileña, en ese VI EFLAC expresó una crítica a la intervención de la AID como agencia financiera para América Latina en el proceso a Beijing,[24] lo que generó un posicionamiento de un grupo de feministas (autodenominadas Las Cómplices) mexicanas y chilenas frente a un feminismo que, consideraban, se estaba transformando en un movimiento continental de organismos no gubernamentales para la demanda de leyes, para alcanzar la igualdad, sin cuestionar la política económica mundial posterior a la caída del muro de Berlín en 1989, ni la procedencia de los fondos que utilizan las ONG. El repudio a los cánones patriarcales no debía servir para dialogar con el mundo de los hombres ni para reclamarles algo, sino para reflexionar sobre la acción feminista, reconocer la diferencia entre mujeres como el derecho a la diferencia y que no impone la desigualdad. En el marco de la preparación de la Conferencia de Beijing (1995), organizada por la ONU, el Manifiesto de las Cómplices era una declaración de deslindamiento, una primera posición contra lo que cinco años después vendría a llamarse globalización. Esta declaración de las también denominadas “las autónomas” atrajo a las lesbianas autónomas porque coincidían en la política de la diferencia sexual y el rechazo al uso de la categoría de género, que siempre remite a las mujeres a una relación con los hombres; y también atrajo, a otras corrientes feministas anarquistas.[25] Estas primeras voces disidentes Las Cómplices, chilenas y mejicanas, Las Próximas, exguerrilleras centroamericanas y refugiadas-exiladas en México, Mujeres Creando, una corriente anarquista de orígenes indígenas y mestizos, de Bolivia, entre otras voces reclamaron la apertura de un debate sobre las estrategias del movimiento. Las Cómplices organizaron en dicho encuentro un taller para presentar su libro colectivo Feminismos cómplices. Gestos para una cultura tendenciosamente diferente, una respuesta a los profundos cambios políticos provocados por el fracaso del socialismo soviético. Francesca Gargallo en su texto titulado "La urgencia de una utopía", propone buscar soluciones de recambio a partir de un feminismo claramente antirracista. Para Margarita Pisano, se está presenciando la victoria del patriarcado, planteamientos que profundiza en su libro El triunfo de la masculinidad, publicado en 2001.[26]
          En el siguiente EFLAC, el VII, en Chile en 1997, organizado desde la autonomía por las Cómplices, la división del movimiento feminista en al menos estas dos corrientes, queda expresa, así como el cuestionamiento de las autónomas a las institucionales en el uso indiscriminado de financiamientos que cooptan las agendas y funcionalizan el movimiento para que el estado de cosas no cambie. Se denunció la oenigeización del movimiento, el activismo dentro de las reglas de las financieras, al feminismo blanco, heterosexual, racista y lesbofóbico. Indígenas y afrodescendientes tomaron la palabra y se enunciaba un feminismo disidente. En dicho encuentro aparece la primera declaración del Feminismo Autónomo reafirmando la “Permanencia voluntaria en la utopía”:
          “Nuestro feminismo no es sumarse o integrarse a las relaciones sociales de desigualdad y de poder que otros han definido. No es hacer una lista de demandas sino el proceso crítico de repensar el mundo, la realidad y la cultura.
La legitimidad de nuestro movimiento no se construye respondiendo a la legitimidad del sistema, sino en la práctica social. Nuestra legitimidad se da en los hechos no en el reconocimiento jurídico por parte del Estado. Es imprescindible definir los límites éticos de los recursos y de las instancias y métodos para obtenerlos. No queremos seguir avalando las políticas de financiamientos que deconstruyen nuestros ejercicios de democracia, de pensamiento y nos entronizan en los caminos del sistema, instalándose en todo espacio que intenta ser rebelde.
Nos negamos a negociar con las instituciones supranacionales y nacionales que provocan el hambre y la miseria, instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, etc.”[27] En dicho encuentro, acordaron también iniciar con los encuentros autónomos.

I Encuentro Autónomo Latinoamericano, Sorata, Bolivia
En 1998 el grupo feminista anarquista autónomo Mujeres Creando de Bolivia organizó el primer Encuentro Feminista Autónomo Latinoamericano y del Caribe en Sorata, Bolivia, con tres ejes de discusión: autonomía, movimiento feminista y las propuestas.[28] En dicho encuentro, las autónomas intentan definir la Autonomía, las distintas miradas legitimando o deslegitimando las autorías de dicha propuesta, produjo una ruptura. Las Clorindas, grupo autónomo que se crea en Sorata, en respuesta a Pisano, plantean que la autonomía es un principio ético, no espacial, donde para entrar, deben pasar por la legitimación de quienes ya están.[29] Para las Cómplices, no se puede hablar de movimiento, sino de corrientes políticas dentro de un mismo movimiento, cuestionan la presencia de María Mies, autora de “Ecofeminismo: Teoría, Crítica y Perspectivas”, no por su calidad no latinoamericana, sino porque según ellas el ecofeminismo no era parte de los ejes de discusión del encuentro.[30]
          En este encuentro, advierte Paredes, se presentaron las diferencias/heterogeneidades entre autónomas y los caudillismos. Paradójicamente y a pesar de las críticas que las feministas autónomas hacían a las jerarquías y la representación, la lógica de la caudilla, la teórica, la única transgresora, se hizo igualmente presente entre las feministas autónomas y surgían así desde nuestra visión, institucionalizadoras, las que marcaban el camino políticamente correcto, la jefa, la elegida y su séquito. La idea de un movimiento feminista autónomo quedaba en la intención.[31]
          Para Falquet el conflicto radicaba en el cuestionamiento que hacía una parte del Encuentro respecto si la autonomía es una "tendencia", con fundadoras y orientaciones más legítimas que otras, o un "movimiento abierto a toda clase de aportes y de alianzas, un conflicto por el que las Cómplices y las Próximas abandonan estrepitosamente el lugar.[32] En el boletín del siguiente Encuentro, la ekipa hace un recuento del proceso de la autonomía y sobre Sorata dan cuenta de las diferencias de perspectivas del feminismo autónomo en su relación con la teoría y práctica. Para unas es una corriente de pensamiento con una construcción histórica que sustenta una práctica, otras lo vemos como un espacio social, político y práctico, donde visibilizamos nuestra acción y propuestas partiendo de lo personal. El último día se desató “una tormenta” que venía de antes del encuentro, a partir de eso once mujeres abandonan la plenaria el último día y las que quedan se dividen en tres grupos de trabajo: salud y empleo, arte y cultura y economía y globalización.[33]
          Bedregal y sobre todo Pisano se mostrarán desde entonces muy críticas de las otras autónomas, ya que para ellas se trata sobre todo de volverse mujeres pensantes capaces de imaginar “otra civilización”, y no de recaer en “identidades fragmentadas”. Falquet afirma que a partir de entonces, las autónomas no conseguirán jamás reconstruir su unidad.[34] Si bien la unidad es difícil concebirla fuera de espacios disciplinarios como partidos políticos, en el contexto del feminismo autónomo es difícil plantear jerarquías en las concepciones teóricas y en la primacía temporal de permanencia, ya que justamente, esta debe ser voluntaria.
          Posteriormente tanto Pisano con otras forman el Movimiento de Mujeres feministas Autónomo (MOMUFA), el que luego se denominará Movimiento de mujeres Rebelde del Afuera.
          A comienzos de la década del 2000 las instituciones internacionales reformulan su discurso acerca del género alrededor de la lucha contra la pobreza y, al agotarse buena parte de los financiamientos, muchas “institucionales” retoman algunos discursos de las autónomas, reclamándose "radicalidad". Por otro lado, algunas de las autónomas se ven afectadas profesional y políticamente por la hostilidad de muchos grupos dominantes y agencias financieras, pero sin mucha visibilidad, la mayoría prosigue su compromiso a escala local, varias por ejemplo retoman las luchas populares, antiracistas y/o lésbica-feministas. Esta articulación sexo, raza, clase, neocolonialidad y neoliberalismo se torna importante y es a partir de los encuentros lésbicos que muchas autónomas reconfiguran la corriente de la autonomía.
          En 2001 Mujeres Creando se suma a la movilización de Deudora una organización de más de 15.000 endeudados que habían sido víctimas de engaño, usura y extorsión por parte de las instituciones financieras y de organizaciones no gubernamentales (ONG) que otorgan microcréditos con tasas de interés superiores al 70%, haciéndoles firmar contratos que no entendían. Los y las deudoras exigían la condonación total de la deuda. Si bien la lucha no tuvo éxito directo, Mujeres Creando publicaron en 2009 un libro muy documentado contra el microcrédito, La pobreza, un gran negocio, de Graciela Toro, ex ministra de Desarrollo y de Planificación del gobierno Morales.


II Encuentro Autónomo Latinoamericano, Uruguay
Un II Encuentro Autónomo Latinoamericano se realizó en noviembre de 2001 en Santa Lucía del Este, en Uruguay, organizado por el grupo Teindiras (hermanas en guaraní) con el apoyo de Mujeres Creando, con los ejes de discusión: Autonomía, Movimiento Social, Patriarcado e Identidad, definiendo la autonomía como “principio relacional ético”, al que fueron aproximadamente 20 feministas y en el que no se pudo plantear nueva sede.[35]



LA AUTONOMÍA DESDE EL ACTIVISMO LÉSBICO
          La institucionalización del feminismo lésbico también ha sido un conflicto vivido por las lesbianas feministas organizadas, las falsas representatividades, el tráfico de influencias, el apeonamiento ante el estado, etc. por lo que en diversos países fueron principalmente las lesbianas quienes iniciaron los cuestionamientos a los procesos de institucionalización del movimiento feminista y también del lésbico. Diversos grupos lésbicos feministas con una conciencia autonómica, algunas que fueron parte y otras sin adherirse a las corrientes hasta entonces analizadas, venían activando en distintos países de la región desde finales del siglo pasado. Es en el contexto de los Encuentros Lésbicos latinoamericanos que el activismo lésbico-feminista da sentido a esta una nueva perspectiva autónoma.
          Los Encuentros Lésbicos Latinoamericanos nacen en ruptura, justamente por la injerencia de las agencias internacionales de cooperación, y en ese contexto, algunos grupos mexicanos abren la crítica a los efectos que se empiezan a sentir en la organización de un movimiento naciente.[36] Los seis primeros Encuentros, estuvieron dedicados a la construcción de una perspectiva regional lésbico-feminista y también a la resistencia de la injerencia institucional. Las lesbianas feministas autónomas abrieron el debate, cuando el protagonismo pretendía representatividad, cuando las agencias financieras, el Estado, la lógica empresarial o partidaria aparecía dentro. Al tiempo que defendieron la autodeterminación cuando las agencias financieras tributaban las agendas.[37]
          El VII ELFLAC en Chile, tuvo una clara y abierta organización autónoma, con escaso presupuesto, sin la presencia del Estado, ni partidos políticos. Fue posible elaborar destrezas que han reforzado la visibilidad lésbica en la Región, como celebrar marchas lésbicas al final de cada Encuentro Lésbico, el 13 de Octubre, el Día de la Visibilidad Lésbica y organizar previos los ELFLAC Escuelas de formación Lésbico-Feministas. El VIII en Guatemala en 2010, fue defendido por las autónomas del intento de ser desaparecido por la Cooperación Internacional y los dos últimos, el IX y el X organizado desde la autonomía y con una clara perspectiva decolonial.[38]
          En distintos países estos grupos lésbicos han vivido la experiencia de ser autónomas de las autónomas justamente por la invalidación de las históricas, porque no pidieron autorización para la autodenominación y autodeterminación.

EFA, México
          En 2009, a raíz de la organización del XI Encuentro (hetero)Feminista en México, con un presupuesto de centenas de miles de dólares, nuevamente desde la perspectiva de los grandes hoteles, en un país sumergido en una crisis económica sin precedentes, con un eje de discusión, impuesto por agencias financieras, los “fundamentalismos”, en un momento en que la violencia y los feminicidios urgían acciones concretas del feminismo del Abya Yala, con el apoyo abierto de distintas instancias del Estado y las políticas públicas de género; un pequeño grupo de autónomas, la mayoría coordinadas desde las experiencias de los encuentro lésbicos, algunas que habían sido parte de la corriente autónoma precedente, otras desde distintas experiencias autonómicas, deciden organizar un Encuentro Feminista Autónomo previo al XI Feminista. Con 2000 dólares, conseguido de fondos de mujeres, en el local del sindicato de maestros, de manera autogestionada, haciéndose todas cargo de la limpieza y el acondicionamiento del lugar; alojadas de manera solidaria en casas de compañeras, críticas a las jerarquías y apropiaciones del concepto autonomía, se reunieron cerca de 200 feministas autónomas con los ejes: Nuestra historia, nuestra actuancia y ¿hacia dónde vamos?, discutieron la forma en que se está construyendo el feminismo autónomo aquí y ahora. Producto de dicha discusión sacan una Declaración: “El desafío de hacer comunidad en la casa de las diferencias” donde se define al feminismo autónomo como una propuesta ética, política y de transformación del mundo desde las mujeres para nosotras y la humanidad y anunció los peligros del nuevo pacto entre una parte importante del feminismo con la cooperación internacional, el sistema de Naciones Unidas, el Estado y sus instituciones.[39] Una intervención en la inauguración del Encuentro feminista institucional en el que con los dorsos desnudos pintados por letras que decían Autonomía, se leyó un pronunciamiento que causó revuelo y la adhesión de muchas feministas.

ELCAP, Colombia
          En Noviembre de 2011, poco antes del XII EFLAC en Bogotá, Colombia, se llevó a cabo el Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Acciones y Prácticas Feministas (ELCAP Feminista), organizado por algunos colectivos feministas y feministas independientes. Si bien el ELCAP no tuvo una adscripción autónoma, ni exclusivamente lésbica, las razones que convocan a dicho encuentro, coinciden con las críticas autonómicas hacia los EFLAC, el elevado costo de la inscripción, la poca apertura en su planeación, el manejo de los recursos, las lógicas de la financiación externa y el debilitamiento de las energías emancipatorias del movimiento que ésta supone; y un buen número de las organizadoras son lesbianas. El interés fue vincular a las mujeres y procesos emancipatorios con afinidades feministas. El Encuentro convocó a feministas independientes y a colectivas feministas que quisieron compartir sus saberes, prácticas y su ánimo organizativo para construir acciones conjuntas. El ELCAP estuvo abierto a trans con perspectiva feminista y a personas que apuesten a desgenerizarse. Con una metodología centrada en mesas de trabajo colectivo y talleres de aprendizaje, según los intereses de las y los participantes. Las mesas de trabajo sobre educación popular, poliamor, prácticas afectivas libertarias y transformadoras, lesbofeminismo, la cama como espacio político, prácticas sexuales y corporales feministas y libertarias, toallas higiénicas reutilizables, pociones ‘mágicas’ y curación, aborto y derechos reproductivos fueron compartidas por más de 400 asistentes al evento.[40]

EFA, Brasil 
          En 2012 en Porto Alegre, Brasil, se realizó el último Encuentro Feminista Autónomo (EFA), con los ejes de discusión: 1: Recuperando y reconociendo, desde nuestras historias de construcción, la autonomía feminista en América Latina y el Caribe; 2: La autonomía feminista y su relación con otras propuestas críticas y contrahegemónicas en el contexto regional; 3: El pensar-hacer de nuestras apuestas-propuestas “otras”. De la misma manera cómo se había organizado el EFA en México, esta vez también se intentó elaborar colectivamente desde la red virtual, una propuesta metodológica, sin embargo a decir de Marian Pessah y Taís Itacaramby, no logró sintonizar ni sincronizar. La distancia física evidenció otras distancias. Taís, hace una profunda crítica a la falta de responsabilidad compartida y creatividad en la construcción de la autonomía, apunta, “hemos fallado enormemente como comisión, por no tejerla bien entre las varias voces dentro de la misma comisión y no comunicarla antes del encuentro, tampoco quedó nítida que era una propuesta abierta siempre sujeta a cambios. Es muy cómodo estar con todo programado. La autogestión exige más que quejarnos, tenemos que aprender a vivir en el caos y en la precariedad, para vivir los encuentros potencialmente más horizontales, con responsabilidades mejor distribuidas y, con la autonomía llevada a sus últimas consecuencias, las microscópicas. La construcción de las autonomías, más que el discurso, implica construir formas horizontales de comunicación desde nuestras cuerpas y almas, lo que implica cuestionar privilegios entre nosotras, es decir, tomar conciencia de lo que materialmente nos distancia; pero también, encontrar maneras creativas y amorosas de llegar a acuerdos, consensos mínimos y tomas de decisión realmente colectivas, que pasen por reconocer a todas y cada una de nosotras como interlocutoras legítimas, sin tantos espejos como condición de afinidad. La práctica como condición del saber!” [41]
          El Encuentro también estuvo atravesado por la discusión en torno la presencia de trans y hombres, discusiones que de nueva cuenta ocuparon más tiempo del que las asistentes consideraron necesario, aunque las conclusiones fueron en favor de la presencia Trans, no así de hombres.
          A decir de Ochy Curiel, prevaleció la necesidad de la autonomía del cuerpo y la sexualidad desde la satisfacción personal, que cuestionaba el sujeto del feminismo en torno a la propuesta de desestructurar las lógicas binarias del sexo/género, pero sin atravesar la clase, la raza, la etnia, con los contextos, desde donde se pregunta ¿Hasta dónde esta propuesta descoloniza nuestra práctica política colectiva autónoma? Reflexión a la que Villaverde responde que la autonomía ya había comenzado a institucionalizarse, funcionalizándose tras las reglas de la lógica queer posmoderna, donde predomina el individualismo del cuerpo centrado en la idea de que todo es válido con el falso juego de la inclusión igualitaria.[42] Si bien el encuentro estuvo atravesado de nueva cuenta por la discusión del ingreso de trans y hombres, el punto central del conflicto, considero fue similar al de Sorata, la falta de humildad en la construcción colectiva de referentes no jerarquizados, donde el conocimiento aparece como trampa institucionalizante.
          Del EFA de porto Alegre es importante rescatar algunas experiencias, como la realización de un taller para el trabajo del enojo, que aportó a revaluar la responsabilidad de cada una en las relaciones que construimos, haciendo conciencia cómo imputamos a la otra, nuestras dificultades y necesidades. El objetivo era conectar con el odio hacia “la otra” en una situación concreta y transformarlo. Se propuso trabajarlo más a fondo, pero no hubo acuerdo por falta de tiempo, porque la “prioridad” no habita nuestras cuerpas en colectiva, apunta Taís. En los procesos de construcción autonómicos en contextos neoliberales y del heteropatriarcado capitalista, el poder se expresa en el control del cuerpo y el mandato de la obediencia a través de  la feminidad. La diferenciación entre lo macro y micro ha servido para deslegitimar los proyectos políticos-corporales de las mujeres y lesbianas a lo largo de la historia y las represalias cotidianas en nuestros cuerpos es una manera de percibir cómo esa diferencia es ilusoria: la desobediencia cotidiana, en sus diversas formas que cuestionen el poder patriarcal impuesto a las mujeres, provocan disturbios en la estructura macro, de lo contrario no habría tanta represión directa.[43]
          Sobre la imposibilidad de elegir una siguiente sede, Pessah afirma que “nos vimos atravesadas por la ruptura de la corriente. Quienes llevamos un tiempo en la autonomía feminista pudimos sentir la pena, el dolor, el quiebre. También la emoción de tantas compañeras nuevas contando que el encuentro superaba sus expectativas. Entonces, nuevamente la pregunta ¿qué tipo de encuentro queremos hacer, con quiénes,  y cómo, para que quien esté llegando se sienta recibida y para quien hace tiempo que está en la construcción, no tenga que volver siempre al nivel del comienzo?”,[44] una reflexión que evidencia un movimiento que no ha sido capaz de revaluar el valor de la experiencia como espacio de conocimiento y que el conocimiento mismo se convierte en estructura de poder.
          Es importante hacer también referencia a la experiencia de algunos grupos o corrientes lésbicas autónomas en la región del Abya Yala por la riqueza y creatividad de su acción política, los aquí expuestos, claro está, no son los únicos, son sólo una muestra de las dimensiones que la actuancia lésbica feminista autónoma abarca en la región y la influencia que imprimieron en distintos sectores.

Mujeres Creando, Bolivia
          Mujeres Creando inicia en 1992 como un colectivo feminista autónomo de carácter anarquista y anti-institucional que adjudicaba al feminismo una fuerza colectiva para reinventar el mundo sin opresores. El sujeto de su acción no era “la mujer” como sujeto abstracto, sino el diverso y complejo universo que conforman las mujeres en cada espacio social, incluyendo sus diversidades sociales nacidas de la racialización de los pueblos americanos durante la colonia. Fundó el primer centro cultural en La Paz en 1993; el café La Carcajada con el que pretendían generar los fondos para su funcionamiento y se abrió a todo público. Desde ahí se lanzó a la conquista de las calles como escenario de su vida política, afectiva y de comunicación. En 1995 inician el periódico Mujer Pública para reportar las acciones de un movimiento de mujeres múltiples con publicaciones de investigaciones y denuncias de los microcréditos, la situación de las migrantes en España y Argentina y la prostitución en La Paz, entre otros. Sus libros Sexo, placer y sexualidad, Machos, varones y maricones y Ninguna mujer nace para puta han removido las buenas conciencias bolivianas.[45]
          En 1998 Julieta Paredes y María Galindo, fundadoras del grupo, se separaron, aunque participarían juntas en el programa “Creando Mujeres” de la televisión boliviana en 2000. Sin embargo, Julieta empezaba a sentir que para ella el feminismo autónomo y anarquista ya no era suficiente, aspiraba participar en un movimiento político de transformación que viniera de los pueblos indígenas. En 2000 fueron invitadas a la Muestra de Arte Contemporáneo Latinoamericano de Vanguardia en el Museo Reyna Sofía de Madrid. A raíz de esa “megamuestra” las tensiones políticas a cerca de qué feminismo era necesario para una Bolivia en movimiento, explotaron y Mujeres Creando se dividió.[46]
          Por un lado María Galindo y parte del colectivo, da continuidad al proyecto Mujeres Creando, con la cooperativa "La Virgen de los Deseos" en La Paz y "Los Deseos de la Virgen" en Santa Cruz donde desarrollan actividades políticas y culturales, con servicio de hospedaje y alimentación. El 15 de agosto de 2002 la policía de La Paz detuvo con lujo de violencia a integrantes de Mujeres Creando en la filmación de una película educativa sobre la violencia contra las mujeres, provocando condena de organismos Internacionales de Derechos Humanos.
          Julieta Paredes y otra parte del colectivo dan continuidad al Centro Cultural La Carcajada y al colectivo Comunidad Mujeres Creando Comunidad que desde el 2003 impulsa la Asamblea Feminista, una coordinación de colectivos y feministas sueltas que surge a raíz de la insurrección boliviana por la recuperación de los recursos naturales. Comunidad Mujeres Creando Comunidad planteó entonces la urgencia de la despatriarcalización de la política de descolonización del presidente Evo Morales, con la propuesta del Feminismo Comunitario desde donde plantean descolonizar la memoria cuestionando conceptos occidentales como una historia universal incluso en el feminismo, descolonizar la temporalidad colonial donde no caben los pueblos indígenas. El Feminismo Comunitario discute para el Abya Yala la utilidad de conceptos como feminismo de la igualdad y la diferencia por tener ambos un análisis individualista y que ha dado lugar a la tecnocracia del género, institucionalizándolo, convirtiéndolo en políticas públicas (de Estados patriarcales) o en “estudios feministas” (de academias patriarcales y coloniales),[47] haciendo énfasis en la práctica comunitaria de nuestros pueblos. El feminismo comunitario es una propuesta revolucionaria desde las mujeres, que se une a las luchas y deseos de los pueblos y de la humanidad por lograr su liberación de estructuras de violencia, opresión, discriminación, explotación y muerte, de lo que llamamos: el patriarcado. Es una propuesta teórico-política, que nace de las prácticas sociales, del conocimiento útil.[48]
          Para el feminismo comunitario el Patriarcado es el sistema de todas las opresiones, todas las explotaciones, todas las violencias, y discriminaciones que vive, toda la humanidad (mujeres, hombres y personas intersexuales) y la naturaleza, históricamente construidas, sobre el cuerpo sexuado de las mujeres.[49] Concepto que discute al tradicional que planteaba únicamente la opresión de las mujeres, por lo que plantean que el feminismo no es sólo una lucha para las mujeres, lo es también para los pueblos y que nuestra liberación va a liberar a toda la humanidad y a la naturaleza. Esto es posible porque todas las formas de opresión, violencia y discriminación se inventaron, se aprenden, y se inician sobre nuestros cuerpos de mujeres.
          Uno de los mayores aportes del feminismo comunitario es el concepto del Entronque patriarcal como la potenciación del patriarcado original con el occidental a su llegada al territorio del Abya Yala, donde las alianzas y complicidades entre hombres invasores colonizadores y hombres indígenas originarios de nuestros pueblos, una articulación desigual entre hombres, pero cómplice contra las mujeres, confabula una nueva realidad patriarcal que es la que vivimos hasta hoy. Una traición de nuestros abuelos y hasta hoy de nuestros hermanos, se hacen cómplices del patriarcado y traicionan nuestras luchas como comunidades y como pueblos de los cuales somos la mitad. De allí que la descolonización contiene a la depatriarcalización o al revés, porque hablar de descolonización, significa cuestionar, entre otras cosas la heterosexualidad obligatoria, la violación a las mujeres como práctica machista, cuestionar la penalización del aborto, el matrimonio, la monogamia de las mujeres y la invisibilización de las lesbianas, en las comunidades y en el imaginario del proceso de cambio. La invasión colonial no sólo penetró territorios, también cuerpos de las mujeres y hombres, así el colonialismo interno, constituye uno de los mayores logros de la colonia, la internalización de los invasores en los cuerpos y ajayus, invasión que produce un blanqueamiento de nuestros cuerpos indígenas y nuestras formas de pensamiento.[50]

Las Likuadoras, México
Un grupo de feministas que había activado anteriormente como la colectiva Alí Somos Todas, en torno al asesinato de Alí Cuevas por su ex novio. Cuando se enteraron por las redes, del encarcelamiento de Yakiri Rubio, una joven sobreviviente de feminicidio que fue secuestrada, violada en el Hotel Alcazar, y acusada de homicidio por haberse defendido de su agresor, volteando el cuchillo que la iba a matar, decidieron dar apoyo a la joven y sus familiares en el proceso judicial que se le seguía actuando desde la sociedad civil como grupo de presión. El objetivo del grupo fue escrachar a los agresores y el sistema de justicia que lejos de sancionar los delitos cometidos contra la joven, la acusó, encarceló y protegió a los agresores configurando una organización patriarcal criminal. Su aparición pública fue en enero del 2014 en el desahogo de pruebas del juicio en contra de la Joven. Enmascaradas y con batucada, cantaban consignas dirigidas fundamentalmente hacia la reparación histórica. “Verga violadora, a la licuadora, a todo violador, cuchillo volador! Ante la violación, machete al cabrón! Despide a tu verga, violador de mierda!”,[51] ¡“Luis Omar, Luis Omar, cuida tu yugular”!,[52] “Ante la violencia machista: Autodefensa feminista”, Te va a volver. El desprecio que desplegaste. Te va a volver. Las agresiones que cometiste. Las pagarás. Las mujeres que violentaste. Responderán! Responderán!, entre muchas canciones y consignas que crearon.
Las Likuadoras difundieron un video[53] como respuesta a la sentencia del juez que declaraba a Yakiri culpable de homicidio con exceso de legítima defensa. Con creatividad y humor, un comando lésbico encapuchado advierte al sistema heteropatriarcal y de justicia que estará vigilante de sus acciones que atenten contra la dignidad y derechos de las mujeres, y actuarán en consecuencia, que puede ser visto en: http://www.youtube.com/watch?v=kx6jppPP4V8&app=desktop
          Una de sus acciones centrales fue la convocatoria a una marcha que seguiría la ruta del secuestro para terminar en el cierre del Hotel Alcazar, lugar donde la joven estuvo secuestrada, fue violada y pese a tener diversos otros antecedentes similares, sigue en funcionamiento. El escrache que está ampliamente detallado en el último artículo de este libro, configura una forma de reparación del daño a los actos feminicidas que comete impunemente el sistema patriarcal.
          Si bien la joven fue apoyada por distintos grupos feministas que conformaron el Comité de apoyo a Yakiri, Las Likuadores no fueron parte de dicho comité justamente por su posición antiinstitucional, el Comité tenía entre sus acciones, el lobby, reuniones con diputados, funcionarios, políticos, etc. Para las likuadoras, lo fundamental era su voz, la rabia de sus gritos, los contenidos de las consignas y la fuerza del escrache. La máscara un elemento importante abría la posibilidad de que cualquier mujer que se sintiera convocada pudiera unirse al escrache sin el miedo a represalias. Las acciones de Las Likuadoras dejaron en evidencia el nivel del crimen organizado para la trata de mujeres y feminicidio donde estaban involucrados el Hotel, la policía, los secuestradores, el sistema judicial con peritos, ministerios públicos, jueces, etc. ya que desaparecieron las pruebas de su violación y heridas corporales. Para ser acusada de crimen pasional, construyeron una historia ficticia en la que la joven, aunque era lesbiana, aparecía como novia de su agresor a quien supuestamente asesinó por celos.
          Un año después de salir bajo fianza pagando 32mil dólares, Yakiri fue invitada a formar parte de las candidaturas para diputada local por el Movimiento Ciudadano. Luego del anuncio de su candidatura, la joven fue exculpada del delito de homicidio en legítima defensa con exceso de violencia. Su consigna de campaña “Por las mujeres que se defienden; Por los hombres que las protegen”, fue cuestionado por los grupos autónomos y anarquistas que la apoyaron. Las Likuadoras, sacaron un pronunciamiento en el que declaran: Se protege a quienes se supone que no pueden defenderse por sus propios medios. En el caso de las mujeres, la supuesta indefensión ha significado un elemento de dominación fundamental. El sistema patriarcal perverso coloca los cuerpos de las mujeres en posiciones de vulnerabilidad y luego ofrece protección. La promesa de protección viene acompañada del control sobre la vida de las mujeres y significa el compromiso de sumisión. Rechazan la vía electoral porque no existe propuesta política partidista que apueste por una ruptura radical con el sistema político actual, condición necesaria para poder salir de esta crisis genocida permanente que persigue nuestras vidas, afirman.

LAS CHUEKAS, México
Nosotras las Chuekas, es la primera declaración de un grupo feminista, autónomo, anarquista dedicado a los medios independientes, en 2010, desde un espacio virtual semiabierto, anuncian compartir saberes, los que invitan usar, colectivizar, transformar sin defender la propiedad de autoría. Declaran estar cansadas, de estereotipos, de violencias, de agresiones, de risitas y silencios incómodos ante los reclamos. Hartas de un mundo masculino en el que se debe pelear con uñas y dientes para ganar el respeto. Dispuestas a romper con las estructuras de poder patriarcal, se declaran guerreras armadas con cámaras, grabadoras, palabras e imágenes, mujeres que trabajan por la liberación en el mundo real y el virtual, contra los venenosos monopolios informativos que intentan convencer que el capitalismo es el único sistema en el que podemos ser felices.
          Detractoras del feminismo igualitario institucional, afirman: “luchamos por un feminismo autónomo, no queremos ser igual que ellos, no queremos esa falsa equidad e igualdad. No nos sentimos mejor sabiendo que cada vez más mujeres ingresan a los campos de explotación llamados trabajos asalariados, ni queremos el control de la natalidad, ni el derecho al voto, ni mujeres dentro de los cuerpos represivos como ejército y policía. Porque una agresión machista es una agresión fascista, no toleraremos actitudes sexistas, homófobas, ni lesbófobas; insistiremos en el uso de un lenguaje no sexista”. Manifiestan su deseo de construir un feminismo autónomo, activo y participante que se enlace con otras luchas anticapitalistas, en contra del estado, libertarias de las personas, los animales, y la tierra.
          Las Chuecas, produjeron 61 programas de radio, al principio semanalmente desde Regeneración radio y después desde su página; dos Números de la revistas “La Hoguera”, y un fancine denominado “Sororidad Insumisa. Con todas las secuestradas por los estados”. Una publicación dedicada a las presas de conciencia.
          En su primera revista N° 0 “La hoguera”, editada en 2012, dedicada a la violencia machista, analiza el amor, la violencia doméstica, el acoso callejero, y da cuenta de acciones callejeras de diversas colectivas lésbico-feministas como “Al Puro racismo” una intervención en el metro del DF, en los paneles publicitarios de leche alpura por racistas y sexistas ya que difunden imágenes de mujeres madres, amas de casa, blancas, puras, sonrientes, dispuestas. La maja velluda: el vello es bello, una intervención publicitara con pegatinas de pelos sobre las axilas de las modelos de las vallas publicitarias de las paradas de buses, metro, quioscos, etc., para recrear y generar cuestionamiento en las representaciones normativas de la belleza y los cuidados de los cuerpos de las mujeres. Sin Honores a la bandera, Muerte a la patria, que Arda el patriarcado, jornadas de celebraciones antipatrióticas, antipatriarcales, anticapitalistas, en el marco del espectacular circo patriótico que celebra la hipócrita e inexistente independencia nacional. En los diferentes actos estuvo en cuestión la supremacía del hombre y sus “valores” autoritarios, de los cuales surgió la patria. Un recorrido mortuorio cargando la bandera de México que llevó como símbolo patrio un águila pegándole con un tolete a la serpiente, fue seguido por decenas de personas encapuchadas y con grilletes tricolor, marcharon dentro de las instalaciones de la UNAM, donde al final del recorrido quemaron la bandera y los grilletes patrios. Actividad que terminó con un acto político de discusión y reflexión sobre la patria, el patriarcado y el lugar de las mujeres en dichas instituciones.
          La revista La Hoguera N°1 editada en 2013, está dedicada a la cuerpa, una reivindicación como territorio geográfico, político, sagrado a defender con uñas y dientes, a sanar de sus heridas históricas del abuso sexual, emocional y físico; de acciones callejeras contra el feminicidio, de la politización del deseo y la estética corporal, del aborto, del maltrato animal.
          “Sororidad Insumisa. Con todas las secuestradas por los estados”. Un fancine que desde la búsqueda de sororidad por las mujeres secuestradas en cárceles por desobediencia al régimen heteropatriarcal, plantean que “todo acto de delinquir es desobediente y lxs cuerpos k se afirman en la acción crítica desobediente pasan a ser cuerpos delictivos, amenaza para el buen funcionamiento de la máquina social, y por ello merecedorxs de castigo”. Llaman a la acción como urgencia. “Enfrentar lo k diariamente nos castiga dentro y fuera, reconociendo k hay diferentes jaulas, concientizarnos y actuar boicoteando practicas k las avalen”.
          Presentan los casos de seis mujeres, presas de conciencia, activistas anarquistas, lesbianas, mujeres pobres o jóvenes, procesadas judicialmente con los valores del heteropatriarcado clasista y racista, tres de ellas condenadas a más de 21 años de encierro, en países latinoamericanos y el Estado Español, además del llamado a  la sororidad, proclaman GUERRA AL ESTADO Y SU SOCIEDAD HETEROPATRIARKAL CAPITALISTA! INSUMISIÓN!! SORORIDAD, CONSPIRACIÓN Y VENGANZA!!!”[54]
          Además de las Chuekas, y las Likuadoras en México, activan distintos grupos lésbicos autónomos como El Mal de Aguas Calientes, Lesbrujas de Chiapas, Las sucias, Lesboterroristas, Las lunas Lesbofeministas, Tierra Lésbika y Comando Colibrí[55] en el Distrito Federal.
          Con motivo del día en contra de la homofobia, un colectivo de organizaciones y lesbianas independientes realizaron el 17 de mayo del 2015 una Acción contra la lesbofobia que consistió en tomar el atrio de Bellas artes y pintar los cuerpos desnudos de seis lesbianas, quienes acompañadas de una batucada y un grupo de lesbianas, leyeron un pronunciamiento:
          La lesbofobia no se nombra ni tiene definición propia. Es una forma de disciplina para aquellas mujeres que deciden no ser tuteladas por un hombre, desde un régimen que concibe como “natural” sólo las prácticas heterosexuales. Nuestra apuesta es política porque nace del desacato; es peligrosa; porque luchamos por la deconstrucción del régimen heteropatriarcal, su misoginia, y el poder masculino. Nuestra apuesta política no busca dialogar con el Estado e instituciones ni insertarnos en este sistema sustentado por las opresiones múltiples de las mujeres y las lesbianas donde somos vistas como objetos sexuales, mercancías y botines de guerra. Queremos dinamitar este sistema y construir desde la autonomía y la horizontalidad, tejer vínculos entre nosotras basados en el reconocimiento y la complicidad; a esto le llamamos lesbofeminismo. Retomamos esta fecha porque nos indigna que las acciones a su alrededor se sigan tejiendo desde el discurso de las “preferencias sexuales”, naturalizando nuevamente el régimen heterosexual, sin evidenciar su componente sistémico, controlador y organizador de la vida. Denunciamos el sistema patriarcal capitalista heterosexual racista que nos empobrece, violenta y mata. No reclamamos migajas ni inclusión, luchamos para destruirlo y resistir fuera de él. Los discursos de la “igualdad y la tolerancia” buscan perpetuar un sistema de desigualdades basado en el reclamo de derechos coloniales y patriarcales, que no nos alcanzan para construir apuestas políticas revolucionarias.[56]
          A lo largo del territorio del Abya Yala, hay diversas experiencias autonómicas que es importante recuperar, de las que sólo menciono algunas: GLEFAS, un grupo académico de formación y producción teórica en varios países del Abya Yala, en Guatemala Lesbiradas y La Batucada Feminista contra la Violencia Sexual, Mulheres Rebeldes en porto Alegre, un espacio virtual autónomo, en Chile hay diversas experiencias: Las perlitas, Las Moiras, Las Mafaldas, en Perú Marita, en Colombia, La tremenda Revoltosa, en Argentina el grupo La Maleza, sólo por mencionar algunas.

El Afuera, Chile
El Afuera, una corriente que fuga de la autonomía, impulsada por Margarita Pisano, ahonda en el fracaso del feminismo y el triunfo de la masculinidad, nombre de su tercer libro. En éste hace hincapié en la noción de desprendimiento como cuestionamiento radical al sistema patriarcal, lo que conlleva al desapego de la feminidad patriarcal. Propone la posibilidad de salida del mundo de la masculinidad para potenciar las capacidades pensantes y actuantes de las mujeres para la buena vida de las mismas.
          En Mirar desde Afuera… y ver, Pisano plantea que “el sistema vigente funcionaliza los movimientos sociales, incluso el feminismo, según sus necesidades e intereses. En este contexto, repensar y rediseñar los movimientos sociales, implica poner en jaque nuestras concepciones tradicionales del hacer política y del lugar desde donde se piensa la sociedad. El Afuera rechaza la complicidad con el orden simbólico/valórico de la masculinidad-feminidad. Para mantener ideas y un proyecto cultural propios, profundizar las críticas, salir de la lógica de dominio e ir construyendo y experimentando una civilización distinta, es necesario transitar a un lugar de desprendimiento, AFUERA, de la masculinidad dominante y todas sus instituciones. El Movimiento Radical del Afuera (MRA) es un pensamiento político y filosófico, crítico y de cambio profundo. No responde a las temáticas que va planteando el ‘patriarcado’, sino por el contrario, responde a los propios objetivos y necesidades de cambio civilizatorio, sin guiarse por la lógica de las urgencias del sistema, que lo perpetua.
          Una se puede considerar Afuera, afirma Pisano, cuando se es capaz de cuestionar y revisar TODO, sin lugares sagrados e intocables. Cuando se tiene la libertad de cuestionar las religiones, sus dogmas y sus libros sagrados, la ciencia, la historia, la filosofía, los partidos políticos, los ritos y costumbres, la medicina, la moral, los amigos, la pareja, la familia, los Nietzche, Marx, Derrida, Foucault, etc., TODO”. Sin embargo, en esta controversia no queda suficientemente claro si en el cuestionamiento a las autoridades intelectuales, también se encuentra la autora de dicho texto.

Los Encuentros lésbicos, espacios de resistencia autonómica
          Los Encuentros lébico-feministas de América Latina y el Caribe (ELFLAC), hoy denominados del Abya Yala (ELFAY), surgieron de una necesidad autonómica de generar organización y discurso propio, fuera de los espacios heterofeministas, homosexuales o de la izquierda. Su proceso ha sido bastante accidentado debido fundamentalmente a la lesbofobia institucional en los diversos países, sea de parte del Estado, la iglesia, la academia, o la interferencia de la Cooperación Internacional. Con la presencia e intervención de  la Cooperación internacional en México en 1987, los encuentros nacen en ruptura, la falta de destreza en el manejo de recursos económicos,  en la defensa de la autonomía, en la valoración de solidaridad del “nosotras” y la identificación del enemigo en el adentro, antes que el afuera, la búsqueda de liderazgos, entre otras características, llevó a copiar automáticamente pensamientos nor-europeos, e iniciar la organización con un modelo de lesbiana activista desde la exclusión, para su momento, de extrema pureza. Un precedente que tampoco supimos entender en su momento.
          El II en Costa Rica en 1990 y el III Encuentro en Puerto Rico en 1992, estuvieron gravemente afectados por el ataque de la iglesia, sectores conservadores y el Estado, desde donde se promovió el odio. El miedo ganó terreno y para preservar la seguridad, ambos Encuentros se desarrollaron en condiciones de clandestinidad y paranoia.
          El IV en Argentina en 1995, inició el cuestionamiento a la institucionalización del feminismo y del lesbofeminismo, fundamentalmente las falsas representatividades y la política del lobby, que le da poder al Estado para controlar de mejor manera a las poblaciones disidentes. Aún fuera de la programación, estuvo presente la crítica a Bejín como política del feminismo, que lo distancia de las mujeres lesbianas en lo concreto y lo convierte en apéndice del Estado. Fue el primer Encuentro fuera del closet sin riesgo alguno.
          El V en Brasil en 1999 con la participación de funcionarias en la inauguración y el VI en México en 2004, organizado desde la concepción empresarial de los hoteles con altas cuotas de inscripción, peligraron institucionalizarse y convertirse en clasistas. A la sombra de algunos partidos políticos, el ingreso de las trans aparecía como una población de negociación electoral. Las lesbianas autónomas, críticas a la institucionalización del feminismo cuestionaron las relaciones con el Estado, las pretensiones electoreras, los puestos de poder y la lógica de pensamiento apeonados a intereses económicos patriarcales. Sin embargo es importante destacar la necesidad de introducir ejes temáticos de discusión. En el V aunque no estuviera programado, el racismo y en el VI el tema de la globalización fue parte de la programación.
          El VII en Chile en 2007, dio inicio a una nueva etapa. Concebido y organizado desde la autonomía asumió que el sexo, raza, clase, memoria histórica, cuerpo, entre otros conflictos que aquejan a la región son parte de la problemática lésbica. La visita a Villa Grimaldi, el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la dictadura de Pinochet, sacudió lo más profundo de nuestra conciencia histórica, muchas caímos en cuenta que los etnicidios en nuestros pueblos no han merecido atención porque seguimos considerando menos humanos a lxs indígenas y ese racismo, alimenta el patriarcado. Luego del Encuentro, aproximadamente trescientas lesbianas, marchamos, inaugurando la tradición de las marchas lésbicas posteriores a los Encuentros. Se acordó celebrar el 13 de octubre, el Día de las Rebeldías Lésbicas. Y  como estrategia política, realizar escuelas de formación lésbica feminista previas a los ELFLAC para afirmar las discusiones de los ejes temáticos y llegar al siguiente Encuentro en similares condiciones para el intercambio.
          Con el lema “Hilando Rebeldías Lésbicas Feministas desde la Raíz”, 350 lesbianas del Abya Yala celebraron el VIII ELFLAC en Guatemala en 2010. Los ejes de discusión “la descolonización de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad; (identidades políticas, identidades lésbicas, cuerpo lesbiano, racismo y discriminación, entre otros); y la violencia sexual y el feminicidio en nuestros contextos locales y regionales” no pudieron ser profundizados debido a que dos encuentros previos organizados por un consorcio de financieras con sus contrapartes lesbianas y transgéneros situaron estratégicamente el tema de la presencia de las trans en los ELFLAC. Bajo la estrategia de “sensibilizar”, convencer o vencer-con, las financieras facilitaron la presencia de muchas lesbianas (no es casual que fue el Encuentro más numeroso) y provocaron  dinámicas de confrontación atentando contra la libre autodeterminación de la región. La discusión causó ruptura.  Las defensoras de la presencia trans en los Encuentros decidieron marcharse y organizar Encuentros LesbiTransinter feministas”.[57]
          El IX en 2012 en Bolivia, cambia la denominación de ELFALC, por Encuentro lesbofeminista del Abya Yala, (ELFAY), imprimiéndole una perspectiva decolonial. Con los ejes de Memoria, Cuerpo, Proyecto Político y Movimiento Lesbofeminista y Alianzas, el Encuentro reconoció el entronque patriarcal como una forma de ejercer dominación de la comunidad a través de la opresión al cuerpo de las mujeres. Nuestra cuerpa de mujeres es un territorio político, donde se ha instalado la memoria y el dolor de las guerras, el racismo, la subjetividad y las emociones. El régimen heteropatriarcal aparece como instrumento del neo-capitalismo para reforzarlo. No hay descolonización posible de nuestros territorios sin la autonomía de nuestra cuerpa y nuestra sexualidad. El IX Encuentro hizo también una crítica a las lógicas discursivas nor-europeas que desde el post-estructuralismo descentraron el sujeto mujer o cualquier sujeto de la transformación y que desde el discurso queer, se instala el retorno del masculino universal.
          El X ELFAY, en Colombia en 2014, con el lema  Miradas no fragmentadas de la opresión en las prácticas políticas del lesbianismo feminista de Abya Yala, inició su organización abriendo la participación de lesbianas de la región a conformar la Ekipa, para que el Encuentro tuviera una organización no únicamente nacional. Las Escuelas de formación lésbico-feministas en distintos lugares, acompañaron el proceso de organización, lo que permitió discusiones colectivas precedentes, profundas e intensas. Una metodología innovadora permitió enlazar lo personal y lo político. Las Políticas Neoliberales y Neocoloniales y el Régimen Heterosexual; Racismo y el Régimen Heterosexual; Militarismo, Régimen Heterosexual y Prácticas de Resistencia; como ejes de discusión, permitieron desentrañar las condiciones de explotación que nuestros territorios del Abya Yala sufren por parte de transnacionales extractivistas, sin escatimar el desplazamiento, persecución y exterminio de poblaciones originarias. Las luchas contra el neoliberalismo, el neocolonialismo y el racismo no son luchas aisladas porque las opresiones son parte de una matriz articulada que nos afecta a las mujeres de manera distinta en nuestras cuerpas, territorios, economía, independencia, en la geopolítica, etc. El apellido del patriarcado es la colonialidad.        Las discusiones generaron una dura crítica a la institución familiar por blanca, burguesa y heterosexual. El matrimonio se impone como obligatorio como única posibilidad del ejercicio de derechos humanos y sociales como salud (seguro social), vivienda, educación, herencia, etc. como lesbianas feministas deberíamos procurar su eliminación como posibilidad de parentesco humano.
          El Abya Yala es una tierra largamente herida donde los costos de las guerras y el saqueo lo hemos pagado las mujeres. Nuestros cuerpos son invadidos y usurpados. Las políticas de seguridad en aras de combatir el narcotráfico imponen la presencia militar norteamericana con bases militares en distintos países del Abya Yala como cerco de disciplinamiento, apeonado por gobiernos con tendencia militarista para el control migratorio, político, económico e ideológico en favor del imperio. Reconocer un pasado que ha marcado la historia de las mujeres de nuestros pueblos originarios y el nuestro propio, reconocer nuestra condición de pueblos colonizados, ahora por las transnacionales y la empresa privada que sigue apropiándose de nuestra cuerpa y nuestros territorios, nos permite posicionar la resistencia.
          Diez encuentros marcan sin duda, un camino recorrido que consolida una presencia regional lésbica y en resistencia autonómica a la matriz de dominación heteropatriarcal que se alimenta del racismo, el sexismo, el colonialismo, el militarismo, los nacionalismos y el capitalismo neoliberal. Si bien la participación no es masiva hay que tener en cuenta los esfuerzos que hacen las activistas para llegar desde lugares muy distantes, los altos índices de lesbofobia que pone en riesgo la seguridad incluso de las familias de las lesbianas, la persecución estatal y de la iglesia, sectores conservadores, medios de comunicación, escuela, sociedad civil, etc., las condiciones económicas de la región y la práctica activista por convicción, entre muchas otras especificidades que evidencian un activismo todavía en condiciones de seguridad adversa.

Las Marchas Lésbicas
Desde el feminismo, Después de 25 años de activismo, las lesbianas autónomas mexicanas plantearon un cuestionamiento a la organización de la marcha del orgullo LGTB por la pérdida de su sentido político y la comercialización de la misma, iniciando en marzo de 2003 La Marcha Lésbica, con la que se pretendía además de la visibilidad lésbica, dotarle de un contenido político a la misma. El documento central, redactado colectivamente, fue un cuestionamiento al sistema dictatorial que impone el heterosexismo, el neoliberalismo, la globalización, el capitalismo y el consumismo, e integraba una serie de demandas recogidas tanto de la corriente de la igualdad como de la diferencia, pero que debido a los cuestionamientos del lobby institucional y parlamentario, las demandas que podrían haber logrado trascendencia y difusión sólo quedaron en la lectura del acto central y la reproducción en parte por la prensa. Respondieron al llamado 3000 lesbianas aproximadamente, entre las que se encontraban algunos varones pese a que la convocatoria tuvo un claro llamado separatista y político. Lejos de los procesos ideológicos de las organizadoras, gran parte de las asistentes mostraron una intención similar a la marcha del orgullo LGTB, evidenciando la necesidad de acompañar a las acciones de movilización procesos de reflexión colectiva, sea en talleres, encuentros regionales y/o nacionales.
Las marchas lésbicas se reeditaron anualmente hasta 2005, organizadas por un colectivo autodenominado Comité Organizador de la Marcha Lésbica (COMAL), fecha en que una de las integrantes registró a nombre propio en Derechos de Autor, la denominación Marcha Lésbica, lo que provocó ruptura en el COMAL y deserción de un grupo. El grupo que permaneció decidió convocar a la marcha cada dos años, de tal manera que los años alternos fueron organizados por diversos colectivos, los que variaron el nombre de la marcha por temor a un juicio penal por “apropiación ilícita”. En 2014 la marcha se dejó de organizar y en 2015 un colectivo de lesbianas autónomas retoman la iniciativa y la convocan para el 13 de octubre en el marco del día de las rebeldías lésbicas, haciendo previamente el 17 de mayo una acción pública contra la lesbofobia.
En diversos países se iniciaron procesos de organización de marchas lésbicas, principalmente a partir de la presencia de lesbianas de diversos países de la región en el contexto de los Encuentros Lésbicos y posteriormente para el 13 de octubre, día de las rebeldías lésbicas.
La corriente autónoma si bien en sus inicios se presentaba como una corriente poco visible y dispersa, numéricamente minoritaria, compuesta por grupos a menudo informales y efímeros, así como por activistas individuales,[58] veinte años después, el impacto de sus acciones y propuestas políticas han trascendido mucho más que su cantidad numérica y es posiblemente esa lógica de evaluación la que es la menos apropiada para este caso. Existen experiencias en algunos países, de grupos lésbicos autónomos y anarquistas que se comunalizan justamente de manera efímera en torno a acciones concretas como hacer pintas, grafitis, escraches, actividades culturales, lúdicas o en torno a casas ocupas ligadas a la vida cotidiana. Intencionalmente deciden no hacer proceso organizativo para evitar rupturas desgastantes. Las convocan acciones como pintas en las catedrales, grafitis callejeros, acciones contra la violencia a las mujeres, escraches, etc., de tal manera que las evaluaciones y análisis sobre esta corriente requiere de criterios diferentes, en tanto sus lógicas no son numéricas ni sistémicas, sus efectos no pueden ser percibidos en cortos o medianos plazos, a veces superan algunas décadas, como en el caso de Mujeres Creando y sus grafitis, escraches, etc. acciones que bajo la lupa sistémica, académica o institucional, son censuradas, demonizadas, banalizadas, cuestionadas, incluso por colegas cercanas. Hasta que generalmente la academia, que “descubre nuevas formas de actuancias” convierte la disidencia en moda, y la mirada institucional que había desaprobado, reconoce la valía de las transformaciones que la disidencia tiene y es prefieren darle un lugar para que los cambios no transformen mucho.
Esta perversión institucionalizadora, sin embargo, no puede impedir que la disidencia siga actuando y es justamente la creatividad o la estrategia de la dilución la que opera como permanencia latente, el efecto de la acción sigue operando aunque lxs sujetxs hayan desaparecido, cambiado o transformado. Así, hay un riesgo en el intento de este mismo análisis, sin embargo hacerlo desde dentro marca una diferencia sustancial porque hay un análisis autoetnográfico y una apuesta política que legitima la voz y la acción propia.
La autonomía es crítica a la categoría de género, la perspectiva de género y la equidad de género, porque es insuficiente para explicar la problemática lésbica, homosexual o de otros grupos disidentes a la heterosexualidad obligatoria porque sigue considerando a la figura masculina, el binarismo y la heterosexualidad como un modelo de adecuación social. En la ejecución de políticas públicas con perspectiva de género, tiene una permanente referencia a lo masculino y es ajena a la dimensión lésbica. Para Julieta Paredes, de la misma manera que no puede haber equidad de clase, no hay equidad de género, porque la existencia de la burguesía requiere de la explotación del proletariado. La masculinidad requiere de la inferiorización y usufructo de la existencia femenina. Para Gargallo. La conversión de algunas mujeres feministas en expertas al interior de programas de Cooperación Internacional o de los diversos gobiernos de América Latina, llamados de políticas públicas, ha sido acompañada de una brutal descalificación de la mirada que, desde nuestra realidad sexuada, las feministas echamos sobre nuestro específico estar en el mundo.[59] Para Victoria Aldunate el género es una moneda de cambio en los partidos políticos, en la academia, en los capitales, en el Banco Mundial, en las empresas, en las ONGs, y en las instituciones de todo tipo. Es la herramienta ideal para despolitizar el feminismo, para negarlo. Para Yan María Castro es la separación entre mujeres que pueden acceder al poder y las que no. El generismo es institucional y estatal y utiliza ocasionalmente el epíteto “feminista” para cooptar y confundir a las mujeres, cuyo propósito final es llegar a un “feminismo sin mujeres”, vaciado de su contenido inicial y relleno de un nuevo contenido contramujer.
El género también ha significado pérdida de rebeldía y transformación, Mariana Villaverde se pregunta ¿porqué aumentan las políticas de género, a la par que aumenta la violencia hacia las mujeres? Para Pisano, el uso del género como políticas públicas ha significado el triunfo de la masculinidad.

Las identidades móviles
Esta corriente, plantea una crítica a la teoría de la diferencia sexual que recupera elementos del determinismo biológico, es decir, “las mujeres somos diferentes en cuanto mujeres”. Cuestionan que la biología sea una determinación en la conformación de la identidad, ello impide ver, afirman,  las diferencias que hay entre las propias mujeres en cuanto clase, raza y orientación sexual. El género no debe interpretarse como una identidad estable o un lugar donde se asiente la capacidad de acción sino, más bien, como una identidad débilmente constituida en el tiempo, instituida en un espacio exterior mediante una repetición estilizada de actos. Identidad significa una autocolocación, una elección –siempre determinada por la experiencia- entre las posibles posiciones accesibles en el campo social, que puedan ser asumidas involuntariamente o bajo forma de conciencia política.[60] En tal sentido, el género es en sí mismo una ficción cultural, un efecto preformativo de actos reiterados, sin un original ni una esencia.[61]
          Si no hay identidad esencial, podemos  deconstruir los géneros establecidos y los sexos asignados. Las identidades son mutables, dependen de momentos estratégicos, políticos incluso lúdicos y este nomadismo es lo que pone de relieve la futilidad de buscar una estabilidad definitiva en lo referente al cuerpo, el género o la sexualidad, lo que puede disolver los dispositivos de normalización.[62]
Romper la dictadura binaria que ha separado el mundo en una disquisición entre lo bueno y lo malo y una imposición entre una identidad masculina o femenina implicaría reconocer el derecho de los intersexuales así como de lxs no hombres y no mujeres. En tal sentido, las identidades sexuales y genéricas dejarían de ser cárceles que aprisionan un deber ser, cuyos constreñimientos han llevado a la muerte a miles de disidentes sexuales.
El VI y VIII Encuentro lésbico latinoamericano[63] trajo a la discusión el tema de la inclusión de las trans (de hombre a mujer) lesbianas feministas al evento. Aunque el reclamo estuvo a la sombra de la agenda de algunas candidaturas y la negociación de una población electoral, pudo diferenciarse el ámbito de la construcción genérica y corporal de los espacios políticos como ejercicio de autonomía.[64]
El reclamo de las trans recreó la pregunta, ¿que es ser mujer? ¿Qué es ser lesbiana?¿Cómo se define tal concepto? Si es una construcción cultural, es posible salir de las reglas y construir una identidad en disidencia. La declaración de Monique Wittig[65], las lesbianas no somos mujeres como no lo es tampoco ninguna mujer que no esté en relación de dependencia personal con un hombre, ya que el concepto mujer, ha sido construido por los hombres y en función de ellos, reafirma que las identidades genéricas son construcciones culturales con direccionalidad política. Si la identidad genérica y sexual está determinada por el cuerpo, y éste por el sistema de poder heteropatriarcal, entonces amerita también la disidencia. Las lesbianas que no se construyen para el servicio masculino, son desertoras del sistema social. Lesbianas y transgéneros compartimos del rechazo a un cuerpo impuesto. En ese proceso de deconstruir el “ser” y el “deber ser” mujer, las lesbianas también nos hemos sentido transgéneros. [66]
          La búsqueda de un cuerpo lesbiano tiene primordialmente un rechazo a la imposición que el poder hegemónico masculino ha hecho de él. Sin embargo, resulta paradójico que sea justamente ese cuerpo estereotipado el objeto de identificación para lxs transgénero de hombre a mujer, y que gran parte de ellas recurran a la automedicación, con hormonas, inyecciones de siliconas, aceites de cocina o de moto para figurar ese cuerpo colonizado, con serios deterioros en la salud o la muerte. Hay también un esencialismo en el atrincheramiento binario.
Si bien no existe el lesbianómetro, la disputa de los espacios políticos implica también el respeto a la autodeterminación, la necesidad de construir e inventar espacios diferenciados, de confluencia y de autonomía. La construcción de alianzas puede tener muchas formas y por lo que la experiencia muestra, muchas de las lesbianas del Abya Yala, por el momento deciden encuentros diferenciados, lo que no impide que participen en otros que serán de confluencia. ¿Esencialismo? ¿Esencialismo estratégico? ¿autonomía? ¿autodeterminación? Muchas de estas decisiones están marcadas por el rechazo a las imposiciones que agencias financieras han pretendido hacer en las agendas de los movimientos.
Si bien la teoría queer ha cuestionado la política de las identidades, proponiendo la desontologización, dejar de ser para desestructurar así, la discriminación, ésta ha sido entendida en la propuesta post feminista como las descentración del sujeto mujer y en la clave post estructuralista, la muerte del sujeto. Es decir que si no hay sujeto de la transformación, tampoco hay transformación posible, en cuyo caso el feminismo post estructuralista debe ser puesto en sospecha.
La academia convirtió la propuesta queer en una moda académica y a los sujetos en objetos de estudio. Lo calle intervenida por la academia, lo obsceno y abyecto como interés morboso de investigación. Lo queer en el Abya Yala ha sido desifrada en clave fashion, sin traducción y todo cabe en él, por lo que se convierte en una propuesta amorfa y jabonosa.[67]
En una sociedad donde el feminicidio, el sexismo, la misógina, la lesbofobia, la violencia contra las mujeres, son prácticas cotidianas de exterminio de un sistema patriarcal que se alimenta del narcotráfico, el neoliberalismo, el clasismo, el racismo, la militarización y los nacionalismos, dejar de nombrarnos mujeres y denunciar ese sistema de opresión, tiene riesgos porque dejar de ser, ante el orgullo de ser diferente, es una solución individualizante y desmovilizadora. Las identidades estratégicas y/o políticas cobran sentido en un Abya Yala todavía patriarcal que no duda de asesinar mujeres buscando su obediencia, aun cuando eso que parece su fortaleza, sea su debilidad porque, a decir de Tais, el patriarcado teme que la desobediencia ocurra. Sin embargo vale la pena reconocer que hay interesantes experiencias que han sido traducidas como devenir monstruo, la reivindicación de identidades o desidentidades sin patrones, sin reglas fijas, sin binarios, que cuestionan la construcción del deseo, como una lucha antipatriarcal. Para muchas lesbianas, devenir monstruo a la aprobación de la mirada masculina, ha implicado no sólo fugar del sistema heteropatriarcal, sino construir cuerpos individuales y colectivos para el gozo lésbico exclusivo.

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[1] Una versión anterior fue publicada en: Maier, Elizabeth y Lebon, Nathalie, Women´s Activism in Latin America and the Caribbean. Engendering Social justice, Democratizing Citizenship, Rutgers University Press, El Colegio de la Frontera Norte, 2010.
[2]Año de radicalización de la sociedad civil que presionó al general Lanusse convocar a elecciones en 1973 y entregar el poder al peronismo. Éste período de gobierno militar fue considerado como la dictablanda debido a la diferencia que marcó el segundo período militar a partir de 1976 con el general Videla.
[3] Aún cuando las razzias han sido una estrategia de persecución permanente en Latinoamérica, la década del 70 tuvo la particularidad de estar relacionada al activismo político.
[4] Los integrantes del grupo Nuestro Mundo de Argentina en 1969, liderados por un ex militante comunista segregado del partido por homosexual, se dedicaron durante dos años a bombardear las redacciones de los medios porteños con boletines mimeografiados que pregonaban la liberación homosexual. En 1974, la Comunidad del Orgullo Gay de Puerto Rico iniciaron la publicación del periódico Pa´Fuera. En 1978 un grupo de homosexuales brasileños lanzó Lampiao da Esquina (farol de esquina) en referencia a la vida callejera homosexual, publicación que dio origen a la formación de Somos: Grupo de Afirmación Homosexual. El grupo mexicano Frente Homosexual de Acción Revolucionaria publicó en 1979 Nuestro Cuerpo.
[5] Amorós, Celia. Feminismo, igualdad y diferencia. Colección libros del PUEG. Coordinación de Humanidades. UNAM, 1994.
[6]“Sexualidad y Política”, ponencia presentada por el PRT al Foro de Derechos Humanos, Cd. Universitaria, octubre de 1989. Documento (fotocopia).
[7] Green, James, “Deseo y militancia: lesbianas, gays y el partido de los trabajadores de Brasil”, en Drucker, Meter, Arco iris diferentes, Siglo XXI, México, 2004.
[8] Con el nacimiento del Partido Socialista de Venezuela en 2008, el Bloque Socialista Unido de Liberación Homosexual se convierte en el "frente GLBT" de dicho partido político, de esta manera, la "lucha por la igualdad y la no discriminación por orientación e identidad sexual y de género" en Venezuela, adquiere un "frente partidista", el Bloque, asume una gran importancia para el "gremio GLBT" al representar ante las instancias gubernamentales, la "agenda socio-política del colectivo GLBT". Con el reconocimiento del PSUV y el apoyo del Poder Ejecutivo (Ministerios e Instituciones Públicas adscritas), asume la organización y ejecución de la Marcha Nacional del Orgullo GLBT.
[9] Margarita Sánchez De León, pastora de la Iglesia "Comunidad Metropolitana Cristo Sanador", integrante de la Coalición contra el Artículo 103 y Pro-Derechos a la Intimidad, en la ciudad de Santurce, acudió a la Fiscalía admitiendo haber violado el artículo 103 del Código Penal, conocido como Ley de Sodomía que sanciona con cárcel de 10 a 12 años. El fiscal, Ramón Muñiz Santiago, le indicó que no podía ser procesada debido a que este artículo no se aplica a mujeres lesbianas porque es necesario un "miembro viril" para cometer el delito. Agregó que aún cuando dos hombres homosexuales acudieran a confesar su delito, no podrán ser procesados por no existir víctimas o perjudicados en sus actos. Con ello afirmaba que la ley no se implementa si no hay una víctima y al no haber víctima o persona perjudicada, pues no hay delito. Sin embargo, la existencia de la penalización implica el uso de la discrecionalidad para discriminar y ponen en peligro los derechos de un importante sector de la población. Por ello exigían al Estado la intención clara de no procesar a quienes consientan en tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo y para ello una enmienda del estatuto para precisar esta posición.
[10] La raíz del caso en Texas viene de una pareja homosexual que fue sorprendida practicando sexo anal cuando un vecino llamó a la Policía para decir que un hombre se estaba "volviendo loco" en la casa. El vecino, según el caso, hizo la llamada para perjudicar a la pareja de homosexuales. En defensa del caso, el estado de Texas argumentó que la permanencia del estatuto antisodomía ayuda a fomentar la institución de la familia y el matrimonio. Los dos hombres que recurrieron al caso, John Geddes Lawrence y Tyron Garner, recibieron una multa de $200 cada uno y pasaron una noche en la cárcel tras haber sido convictos de una falta sexual en 1998.
[11] Hija de Raúl Castro y Vilma Espín, presidenta de la FMC.
[12] Falquet Jules, De la cama a la Calle: perspectivas teóricas lésbico-feministas. Brecha lésbica, Bogotá 2006.
[13] Gargallo, Francesca, La propiedad privada es la base del matrimonio. Festival Internacional por la Diversidad Sexual, Ciudad de México, 22 de junio de 2012.
[14] Gargallo, Francesca, Para ahondar en la práctica política de la diferencia sexual. Ponencia presentada al seminario Nuevos y Grandes retos del feminismo en el siglo XXI, Colegio de México, 29 de junio 2005.
[15] En: Falquet, ibidem
[16] En: Falquet, ibidem.
[17] Gargallo, Francesca. Unos apuntes sobre la teoría lésbica de Norma Mogrovejo, presentación de libro.
[18] Rivera Garretas, María Milagros, Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de las mujeres y teoría feminista, Barcelona, Icaria Editorial S.A., 3ª edición 2003.
[19] Bocchetti, Alessandra, Lo que quiere una mujer. Historia, política y teoría. Escritos, 1981-1995, Madrid, Editorial Cátedra Colección Feminismos, 2ª edición, 1999.
[20] Entrevista a Pisano en: Villaverde, Mariana, Genealogía del pensamiento feminista autónomo y radical en Latinoamérica y el Caribe, desde 1993 hasta la actualidad. Tesis para obtener el título de Maestra en Estudios de la Mujer. UAM X, 2014.
[21] Gargallo, Francesca, Ideas Feministas latinoamericanas, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2004.
[22] Villaverde, Ibidem.
[23] Falquet, Jules, Las “Feministas autónomas” latinoamericanas y caribeñas: veinte años de disidencias. http://revistas.javeriana.edu.co
[24] La crítica a la AID se basaba fundamentalmente al apoyo económico que otorgó ésta agencia, a las dictaduras militares sudamericanas, responsables de miles de desapariciones políticas y a gobiernos que esterilizaron de manera forzada a mujeres indígenas.
[25] Gargallo, Francesca. Ideas Feministas Latinoamericanas. Universidad de la Ciudad de México 2004.
[26] Falquet, Ibidem.
[27] Declaración del Feminismo Autónomo reafirmando la “Permanencia voluntaria en la utopía”. VII EFLAC, Chile 1997.
[28] Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana, El tejido de la rebeldía. ¿Qué es el feminismo comunitario? Comunidad Mujeres Creando Comunidad. 2014.
[29] Villaverde, Mariana, ibidem.
[30] Ibidem.
[31] Paredes y Guzmán, ibídem.                                     
[32] Falquet, ibídem.
[33] Nuestros procesos, Las Llamadas, boletín de la ekipa organizadora del II Encuentro Feminista Autónomo Latinoamericano y del Caribe, noviembre del 2001, Uruguay.
[34] Falquet, ibídem.
[35] Además del boletín Nuestros procesos, de la ekipa organizadora, no encontramos mayor información del Encuentro.

[36] Analizado también en el capítulo de los Encuentros Lésbicos de este mismo libro.
[37] Las lesbianas feministas fueron calificadas como esencialistas, por la defensa del espacio propio, de los propios procesos, de la autodeterminación, de la crítica al apeonamiento que ciertas agencias financieras provocan para desaparecer sujetos de la transformación.
[38] El desarrollo de los encuentros lésbicos como actuancias autonómicas es tratado en un siguiente punto.
[39] Declaración feminista autónoma. El desafío de hacer comunidad en la casa de las diferencias, México DF, 2009.
[41] Itacaramby, Taís, Impresiones corporales deformes o recuento parcial de un encuentro algo absurdo, Efalac, Porto Alegre, 2012, texto compartido por la autora.
[42] Villaverde, ibídem, pag. 27.
[43] Itacaramby, ibídem.
[45] Gargallo, Francesca, Feminismos desde el Abya Yala pgs. 191-193.
[46] Ibidem.
[47] Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana, El tejido de la rebeldía. ¿Qué es el feminismo comunitario?. Comunidad Mujeres Creando Comunidad. 2014.
[48] Ibídem.
[49] Ibidem.
[50] Ibidem.
[51] Consigna que dio nombre a la colectiva “Las likuadoras”.
[52] Dirigida a uno de sus secuestradores quién interpuso la denuncia por la muerte de su hermano.
[53] Inspiradas en el documental de las Pusi Raiot.
[54] Sororidad Insumisa. Con todas las secuestradas por los estados, fanzine del grupo las Chuekas http://lahoguera.confabulando.org/?feed=rss2
[55] Aunque no es un grupo exclusivamente lésbico, la mayoría de las integrantes lo son y el trabajo que tienen es parte de la cultura lésbico-feminista.
[56] La edición es mía.
[57] El primero se realizó en 2012 en Paraguay y el “II Encuentro LesBiTransInter Feminista: VENIR AL SUR”, en Costa Rica está programado para julio de 2015.
[58] Falquet, ibídem
[59] En: dirección panchawordpress
[60] De Lauretis, Teresa; “Problemas, conceptos y contextos”, trad. Gloria Bernal, en El género como perspectiva, México, UNAM, 1991.
[61] Butler, Judith, El Género en Disputa, Paidós, México, 2001.
[62] Sáens, Javier, Teoría Queer y psicoanálisis, España, Editorial Síntesis, 2004.
[63] Realizado en México en noviembre del 2004 y en Guatemala en 2010 respectivamente.
[64] Entendido como la autodeterminación a organizarnos como mejor nos convenga.
[65] Wittig, Monique, The straight mind and other essays, Boston: Beacon Press 1992.
[66]Fabiana Tron, en su revelador artículo “Che ¿vos te diste cuenta que sos una mujer?”, afirma también sentirse transgénero de mujer a lesbiana.
[67] Ver el artículo: Lo queer en América Latina. ¿Lucha identitaria, post-identitaria, asimilacionista o neocolonial?

Epistemología del sur. Visiones sobre los orígenes de la violencia Patriarcal y la heterosexualidad obligatoria. Una discusión desde el Abya Yala

Epistemología del sur. Visiones sobre los orígenes de la violencia Patriarcal y la heterosexualidad obligatoria.
Una discusión desde el Abya Yala
Norma Mogrovejo
La reconstrucción de un cuerpo teórico feminista que tenga correspondencia con el pasado histórico de nuestros territorios y ancestras, es decir pensado desde el sur, desde las experiencias coloniales de nuestros territorios del Abya Yala, y no desde las experiencias de mujeres europeas, la inician algunas feministas quienes dilucidan sobre la existencia del patriarcado y la heterosexualidad obligatoria; y sus características en el mundo prehispánico, así como la imposición de las categorías sexo, género, raza, clase, monogamia, familia, estado, nación, etc., a partir del hecho colonial y que aún están presentes, en tal sentido, la reflexión apunta a la necesidad de descolonizar para despatriarcalizar.
María Lugones, argentina, radicada en Estados Unidos, si bien no basa sus estudios en la dimensión geopolítica del sur, en una crítica al concepto de Colonialidad del poder de Quijano,[1] plantea el concepto Colonialidad de género con el que inicia un cuestionamiento a la existencia del concepto de género en contextos pre coloniales. Apoyada en el trabajo de Oyuronke Oyewumi, feminista nigeriana y Paula Allen Gunn, feminista indígena de EEUU plantea que el género junto a la raza son constructos coloniales para  racializar y generizar a las sociedades que sometían. Según estas feministas no existían en las sociedades yoruba ni pueblos indígenas de América del Norte un principio organizador parecido al género de Occidente antes de la colonización. No dividían ni jerarquizaban sus sociedades en base al género, y las mujeres tenían acceso igualitario al poder público y simbólico. No existía una división sexual del trabajo y sus relaciones económicas se basaban en principios de reciprocidad y complementariedad. El principio organizador más importante era la edad cronológica. Lo biológico anatómico sexual poco tenía que ver con la organización social. Era lo social que organizaba lo social.
En Heterosexualismo y el sistema colonial / moderno de género, siguiendo las investigaciones de Oyewumi y Allen analiza la heterosexualidad como un dispositivo obligatorio que el colonizador impuso en las colonias para a través de la engenerización (imposición del género), implementar los cambios necesarios para el proceso constitutivo del capitalismo Eurocentrado moderno/colonial.
El sistema de género prevaleciente tenía una alta estima a la homosexualidad y reconocían más de dos géneros. Muchas comunidades tribales de Nativos Americanos, reconocían un "tercer” género, y entendían al género en términos igualitarios, no en los términos de subordinación que el capitalismo Eurocentrado impuso. Las diferencias de actividades o comportamientos entre hombres y mujeres no representaban categorías opuestas como el dimorfismo occidental traducido luego como binario, ni estaban relacionadas por medio de una jerarquía.
Apoyándose en Michael J. Horswell, Lugones afirma que el tercer género no significa tres géneros, sino una manera de desprenderse de la bipolaridad del sexo y el género. El “tercero” es emblemático de otras posibles combinaciones aparte de la dimórfica. El término berdache es utilizado, a veces, como "tercer género." Horswell relata que el berdache hombre ha sido documentado en casi ciento cincuenta sociedades de América del Norte y la berdache mujer en la mitad de ese mismo número. También comenta que la sodomía, incluyendo la ritual, se registró en sociedades andinas y en muchas otras sociedades nativas de las Américas. Los Nahuas y Mayas también reservaban un rol para la sodomía ritual.
Junto a la racialización y generización se impuso la heterosexualidad característica de la construcción colonial/moderna de las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la heterosexualidad no está simplemente biologizada de una manera ficticia, también es obligatoria y permea la totalidad de la colonialidad del género, en la compresión más amplia del concepto. En este sentido, el capitalismo Eurocentrado global es heterosexual. Esta heterosexualidad ha sido coherente y duraderamente perversa, violenta, degradante, y ha convertido a la gente ‘no blanca’ en animales, a las mujeres blancas en reproductoras de “la Raza (blanca)” y de “la Clase” (burguesa); y a los homosexuales en parias, despreciados, perseguidos y ejecutados.
El lugar del género en las sociedades precolombinas permite un giro paradigmático en la comprensión de la naturaleza y el alcance de los cambios en la estructura social que fueron impuestos por los procesos constitutivos del capitalismo Eurocentrado moderno/colonial. Esos cambios se introdujeron a través de procesos heterogéneos, discontinuos, lentos, totalmente permeados por la colonialidad del poder, que violentamente inferiorizaron a las mujeres colonizadas, desintegraron las relaciones comunales e igualitarias, el pensamiento ritual y su cosmogonía, los procesos colectivos de toma de decisiones, las economías, las construcciones del saber, etc. La violación heterosexual de mujeres indias o de esclavas africanas coexistió con el concubinato como, así también, con la imposición del entendimiento heterosexual de las relaciones de género entre los colonizados, cuando convino y favoreció al capitalismo Eurocentrado global y a la dominación heterosexual sobre las mujeres blancas.
La imposición del sistema de género fue y es completamente violento, ha implicado la reducción profunda de hombres, mujeres y el tercer género del Abya Yala. De ser dueñxs de sus territorios, cuerpos, sexualidad, deseo, de su cosmogonía, religiosidad, economía, etc.  fueron reducidos a la animalidad, al sexo forzado con los colonizadores blancos, y a una explotación laboral tan profunda que, a menudo, los llevó a trabajar hasta la muerte.
En una crítica a Quijano, Lugones afirma que la concepción de género de Quijano, un concepto (supuestamente) anterior a la sociedad y la historia, tiene un efecto naturalizador de las relaciones de género y la heterosexualidad, además, sirve para encubrir la forma en que las mujeres del tercer mundo experimentan la colonización y continúan sufriendo sus efectos en la poscolonialidad. Las mujeres no sólo fueron racializadas, sino también fueron reinventadas como “mujeres” de acuerdo a los códigos y principios discriminatorios de género occidentales.
La reducción del género a lo privado, al control sobre el sexo, sus recursos y productos es una entelequia ideológica tejida como biológica. La raza no es ni más mítica ni más ficticia que el género, ambos son ficciones poderosas.
La colonización creó las circunstancias históricas para que las mujeres africanas e indígenas de Norte América perdieran las relaciones relativamente igualitarias que tenían con los hombres de sus sociedades y cayeran no sólo bajo el dominio de los hombres colonizadores, también bajo el de los hombres colonizados. La subordinación de género fue el precio que los hombres colonizados trazaron para conservar cierto control sobre sus sociedades. Esta es la transacción de los hombres colonizados con los colonizadores lo que explica según Lugones la indiferencia hacia el sufrimiento de las mujeres del tercer mundo por parte de los hombres incluso de izquierda y su silencio alrededor de la violencia de las mujeres en la actualidad. Siguiendo a Lugones, la imposición de las categorías de raza y género, produjo rajaduras profundas en las solidaridades posibles entre las mujeres de la metrópoli y la periferia y entre hombres y mujeres de la periferia, sin excluir tampoco las relaciones entre las mujeres de la periferia, caracterizada por una colonización interna luego de su emancipación colonial de España. En tanto para Lugones el género fue una imposición europea, la existencia del patriarcado en los territorios del Abya Yala es cuestionada, tesis en la que se basa para recusar los aportes de las feministas blancas en los análisis de los feminismos del Abaya Yala.
Laura Rita Segato en su texto Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial, plantea la existencia de un sistema patriarcal previo a la colonia al que denomina Patriarcado de baja intensidad. Segato afirma que datos documentales, históricos y etnográficos del mundo tribal, muestran la existencia de estructuras reconocibles de diferencia, semejantes a lo que llamamos relaciones de género en la modernidad, conteniendo jerarquías claras de prestigio entre la masculinidad y la feminidad, representados por figuras que pueden ser entendidas como hombres y mujeres.
Segato afirma que, pueblos indígenas, como los Warao de Venezuela, Cuna de Panamá, Guayaquís de Paraguay, Trio de Surinam, Javaés de Brasil y el mundo incaico pre-colombino, entre otros, así como una cantidad de pueblos nativo-norte-americanos y de las primeras naciones canadienses, además de todos los grupos religiosos afro-americanos, incluyen lenguajes y contemplan prácticas transgenéricas estabilizadas, casamientos entre personas que el occidente entiende como siendo del mismo sexo, y otras transitividades de género bloqueadas por el sistema de género absolutamente enyesado de la colonial / modernidad. También afirma como reconocibles, en el mundo pre-intrusión, las dimensiones de una construcción de la masculinidad que ha acompañado a la humanidad a lo largo de todo el tiempo de la especie, a la que denomina “pre-historia patriarcal de la humanidad”, caracterizada por una temporalidad lentísima (Segato 2003b). Esta masculinidad es la construcción de un sujeto obligado a adquirirla como status, atravesando probaciones y enfrentando la muerte a lo largo de toda la vida bajo la mirada y evaluación de sus pares, probando y reconfirmando habilidades de resistencia, agresividad, capacidad de dominio y acopio, para poder exhibir el paquete de potencias - bélica, política, sexual, intelectual, económica y moral - que le permitirá ser reconocido y titulado como sujeto masculino. Esto indica, por un lado, que el género existe, pero de forma diferente que en la modernidad. Y por el otro, que cuando esa colonial/modernidad se aproxima al género de la aldea, lo modifica peligrosamente. Interviene la estructura de relaciones de la aldea, las captura y las reorganiza desde dentro, manteniendo la apariencia de continuidad pero transformando los sentidos, al introducir un orden ahora regido por normas diferentes. Esta cruza es realmente fatal, porque un idioma que era jerárquico, en contacto con el discurso igualitario de la modernidad, se transforma en un orden super-jerárquico, debido a dos factores: la superinflación de los hombres, en su papel de intermediarios con el mundo exterior, del blanco; y la superinflación de la esfera pública, habitada ancestralmente por los hombres, con el derrumbe y privatización de la esfera doméstica, a lo que Segato denomina la totalización progresiva por la esfera pública o totalitarismo de la esfera pública.
Sería posible inclusive sugerir que es la esfera pública lo que hoy continúa y profundiza el proceso colonizador. Si siempre existió una jerarquía en el mundo de la aldea, un diferencial de prestigio entre hombres y mujeres, también existía una diferencia, que ahora se ve amenazada por la injerencia y colonización por el espacio público republicano, que difunde un discurso de igualdad y expele la diferencia a una posición marginal, problemática.
Desde la perspectiva de la aldea, las agencias de las administraciones coloniales que se sucedieron entran en ese registro: con quien se parlamenta, guerrea, negocia, pacta y, en épocas recientes, de quien se obtienen los recursos y derechos que se reivindican en tiempos de política de la identidad. La posición masculina ancestral, por lo tanto, se ve ahora transformada por este papel relacional con las poderosas agencias productoras y reproductoras de colonialidad. Es con los hombres que los colonizadores guerrearon y negociaron, y es con los hombres que el estado de la colonial / modernidad también lo hace. Para Arlette Gautier, fue deliberada y funcional a los intereses de la colonización y a la eficacia de su control la elección de los hombres como interlocutores privilegiados: “la colonización trae consigo una pérdida radical del poder político de las mujeres, allí donde existía, mientras que los colonizadores negociaron con ciertas estructuras masculinas o las inventaron, con el fin de lograr aliados” (2005: 718) y promovieron la “domesticación” de las mujeres y su mayor distancia y sujeción para facilitar la empresa colonial.
Si bien en el espacio público del mundo de la aldea de un gran número de pueblos amazónicos y chaqueños existen restricciones precisas a la participación y alocución femenina y es reservada a los hombres la prerrogativa de deliberar, estos hombres, interrumpen al atardecer el parlamento en el ágora tribal, sin llegar a conclusión alguna, para realizar una consulta por la noche en el espacio doméstico. Solo se reanudará el parlamento al día siguiente, con el subsidio del mundo de las mujeres, que solo habla en la casa. Caso esta consulta no ocurra, la penalidad será intensa para los hombres. Esto es habitual y ocurre en un mundo claramente compartimentalizado donde, si bien hay un espacio público y un espacio doméstico, la política, como conjunto de deliberaciones que llevan a las decisiones que afectan la vida colectiva, atraviesa los dos espacios. En el mundo andino, la autoridad de los mallkus, aunque su ordenamiento interno sea jerárquico, es siempre dual, involucrando una cabeza masculina y una cabeza femenina y todas las deliberaciones comunitarias son acompañadas por las mujeres, sentadas al lado de sus esposos o agrupadas fuera del recinto donde ocurren, y ellas hacen llegar las señales de aprobación o desaprobación al curso del debate.
Si es así, no existe el monopolio de la política por el espacio público y sus actividades, como en el mundo colonial moderno. Al contrario, el espacio doméstico es dotado de politicidad, por ser de consulta obligatoria y porque en él se articula el grupo corporativo de las mujeres como frente político.
El género, así reglado, constituye una dualidad jerárquica, en la que ambos términos que la componen, a pesar de su desigualdad, tienen plenitud ontológica y política. En el mundo de la modernidad no hay dualidad, hay binarismo. Mientras en la dualidad la relación es de complementariedad,[2] la relación binaria es suplementar, un término suplementa – y no complementa – el otro.
De acuerdo a la interpretación del dualismo, Segato afirma que el doméstico es un espacio completo con su política propia, con sus asociaciones propias, jerárquicamente inferior a lo público, pero con capacidad de autodefensa y de auto transformación. Podría decirse que la relación de género en este mundo configura un patriarcado de baja intensidad, comparado con las relaciones patriarcales impuestas por la colonia y estabilizadas en la colonialidad moderna.
Con la transformación del dualismo, el género se enyesa, a la manera occidental, en la matriz heterosexual, y pasan a ser necesarios los Derechos de protección contra la homofobia y las políticas de promoción de la igualdad y la libertad sexual, como el matrimonio entre hombres o entre mujeres, prohibido en la colonial modernidad y aceptado en una amplia diversidad de pueblos indígenas del continente.
Las presiones que impuso el colonizador sobre las diversas formas de la sexualidad que encontró en el incanato han sido reveladas por Giuseppe Campuzano en crónicas y documentos del siglo XVI y XVII (Campuzano 2006 y 2009, entre otros). En ellas se constata la presión ejercida por las normas y las amenazas punitivas introducidas para capturar las prácticas en la matriz heterosexual binaria del conquistador, que impone nociones de pecado extrañas al mundo aquí encontrado y propaga su mirada pornográfica.
Esto nos permite concluir que muchos de los prejuicios morales hoy percibidos como propios de “la costumbre” o “la tradición”, aquellos que el instrumental de los derechos humanos intenta combatir, son en realidad prejuicios, costumbres y tradiciones ya modernos, esto es, oriundos del patrón instalado por la colonial modernidad. En otras palabras, la supuesta “costumbre” homofóbica, así como otras, ya es moderna y, una vez más, nos encontramos con el antídoto jurídico que la modernidad produce para contrarrestar los males que ella misma introdujo y continúa propagando (las políticas antihomofóbicas).
Ese enyesamiento en posiciones de identidad es también una de las características de la racialización, instalada por el proceso colonial moderno, que empuja a los sujetos a posiciones fijas dentro del canon binario, constituido por los términos blanco – no blanco.
En el proceso de conquista y colonización, las luchas por derechos y políticas públicas inclusivas y tendientes a la equidad son propias del mundo moderno, naturalmente, y no se trata de oponerse a ellas, pero sí de comprender a qué paradigma pertenecen y, especialmente, entender que vivir de forma descolonial es intentar abrir brechas en un territorio totalizado por el esquema binario, que es posiblemente el instrumento más eficiente del poder, es así que el Estado da con una mano, lo que ya sacó con la otra.

Julieta Paredes en su artículo “Las trampas del patriarcado” y en su nuevo libro ¿Qué es el feminismo comunitario?, plantea que la penetración colonial tuvo una carga violenta sobre nuestros cuerpos y nuestra historia de pueblo, además de un fuerte contenido de violencia sexual, violencia erótica, fortalecimiento de la violencia genérica del deseo y su legitimación con la imposición de la heterosexualidad obligatoria y la monogamia para las mujeres a través del matrimonio y la familia.
Negar un patriarcado precolonial es no reconocer nuestra propia dominación y coloniaje, afirma Paredes. El Tawantinsuyo era la colonización por una casta de quichuas a todos los pueblos y culturas de alrededor, desde Ecuador hasta el norte de Chile y Argentina. No otra cosa significa la combinación en el patriarcado precolonial de colonia y machismo cuando vemos el uso exclusivo que el Inca tenía sobre todas las mujeres de su imperio, manejando a las acllas (mujeres vírgenes) como instrumento de lubricación del aparato político y económico de su imperio. Los hombres del imperio incaico se sentían honrados cuando el Inca les pagaba su fidelidad con mujeres, los hombres padres se sentían honrados cuando el enviado del Inca escogía a su hija, todavía niña, para llevarla al acllawasi, donde sería usada de varias maneras: sexualmente, asesinada en sacrificios, explotada en su fuerza de trabajo de por vida en beneficio de la casta gobernante. Y este hombre padre se sentía orgulloso también cuando su hija era tomada como otra de las esposas del Inca, es decir como la amante del Inca. ¡Qué hay en estos datos sino las mismísimas formas del uso de las mujeres como botín sexual o de intercambio de mujeres entre hombres, signo de un patriarcado, que no es lo mismo pero es igual al practicado por los españoles, q’aras, izquierdistas y demás hombres occidentales de la Historia!
La Colonia, sigue Paredes, tiene el significado de invasión evidente o sutil de un territorio ajeno para usufructuar los frutos y productos de los territorios colonizados, y los cuerpos de las y los colonizados para tomar sus ajayus, sus energías, sus espíritus, para enajenarlos, ocuparlos y disciplinarlos hasta lograr la internalización de los invasores en los territorios del cuerpo, la subjetividad, las percepciones y los sentimientos de identidad y deseo.
El mayor aporte de Paredes se encuentra en el postulado del Entronque Patriarcal, con la afirmación de la existencia de un patriarcado originario que permitió a dichos patriarcas andinos realizar un pacto con los patriarcas occidentales, negociando sus mujeres para preservar puestos de poder. La invasión colonial penetró territorios invadió los cuerpos de las mujeres y hombres que vivían en esta tierra Pachamama, consolidando un entronque patriarcal que fortaleció al sistema de opresiones patriarcal.
Haciendo una analogía del papel desempeñado por Gregoria Apaza y Bartolina Sisa en el primer alzamiento organizado contra la monarquía en Bolivia en 1781, en La Paz, a las que describe como combatientes estrategas, a cargo de quienes estaba la logística de los levantamientos; en tanto, manejaban decisiones políticas, económicas y militares. Paredes concluye que si las mujeres precolombinas manejaban de esta manera el mundo público, por supuesto que manejaban también su cuerpo, es decir que eran dueñas de sus cuerpos, sexualidades y decisiones en lo personal y en lo íntimo. En tal sentido Paredes afirma que en nuestros territorios, si bien existía un patriarcado originario, las mujeres dirigían rituales religioso-políticos, eran propietarias de la tierra, en menor proporción a los hombres pero no estaban destinadas a la indefensión, tenían el ejercicio de conocimientos como la salud y eran dueñas de sus cuerpos, en tanto, a diferencia de Occidente, las mujeres devinieron de mejor a peor con la colonia, mientras que en la misma época en Europa las mujeres eran perseguidas, aguillotinadas, quemadas vivas si ejercían o mostraban conocimientos adjudicados como propios de la masculinidad, en tanto devinieron de peor a mejor con el feminismo.
Paredes refiere también las prácticas homoeróticas como parte de la cultura ancestral y que fueron perseguidas en la colonia, a través del suplicio de aperramiento, indígenas a quienes los invasores llamaron sodomitas.
Para Paredes la descolonización tiene una  doble dimensión, la recuperación de la tierra, territorios, la soberanía de nuestros pueblos y la denuncia de la heterosexualidad obligatoria, la violación a las mujeres como práctica machista, de la penalización del aborto, del matrimonio, de la monogamia de las mujeres y la invisibilización de las lesbianas o marimachos en las comunidades y en el imaginario del proceso de cambio. En tal sentido, junto a María Galindo proponen que para despatriarcalizar, es necesario descolonizar.
La propuesta de Paredes respecto la existencia de procesos previos de colonización a la europea, es sugerente, en el análisis de la existencia previa de sistemas patriarcales. Los procesos de colonización llevan implícitos estrategias militares de apropiación de territorios y sometimiento de la población colonizada y junto a ello, la apropiación del cuerpo de las mujeres por medio de la violación o la esclavitud sexual, como ámbitos simbólicos de imposición con el fin de humillar al enemigo y minar su moral. De esta manera, la presencia de sistemas coloniales previos a la europea, en el territorio del Abya Yala ha estado presentes como políticas expansivas,[3] y que dan cuenta de la presencia de sistemas de género impuestos desde el poder patriarcal,[4] así como la presencia de sistemas de género cuya organización social no ha implicado estratificación social,[5] como los que refiere también Lugones.
No obstante, Gargallo apunta, una diferencia entre las colonizaciones entre países cercanos: los mexicas sobre los ñuu savi, los zapotecos sobre los huaves, los purépechas sobre sus vecinos, que aunque eran verdaderas guerras de invasión y dominio podían revertirse. Y, sobre todo, no construían sistemas de diferencia racista entre el colonizado y el colonizador porque a final de cuentas, ambos se reconocían como de la tierra. La colonización europea acompañó el fin de la tolerancia religiosa y el desconocimiento mutuo (entre los locales). Sobre éste pronto se encarama un sistema de diferenciación económica, política, de valores estéticos, de derechos, que asume la diferencia del fenotipo como una marca de superioridad o inferioridad social. A este sistema lo llamamos racismo. El racismo acompaña la colonización europea, pero no era presente en las colonizaciones americanas antiguas.
Todas las guerras son acompañadas de agresiones a la población civil, que soporta el peso de las mismas sin poderse defender. Las principales víctimas son las mujeres: violadas, raptadas, obligadas al matrimonio con los vencedores, cuando no esclavizadas para el trabajo o para los sacrificios religiosos. Eso en América, como en Europa, como en Asia y en África. Las guerras son una actividad de fortalecimiento de los sistemas patriarcales, entre otras cosas, como la explotación del fruto del trabajo de otros pueblos (de aquí que guerra y rapiña se acompañen siempre). Ahora bien, la diferencia entre la guerra colonial llevada a cabo por los españoles y los portugueses en América y las guerras coloniales que llevaban a cabo pueblos en busca de la hegemonía local previas a la invasión europea, es que estos sumaron un sistema de intolerancia a las culturas locales, todas, y en particular aquellas a las que no le importaba incorporar. Ese sistema de intolerancia tenía que ver con la religión y con las costumbres. Para los europeos su religión era la única verdadera y sus costumbres eran santas porque emanaban de la obediencia de la religión única, santa y verdadera. Una característica de su religión, el catolicismo, es que es sexófoba; odia la actividad sexual que no esté absolutamente regida por la necesidad de la reproducción de personas y del orden social. Sólo soportaba el sexo, la actividad sexual, cuando era dirigida por los hombres y se enfocaba a la reproducción, por lo tanto no sólo era agresiva contra las mujeres sino estrictamente heterosexual. Luis Mott habla del castigo de aperramiento, es decir de ser muertos destazados por perros hambrientos, como un castigo que se imponía a los hombres homosexuales y a las mujeres que se resistían a la violación. ¡Los equiparaban! Entre los pueblos anteriores a la conquista había muchos sistemas de género, algunos tan abiertos que casi no construían diferencias, como entre los y las tupí-guaraní y otros tan rígidos como entre los grandes pueblos estadistas. Los más heteronormativos eran aquellos que necesitaban soldados para continuar con sus guerras y por lo tanto reproducción de seres humanos: mexicas, mayas, purépechas, mixtecos (ñuu savi), quechuas y aymaras. Los más misóginos eran aquellos que ponían a las mujeres en un sistema de obediencia más allá de la vida: taínos y mixtecos, enterraban viva a la esposa más joven de un alto dirigente cuando moría para que le siguiera sirviendo en el camino al más allá. En este sentido, el sistema sexo-genérico y la heterosexualidad obligatoria adquieren un significado complejo en el sistema político de toda colectividad.
Sin duda, existieron culturas más y menos permisivas respecto a la sexualidad, culturas que persiguieron y castigaron el homo y lesboerotismo y culturas para las cuales tenía un valor simbólico religioso y fueron prácticas apreciadas, toleradas o permitidas a ciertos grupos sociales. Lo cual nos expresa que la sexualidad tiene un valor simbólico y político en todas las culturas. La sexualidad se inserta y sirve a todas las formas de coerción social. Cuanto más opresivo es un sistema más duramente explotará el trabajo de las mujeres ligadas a la reproducción de personas, bienes e ideas. La fuga de la heterosexualidad implicaba una fuga del control, en particular para las mujeres. No es casual que haya más tolerancia a la homosexualidad masculina que a la femenina: el trabajo de las mujeres es trabajo de subsistencia, es absolutamente necesario y no superfluo, por lo tanto no puede fugarse del control.[6] De esta manera, la imposición de la heterosexualidad en culturas incluso prehispánicas, sirvió también para el disciplinamiento y la apropiación del trabajo gratuito. Si bien este sistema de estratificación heteropatriarcal precolonial no estaba alimentado por la racialización, si sustentaba un sistema de castas, lo que potenció a decir de Paredes, el entronque patriarcal.
Breny Mendoza (2001), profundiza el análisis de la heterosexualidad como dispositivo de poder en la estructuración del mestizaje, en la sociedad colonial y postcolonial de Honduras. Afirma que la imposición de la heterosexualidad y sus consecuentes engenerizaciones sirvió pues a la colonización europea para el disciplinamiento de la población, la apropiación del trabajo gratuito de hombres y mujeres y la reproducción de dicha fuerza de trabajo, imposiciones de las que se beneficiaron los hombres colonizados. Apunta tres elementos: Primero, la vinculación entre conquista, racismo y sexualidad, desde donde explica la invasión de los cuerpos de las mujeres, a través de actos de violación sexual cometidas por hombres españoles sobre mujeres indígenas o negras, o en algunos casos en el marco de relaciones efímeras. Segundo, el carácter heterosexual y el factor reproductivo que regulan el régimen de familia patriarcal en un sistema de castas. Tercero, el hecho de que el sistema de castas conduce a una condición de ilegitimidad y de bastardía del mestizo durante la Colonia, lo cual afectó su masculinidad e identidad hasta hoy día.
El mestizaje, producto de la imposición sexual en su cruce con la variable raza, muestra diversos escenarios que estructuran la pirámide de las castas y el destino social de los sujetos, así, mestizas, peronas, pardas, saltapatrás, zambas, indias, etc, nos dice Mendoza, dan cuenta que el concepto de mestizaje ha sido construido como una categoría heterosexual, pues implicó el producto híbrido de la relación entre el español y la mujer indígena, a través de la apropiación de sus cuerpos, de su sexualidad y su fuerza de trabajo. Señala, además, cómo las relaciones homosexuales, en tiempos de la conquista y de la sociedad colonial, fueron silenciadas y eran consideradas irrelevantes en la noción de mestizaje porque no eran “realmente amenazantes” a la pirámide social. Por otro lado, contrario sensu, varias fuentes subrayan que la supuesta homosexualidad (y lujuria en general) de las y los nativos fue denunciada con horror por la iglesia y la Santa Inquisición, como una manera de presentar los pueblos colonizados y esclavizados como inmorales, pecadores y por tanto, merecedores de su suerte.
No hubo cabida para lo femenino-mestizo, ni para la indígena, la negra o la mulata. Las mujeres fueron suprimidas o representadas como “reposo del guerrero”, ausentes en su subjetividad, siempre asumidas como madres, hermanas, abuelas o amantes solidarias, no como entes activos de la vida pública (Mendoza, 2001).
La construcción de la identidad nacional se organizó con base a políticas nacionales de asimilación y/o blanqueamiento, cuando “lo indio” o “lo negro” se convirtió en un “problema”, bajo el argumento que su permanencia significaba el atraso. Si bien había un reconocimiento de la nacionalidad de los y las indígenas, por haber nacido en un territorio nacional en el plano jurídico, en el plano social y político fueron excluidos. La nacionalidad les fue a menudo negada a la gente negra, porque se asumieron primero como simples posesiones de sus amos, y luego, como extranjeros y extranjeras. Las facilidades a la inmigración masiva de personas europeas bajo el argumento de  resolver el problema de “desolación” de los territorios, expresaba una política de racismo de Estado. Entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX, aunque había una amplia reserva de mano de obra indígena y negra, no se acudió a ella, argumentando que no contribuiría al desarrollo, al tiempo que se otorgaba nacionalidad a migrantes europeos y europeas para “mejorar la raza americana” (Euraque, 1996).
Así, la construcción de Nación tiene un significado profundamente heterosexual. Nira Yural-Davis plantea que la cimentación de los nacionalismos envuelven construcciones específicas de masculinidad y feminidad, las mujeres reproducen a las naciones biológicamente, cultural y simbólicamente, por lo tanto su construcción es fundamentalmente heterosexual. La dimensión genealógica ligada al mito de origen común de genes, sangre, raza, construye visiones homogéneas y excluyentes de la nación, sustentadas en el rol tradicional de las mujeres (la crianza) para la perpetuación de su rol. Preocuparse de la pureza biológica, implica el control de la sexualidad de las mujeres, es decir de su reproducción en aras del “bienestar” de la nación, lo que evidencia el conflicto entre lo los intereses individuales y la colectividad nacional. Las mujeres aparecen como guardianas simbólicas y reproductoras del simbólico cultural nacionalista: lenguaje, religión, tradiciones, costumbres, asumidos como escencia constitutiva de la nación, en los que juegan símbolos de género y por tanto construcciones de masculinidad y feminidad, así como la sexualidad.
En su texto La Nación Heterosexual, Ochy Curiel también afirma que la construcción de Nación tiene un significado profundamente heterosexual, debido a que se estructura bajo las dimensiones de un contrato heterosexual basado en la diferencia sexual, lo que le imprime la característica de un régimen político. Si bien la Constitución define la nacionalidad como base de la ciudadanía, puede ser utilizada para limitarla, como es el caso de muchas mujeres y lesbianas migrantes. Aunque la nacionalidad se obtiene por derecho, la ciudadanía está limitada cuando el régimen de la heterosexualidad actúa como demarcador de derechos, por ejemplo el acceso al trabajo y a la vivienda, llevando a situaciones de precariedad y de inseguridad no sólo a nivel local, sino también transnacional, más aún cuando por efectos de la mundialización se genera una división sexual y racial internacional del trabajo que empuja fundamentalmente a lesbianas y mujeres del Tercer Mundo a migrar y a establecer, sin quererlo, relaciones heterosexuales para conseguir papeles y estabilizar su situación migratoria. Son sólo algunos ejemplos que exhiben a la Constitución como ley suprema de la Nación, que no sólo fija los límites de un Estado moderno y sus poderes,  sino y sobre todo, condiciona y orienta las relaciones de sexo,  además de “raza” y clase.  Ese “contrato social y sexual” surgió de la negociación entre las fuerzas políticas y sociales y en el caso colombiano, como otros, contó con el agenciamiento de los grupos subalternizados, los cuales fueron “incluidos” parcialmente. Sin embargo, quienes poseyeron el privilegio de prescribirla, fueron en su gran mayoría, los grupos que han sustentado el poder político, económico, social, sexual y racial. En ese sentido, la nacionalidad y la ciudadanía son afectadas directamente por el régimen heterosexual. Así, mientras el régimen heterosexual se exprese en la constitución misma de cualquier nación, entiéndase, cualquier ley, servirá para delimitar una existencia que escape a las reglas sexo-genéricas, es decir que las bases de la discriminación seguirán presentes mientras la Nación heterosexual tenga existencia.

Bibliografía
Curiel,  Ochy, Descolonizando el feminismo: una perspectiva desde América Latina y el Caribe
Curiel, Ochy, La Nación Heterosexual. Análisis del discurso y el régimen heterosexual desde la antropología de la dominación. Brecha Lésbica, en la frontera, Colombia, 2013.
Galindo, María, Entrevista a
Gargallo en Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América. Editorial Corte y Confección, Ciudad de México, Primera edición digital, enero de 2014. http://francescagargallo.wordpress.com/
López, Miriam y Echevarría, Jaime, Transgresiones sexuales en el México antiguo, Arqueología mexicana, vol XVIII-NÚM. 104, julio-agosto 2010.
Lugones, Maria. Hacia un feminismo decolonial. Disponible en: 
          Heterosexualismo y el sistema colonial / moderno de género, en: Hypatia vol. 22, nº. 1, Invierno 2007.

Mendoza,  Breny, La epistemología del sur, la colonialidad del género y el feminismo latinoamericano

Mogrovejo Norma. Movimiento lésbico feminista del Abya Ayala, encuentros posicionamientos y tareas pendientes

Paredes, Julieta. 2012. Las trampas del patriarcado. En: pensando los feminismos en Bolivia. Conexión Fondos de Emancipación. La Paz.  En : 

Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana, ¿Qué es el feminismo comunitario?. 2014.

Segato, Laura Rita, Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial.
Yuval-Davis, Nira, Género y nación. Centro de la mujer peruana Flora Tristán, Lima 2004.




[1] Lugones en Hacia un feminismo decolonial, cuestiona a Quijano el presupuesto de que género e incluso sexualidad, forzosamente son elementos estructuradores de todas las sociedades humanas y que estas categorías determinen comportamientos en las mujeres por estar ligadas a la reproducción biológica. En esta suposición Quijano acepta, sin darse cuenta, afirma Lugones, las premisas patriarcales, heterosexistas y eurocentradas que existen sobre el género. Disponible en: 
[2] La cosmología aymara plantea la “complementariedad”, de base cosmocéntrica, expresada como el Chacha Warmi, como la comprensión indígena del Género, donde el ser humano es entendido como parte de la biosfera, no sólo de la historia; la oposición hombre-mujer, ora como Jaqi, que no sólo busca la complementariedad de hombres y mujeres, de lo femenino y masculino, sino también, la complementariedad de la naturaleza y la cultura, de desarrollo y Vivir Bien, de capitalismo y reciprocidad, de monoteísmo y animismo, que son las fuerzas y energías arquetípicas que modelan la realidad. Esta definición defendida por el indigenismo es puesta en cuestión por las feministas comunitarias bolivianas para quienes, “completareidad” no se asemeja a equidad, reciprocidad, armonía o equilibrio, ya que la complementariedad en la teoría de conjuntos hay algo principal, y alguien complementa con alguito, la yapita. Con la complementariedad, afirman se ha pretendido naturalizar en el mundo andino, la desigualdad, los privilegios de los varones y la opresión de las mujeres, es decir el patriarcado. El mundo andino no es par ¿quiénes comen más en las comunidades la mejor porción?, ¿quiénes no cocinan, ni crían a las guaguas (niños/as)?, ¿quiénes deciden en la comunidad? ¡Los chachas, los hombres! Afirma Julieta paredes, en entrevista.
 http://www.democraciaglobal.org/noticias/795-feminismo-comunitario-latinoamericano-la-naturaleza-no-es-una-teta-infinita
[3] Francesca Gargallo manifiesta que estando con mujeres y hombres ñuu savi (actuales habitantes de Mixtecapan -país de los mixtecos- o Mixtlán, que abarca parte de los estados de Guerrero y Puebla, y en mayor proporción el estado de Oaxaca) le dijeron una tarde que de no haber perdido la guerra llevada a cabo durante 70 años con los mexicas, un año antes de la llegada de los españoles, seguramente habrían sabido oponer una mejor resistencia a la colonización europea. Pero ya pagaban impuestos a los mexicas y una hija de Moctezuma era la encargada de cobrarlos. Conversaciones con Francesca Gargallo, 17 de junio del 2014.
[4] Miriam López y Jaime Echevarría en el ensayo “Transgresiones sexuales en el México antiguo” publicado en la Revista Arqueología Mexicana Vol XVIII NUM 104, julio-agosto 2010; plantean que si bien la violación a las mujeres estaba penada, era una práctica común durante las guerras. Igualmente afirman que respecto la homosexualidad, los nahuas castigaban al homosexual pasivo sacándoles las entrañas por el sexo, le cubrían de cenizas y le prendían fuego, mientras que al activo lo enterraban vivo con cenizas. Respecto la prostitución afirman que si bien era promovida por el Estado Nahuatl en algunas fiestas ofreciendo entrenamiento sexual a los cautivos o personificadores de dioses, las prostitutas, llamadas maqui, acompañaban a los militares en sus contiendas, algunas eran orilladas a dicha actividad por su extrema pobreza, otras entregadas por sus familiares como tributo y otras por voluntad propia, lo cual nos habla de una estratificación genérica y sexual en favor de un sistema patriarcal.
[5] Gargallo en Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América, apunta que las culturas donde las sexualidades no reproductivas son conocidas, difundidas o aun simplemente toleradas (las homosexualidades) generalmente desarrollan un sistema de relación entre los sexos menos rígidos, reconocen o toleran las personas intersexuales y no cuidan hasta la muerte la castidad de las mujeres antes del matrimonio y la fidelidad de las mujeres después.
[6] Conversaciones con Francesca Gargallo, 17 de junio del 2014.