jueves, 25 de agosto de 2016

Presentación de libro y diálogo por la edición uacemita del libro Feminismos desde Abya Yala de Francesca Gargallo


La Seminaria Feminismos Abya Yala organiza e invita  
a la presentación de libro y al diálogo 
por la edición uacemita del libro 
Feminismos desde Abya Yala.
Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América

Colección Historia de las Ideas, Universi
dad Autónoma de la Ciudade México (UACM), 480 p., 2015, ISBN: 978-607-7798-91-0, de Francesca Gargallo

Con
Francesca Gargallo 
Rubén García Clark 
Seminaria Feminismos del Abya Yala  



Entrada libre 
MIÉ 31 AGOSTO 2016 - 17:30 H


En La Pecera - UACM Plantel Del Valle Calle San Lorenzo 290, Col. Del Valle Sur, CDMX
Metro Hospital 20 de Noviembre Línea 12 Metrobús Félix Cuevas (Eje 7 Sur)



sábado, 27 de febrero de 2016

Las cuerpas lesbianas y la geopolítica del placer


Norma Mogrovejo

Éntreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas…
muchas repugnantes a mi genio,
con todo, para la total negación que tenía al matrimonio,
era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir
en materia de la seguridad que deseaba mi salvación.
Sor Juana Inés de la Cruz.

Ellas m/e atraen hasta tus pedazos dispersos, hay un brazo, hay un pie […] ellas m/e preguntan dónde construirte la sepultura en qué orden recoger tus fragmentos lo que hace que y/o m/e incorpore aullando, y/o pronuncie la prohibición de registrar tu muerte, que la traidora responsable de tu despedazamiento no sea molestada, y/o digo que tú estás ahí viviente aunque despedazada, y/o busco a toda prisa tus pedazos en el lodo […] y/o te recompongo pedazo a pedazo, y/o te reconstruyo, y/o coloco en su lugar los ojos, y/o junto borde con borde las pieles separadas… Wittig, El cuerpo lesbiano.



          El cuerpo de las mujeres ha sido y sigue siendo un territorio de interés geo, económico y político para las invasiones coloniales. Cualquier forma de colonialidad ha tenido y tiene un eficaz enriquecimiento con los cuerpos de las mujeres. La invasión de occidente en los pueblos del Abya Yala, marcó en el cuerpo de las mujeres la política del despojo de los bienes naturales, culturales, materiales y simbólicos de la comunidad y la apropiación del trabajo gratuito de hombres y mujeres. Los fines geopolíticos del colonialismo para someter, dominar, despojar, y sustraer riquezas empezó estratégicamente en el cuerpo de las mujeres.
          La invasión territorial del colonialismo se impuso con la violación de mujeres y el sometimiento físico y económico de toda la población. El cuerpo de las mujeres fue sometido y negociado por el conjunto de hombres. Sin sexualidad ni cuerpo propio, las mujeres constituyeron el activo de la economía colonial.
          Mendoza explica la invasión de los cuerpos de las mujeres, a través de actos de violación sexual cometidas por hombres españoles sobre mujeres indígenas o negras, como una vinculación entre conquista, racismo y sexualidad. De ahí que en un sistema de castas, afirma Mendoza, el carácter heterosexual y el factor reproductivo regulan el régimen de familia patriarcal, núcleo de la organización económica. La imposición de la heterosexualidad y sus consecuentes engenerizaciones sirvieron a la colonización europea para el disciplinamiento de la población, la apropiación del trabajo gratuito de hombres y mujeres y la reproducción de dicha fuerza de trabajo, imposiciones de las que se beneficiaron además de los colonizadores, los hombres colonizados. El mestizaje ha sido construido como una categoría heterosexual, pues implicó el producto híbrido de la relación entre el español y la mujer indígena o negra, a través de la apropiación de sus cuerpos, de su sexualidad y su fuerza de trabajo. [1] El cuerpo de las mestizas, indígenas, negras o mulatas sirvieron para el uso, la explotación, la reproducción y el control de la población y sus jerarquías.
          La colonia significó la anulación y sometimiento de las mujeres por medio de la tortura, la violación o la inquisición, clasificada como no humana o cuasi humana, el cuerpo de las mujeres fue fundamental para el surgimiento y desarrollo del capitalismo y una economía de mercado. Desde donde se pudo desarrollar e imponer una mirada y un modelo económico depredador, explotador y apropiador del excedente de mercancía producida por los grupos y culturas sometidas y esclavizadas por la empresa colonial.
          Para diversas autoras, junto a la racialización y generización se impuso la heterosexualidad característica de la construcción colonial/moderna de las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la heterosexualidad no está simplemente biologizada de una manera ficticia, también es obligatoria y permea la totalidad de la colonialidad del género, en la compresión más amplia del concepto. En este sentido, el capitalismo Eurocentrado global es heterosexual. Esta heterosexualidad ha sido coherente y duraderamente perversa, violenta, degradante, y ha convertido a la gente ‘no blanca’ en animales, a las mujeres blancas en reproductoras de “la Raza (blanca)” y de “la Clase” (burguesa); y a los homosexuales en parias, despreciados, perseguidos y ejecutados.[2] Luis Mott habla del suplicio del aperramiento, castigo mediante el cual perros hambrientos devoraban a una persona viva, como forma de persecución a las prácticas homoeróticas parte de la cultura ancestral, indígenas a quienes los invasores llamaron sodomitas y a las mujeres que se resistían a la violación.[3]
          Diversos autores dan cuenta de la existencia de un "tercer” género, berdaches, chamanes, sacerdotxs que aceptaban prácticas homoeróticas, estaban asociadas a prácticas religiosas (Nahuas y Mayas) [4] o eran parte de la vida cotidiana. Algunas culturas han sido más permisivas que otras, algunas como los mexicas han sido homofóbicos, no así los tlateloscas, sus vecinos. Según Lugones, las diferencias de actividades o comportamientos entre hombres y mujeres no representaban categorías opuestas ni jerárquicas como el binario en su traducción occidental.[5] Para otras autoras como Paredes, existía un concepto de género, eran sociedades patriarcales pero las mujeres poseían propiedad de la tierra, en menor cantidad por lo que no quedaban en la indefensión.
          La relación entre colonialismo, racismo, capitalismo, patriarcado y régimen heterosexual se funda en la división sexual del trabajo y el trabajo no asalariado de las mujeres que incluye las tareas reproductivas y de cuidado que permiten asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo y de la raza. La relación de la pareja heterosexual varón-mujer jerárquica es la que garantiza no sólo la dominación sino también la reproducción de la fuerza de trabajo y del capital.[6]
          La clasi­ficación racial del trabajo se mundializó como un patrón de poder. La idea de raza y la jerarquía etno-racial global atravesó todas las relaciones sociales existentes, instalando nuevos signi­ficados del mundo y de la vida. Las clasificaciones de las castas dan cuenta que el mestizaje ha sido construido como una categoría heterosexual fundada en la violencia sexual contra las mujeres para el control de la población y su trabajo. Escobar afirma que la identidad predominante del cuerpo blanco, racional, productivo, heteronormado y confesional, buscó imponerse a la pluralidad de experiencias de cuerpos mixturados, la blanquitud del cuerpo emergió como ideal para constituir la imagen homogénea y predominante de una nación que aspiraba a un proceso civilizatorio de desarrollo, así nuestras etnias, mestizajes y culturas resultaron atrasadas y obsoletas.[7]
              El cuerpo de las mujeres fue docilizado y el modelo corporal europeo se impuso como superior y deseable. El proceso de blanqueamiento fue una política de estado, de tal manera que la reproducción de la raza implicó estratificación social y por tanto beneficio económico. La Colonia, para Paredes, tiene el significado de invasión evidente o sutil de un territorio ajeno para usufructuar los frutos y productos de los territorios colonizados, y los cuerpos de las y los colonizados para tomar sus ajayus, sus energías, sus espíritus, para enajenarlos, ocuparlos y disciplinarlos hasta lograr la internalización de los invasores en los territorios del cuerpo, la subjetividad, las percepciones y los sentimientos de identidad y deseo.[8] Así, el mayor triunfo del colonizador es que el colonizado piense, actúe y desee como el colonizador.
          Reconocer los agravios que nuestros cuerpos han recibido, nos dice Julieta Paredes, implica recuperar la historia que ha colonizado nuestro pensamiento. El reconocimiento de la existencia del alma de los indígenas devino en la negación de sus cuerpos y en consecuencia, la negación de la existencia entera de las mujeres indígenas (que hasta entonces habían sido puro cuerpo). La colonia puso nuestros cuerpos de mujeres indias, al tutelaje del sistema para la reproducción, el uso sexual, la violencia y la explotación que ha beneficiado a unos pocos. Con el entronque entre el patriarcado originario y el colonial, los hombres indígenas negociaron a las mujeres para mantener su poder político, lo que potenció el poder colonial patriarcal. Para el control de los cuerpos y la sexualidad, la colonia impuso la violación a las mujeres abuelas indígenas y la cristianización de los abuelos indígenas, así se garantizó que la sexualidad sea únicamente reproductiva, heterosexual, y monogámica para las mujeres.[9]
          Para Mariana Berlanga, las conquistas están acompañadas de violaciones multitudinarias de mujeres indígenas y el control de natalidad. Violar se vuelve un arma de perpetración a todos los niveles, no sólo en el entendido de que se está violentando a las mujeres, sino también es considerada humillación a los hombres que se relacionan con ellas, como propiedad de estos. La guerra contra América, se realizó a partir de la guerra en contra de sus mujeres, puesto que este acto garantizaba reproducir la propia dominación de una cultura sobre otra.[10]
          Para Lugones la violenta inferiorizaron de las mujeres colonizadas, fue estratégico para la empresa colonial porque desintegró las relaciones comunales e igualitarias, el pensamiento ritual y su cosmogonía, los procesos colectivos de toma de decisiones, las economías, las construcciones del saber, etc. La violación heterosexual de mujeres indias o de esclavas africanas coexistió con el concubinato como, así también, con la imposición del entendimiento heterosexual de las relaciones de género entre los colonizados, cuando convino y favoreció al capitalismo Eurocentrado global y a la dominación heterosexual sobre las mujeres blancas. La imposición del sistema de género fue y es completamente violento, ha implicado la reducción profunda de hombres, mujeres y el tercer género del Abya Yala. De ser dueñxs de sus territorios, cuerpos, sexualidad, deseo, de su cosmogonía, religiosidad, economía, etc.,  fueron reducidos a la animalidad, al sexo forzado con los colonizadores blancos, y a una explotación laboral tan profunda que, a menudo, los llevó a trabajar hasta la muerte. [11]
          En reemplazo al cuerpo indígena se impuso la imagen del sujeto moderno, hombre, blanco, hétero, padre de familia, como unívoco y estable, hegemónico, vinculado a un ideal eurocéntrico tendiente a la universalización y sustentado en modos del conocimiento con pretensiones de verdad. Habituación y similitud configuran la experiencia corporal de un sujeto inserto en una sociedad disciplinar, cuyo cuerpo se refleja certeramente, categorizado en roles delimitados estrictamente. Esos cuerpos dóciles de la modernidad capitalista corresponden a una identidad forjada en lógica binaria de construcción de alteridades.[12] Así la heterosexualización y la engenerización sirvieron para el disciplinamiento de lógicas binarias, donde la feminización significó sometimiento.
          Junto a la engenerización y heterosexualización, el racismo[13] se impuso como el imperativo de la modernidad y la blanquitud como ejes de la identidad nacional, configurando tensiones con los cuerpos cuya huella racial daba cuenta de procesos históricos signados por el mestizaje entre pueblos y culturas.[14]

Otras genealogías
En los 70s Monique Wittig escribe El cuerpo lesbiano, poesía o canto alegórico, desde donde deconstruye el lenguaje heterosexual y el cuerpo femenino de las mujeres para reconstruir un corpus de un nuevo sujeto lesbiano.
          El cuerpo lesbiano de Wittig es la construcción de un lugar posible más allá de la heterosexualidad normativa, una reivindicación de los cuerpos abyectos, excluidos de la norma social/sexual donde deconstruye los estereotipos de la femineidad, lugares y modos del cuerpo y la subjetividad femenina posibles en el sistema de la heterosexualidad.
          Wittig desafía la erotización heterosexual con el que el cuerpo femenino se ha construido y advierte que la medicina y la pornografía comparten la misma epistemología de representación del cuerpo, como formas de pedagogía biopolítica que enseñan cómo hacerse un cuerpo hetero. En una especie de limpieza ideológica, desintegra el cuerpo, lo deconstruye, lo desmembra, lo vacía de sus atributos heterosexuales, para recordar la abyección del cuerpo lesbiano. Erotiza lo abyecto dando un lugar al cuerpo lesbiano exiliado de lo simbólico. Señala la diferencia que mantiene con el cuerpo femenino que ha analizado, criticado, deconstruido y rechazado. Los nuevos nombres hablan de los nuevos cuerpos. Por eso el cuerpo de la amada es un monstruo, porque es ajeno al universo simbólico aceptado por lo social, pero ese monstruo es adorado y bello, en tanto que está atravesado por el deseo. El cuerpo desmembrado debe ser reconstruido, eso que no tiene nombre hasta ahora debe encontrar su nombre, construir un nuevo lugar, negado hasta ahora por la cultura heterosexual: el cuerpo lesbiano.[15]
          Con este libro, Wittig abrió dimensiones nuevas para el debate sobre las reconstrucciones corporales en términos biológicos y simbólicos. Su propuesta inspiró a Butler, Preciado, el feminismo post estructural, el posfeminismo y la teoría queer, entre otrxs. Lo simbólico del cuerpo tomó dimensión, la posibilidad de trastocar los dispositivos disciplinarios del cuerpo, y hacer construcciones autónomas, no seriadas como indisciplina al sistema binario y fundamentalmente heterosexual, se convierte en desafío y muchxs intervienen sus cuerpos.
          El cuerpo lesbiano es un desafío epistémico, pone en cuestión  la aprobación de la mirada masculina y el entendimiento de la cultura y la forma de organización social. Fugar de la feminidad, vaciar el cuerpo y la razón heterosexual tiene dimensiones políticas. Está en cuestión un modelo civilizatorio heterosexual, colonizante, racista, clasista, sexista, que ha impuesto a la mujer la subordinación a partir de su cuerpo feminizado. Diversos autores han denominado como “violencia epistémica”, la imposición de un tipo de conocimiento asumido como universal para someter y explotar a las poblaciones colonizadas, de quienes se desaparece su cultura y conocimientos tras conceptos de atraso y subdesarrollo. Un conocimiento biologizado que naturalizó la heterosexualidad.

El Régimen heterosexual
De la misma manera que el racismo construyó una idea de raza desde lógicas de poder, Monique Wittig, afirma que el "sexo" es sólo una construcción sofisticada y mítica, una "formación imaginaria" que reinterpreta los rasgos físicos  en función y a través del entramado de relaciones por las que son percibidas. En tal sentido, sexo, es una categoría política totalitaria que funda la sociedad como heterosexual; con sus propias instituciones, su propio sistema de leyes, su propia policía. Conforma el cuerpo y la mente, hasta el punto de que no podemos pensar fuera de ella. La heterosexualidad constituye un Régimen Político, concluye Wittig, se expresa en los discursos, instituciones, mecanismos, prácticas, que organizan la vida social sobre la pretendida idea de la diferencia sexual como algo natural o dado sobre lo que se funda toda sociedad o comunidad. La ideología de la diferencia sexual instala la idea de la existencia de dos sexos que tiene efectos no solo a nivel de lo simbólico y la signifi­cación del mundo, sino efectos materiales económicos y políticos en la vida de quienes así son definidos por la relación heterosexual como varones y mujeres. Para Wittig la categoría de sexo produce materialidad en tanto defi­ne una relación jerárquica y los sujetos de esta relación.[16]
          La modelación del cuerpo sexuado, la generización masculina o femenina, dispositivo de regulación ejercida desde ámbitos de poder posiciona a uno de los cuerpos e identidades al servicio del otro. La construcción de esa diferencia sexual aparentemente irreconciliable en base a supuestos biologistas, marca el género, entendida como complementariedad. Así la feminidad, sin lugar propio, está construida al servicio de la masculinidad, lo que significa, trabajo doméstico gratuito y reproducción biológica. Para varias lesbianas feministas radicales el lesbianismo se presenta como una relación no reproductiva y por tanto anticapitalista. Así, autoras como Cheryl Clarke, lesbiana feminista marxista y antirracista, plantean el lesbianismo como un acto de resistencia señalando que “tiene toda la posibilidad de trastocar la heterosexualidad como uno de los sistemas de la opresión de las mujeres, siempre y cuando parta de una visión antirracista y anti clasista”.[17]
          Desde el feminismo lésbico, la heterosexualidad ha sido entendida como dogmatismo, un lugar donde la mirada masculina modela los deseos y aspiraciones de las mujeres, a lo que Wittig denomina falsa conciencia, o a lo que Paredes denomina, el robo de los ajayus; la internalización de lxs colonizadores en los pensamientos, deseos, aspiraciones y proyectos de lxs colonizadxs. En consecuencia, la heterosexualización va de la mano de regímenes coloniales, es una forma de colonización.
          En 1970, Carla Lonzi publicó “Escupamos sobre Hegel y otros escritos sobre liberación femenina”, señalando que “La imagen femenina con que el hombre ha interpretado a la mujer, es una invención suya, el hombre siempre ha hablado en nombre del género humano. Consideramos incompleta una historia que se ha construido, siempre, sin considerar a la mujer como sujeto activo de la misma”. Con esto Lonzi define la heterosexualidad como un dogma que considera a las mujeres como complementos “naturales” de los hombres, relación que se sostiene  a través de la reproducción.[18] Posteriormente, en 1975, aparece el texto The normative status of heterosexuality escrito por el Colectivo de lesbianas feministas Purple September de Ámsterdam en el cual se afirma que una de las definiciones implícitas de la feminidad es la heterosexualidad y que el objetivo general del condicionamiento femenino es hacer que las mujeres se perciban a sí mismas y a sus vidas a través de ojos masculinos, lo que da a la heterosexualidad un estatuto normativo.
          La heterosexualización, como la religión católica tiene lógicas de fe, por tanto disciplinarias y jerarquizadas para el dominio y la explotación económica, no en vano coincidieron en la empresa colonizadora, vivir en clave heterosexual no deja de ser sospechosa de obediencia. Para el feminismo lésbico de los 80s, la estrategia estaba en transformar la esfera privada y los roles masculino femenino, que sostiene la división del trabajo.
          Si el espacio privado era la razón del confinamiento, para algunas feministas se debía arrebatar de la exclusividad masculina el espacio público y ocuparlo. Sin embargo, para otras, había que transformar algunos aspectos del ámbito privado, uno de esos era la sexualidad. Es así que  las radicales acuñan “lo personal es político”, que sirvió para analizar espacios de la vida privada. Kate Millet plantea que “La estructuración de la sociedad a través de la división sexual, limita las actividades, trabajo, deseos y aspiraciones de las mujeres. El sexo es una categoría de posición social con implicaciones políticas”.[19] Transformar lo privado implica transformar las reglas de la relación entre hombres y mujeres y en consecuencia los roles femenino y masculino, lo que a su vez trastocaría profundamente las bases de la política que se estructura en términos de dominio y subordinación entre los sexos.[20]
          Que el sexo sea una categoría con implicaciones políticas, refiere al valor diferenciado en lo político, económico y social que tienen hombres y mujeres. El concepto hombre y el concepto mujer son políticos y deben destruirse para desaparecer la heterosexualidad como régimen político, afirma Wittig. En su texto el cuerpo lesbiano, Wittig propone cuerpos lesbianos devenidos monstruos, reconstruidos como fuga de la engenerización o feminización. Un desafío que muchas lesbianas asumen sin hacerlo consiente, cuerpos abyectos a la aprobación de la mirada masculina y el heteropatriarcado, para el gozo lésbico exclusivo, en consecuencia, libres de las imposiciones reproductivas.

Las fisuras del régimen heterosexual y la recuperación del cuerpo territorio
Las fisuras de la modernidad como modelo civilizatorio, impactan de manera profunda en los modos de conformación de los sujetos. El cuerpo puede entenderse como un campo en pugna por las distintas fuerzas que producen sujeto en contextos de espacio-tiempos particulares. La modernidad como modelo civilizatorio opera mediante la producción de subjetividades, para ello busca intervenir los cuerpos, moldeándolos hacia identidades que se privilegian como modelos poblacionales. Intervenir el cuerpo da lugar a la producción de sujeto, de manera que corporalidad y subjetividad acontecen en íntima conjunción. Indagar por el cuerpo nos remite al tipo de sociedad en el que éste es posible, así la producción de sujeto está relacionada a determinados proyectos políticos, en los que operan tanto la obediencia como la resistencia. La resistencia a las sobredeterminaciones corporales a lo que algunos autores han denominado la cultura somática de la modernidad, que han buscado consolidar los Estado-Nación (orientado al modelo de desarrollo euro y anglo céntrico), con énfasis en la modernidad capitalista (de acumulación y consumo), dan cuenta de las tensiones del sujeto en un modelo civilizatorio hegemónico.[21]
              Cuerpos insumisos dieron cuenta de las fisuras del modelo civilizatorio. Mujeres que entendieron que su destino al lado de un hombre sería de sometimiento prefirieron el convento, la soltería, el travestismo, la locura o la disidencia. Las que reivindicaron sus cuerpos indios, negros, deshumanizados, las que prefirieron intervenir su cuerpo procurando un cuerpo no deseable para los hombres. Mujeres que devinieron monstruos a los ojos del heteropatriarcado porque no respondieron a modelos estandarizados, objetos del consumo capitalista. Nada sencillo ha sido o es para las mujeres, vivir fuera de la norma hetero patriarcal. Acusadas de brujas, herejes, locas, inmaduras, las mujeres están predestinadas al servicio de un hombre y la colectividad masculina, a menos que la insumisión tenga lugar.
          Nuestros cuerpos han resistido siglos de opresión colonial. Sobre estos cuerpos ha recaído el racismo, el sexismo, los distintos sistemas económicos, el régimen heteronormativo y diversas formas de imposición. Nuestros cuerpos han resentido la apropiación de nuestro trabajo, la violencia física, las violaciones como marca de conquista de un nuevo territorio o estrategia de disciplinamiento; la destrucción de nuestra cultura y conocimientos, la imposición de un modo de pensar, el disciplinamiento genérico y sexual, entre otros.
              Julieta Paredes afirma que las lesbianas siempre estuvimos en el Abya Yala como en una trinchera, lo que el sistema pretende separar, reducir al hecho de la cama. Con el cuerpo luchamos, con el cuerpo soñamos. Las “Chullas”[22] eran estrategas guerreras en los levantamientos indígenas, no eran parejas heterosexuales de los guerreros. No llevaban el actapi, la merienda, estaban encargadas de la logística y las estrategias militares, y no se les conocía varón. En los procesos de independencia y la formación de los Estados Nación, hombres y mujeres indígenas pusieron sus cuerpos como carne de cañón. [23]
          La descolonización tiene la dimensión de la recuperación de la  tierra, territorios, la soberanía de nuestros pueblos y la recuperación del cuerpo territorio de las mujeres, la soberanía de los cuerpos, lo que a decir de Julieta Paredes implica la denuncia de la heterosexualidad obligatoria, la violación a las mujeres como práctica machista, de la penalización del aborto, del matrimonio, de la monogamia de las mujeres y la invisibilización de las lesbianas o marimachos en las comunidades y en el imaginario del proceso de cambio.[24] En ese sentido, la soberanía de los cuerpos de las mujeres tiene la dimensión territorial, la lucha por la autodeterminación de los pueblos y los cuerpos de las mujeres.
          Hablar de cuerpo territorio ha implicado asumir el cuerpo de las mujeres como territorio político para la liberación. Para las feministas comunitarias xinkas, la recuperación y defensa del territorio, cuerpo y tierra, implica reconocer que el cuerpo de las mujeres ha sido expropiado históricamente y asumir como principio feminista de mujeres comunitarias la recuperación de ese primer territorio de energía vital que es el cuerpo.[25]
          Dorotea Gómez, maya k´iché, lesbiana feminista y antropóloga, da cuenta de la somatización que su cuerpo sufrió producto de la guerra y el etnocidio guatemalteco, alergias que la medicina alópata nunca pudo curar. Acercarse al feminismo le permitió comprender su historia de dolor y conectar su cuerpo con su existencia como mujer que renunciaba a sobredeterminaciones sociales como la heterosexualidad. Asumirse  lesbiana feminista,   adquirió   un   significado  político  y  espiritual: apostar  a  la  descolonización  patriarcal   desde  el  cuerpo    y  la   sexualidad, ello implicó  un   proceso  profundo  de  reflexión  emocional,  política  y  espiritual. Decidir  sobre  el propio  cuerpo, le requirió fortaleza para lidiar  con  el  racismo y la exclusión  lesbofóbica y reivindicar su cuerpo como un territorio político de liberación de las imposiciones patriarcales.[26]
          Pensar nuestro cuerpo como producto de los intereses del poder heteropatriarcal colonial, implica reconocer que es ese poder masculino que modela los cuerpos femeninos, a la medida del servicio, el uso y el abuso. En esa deconstrucción detectamos resabios impositivos del falogocentrismo en la imposición de un cuerpo físico, delgado, occidental, acéptico, sin vellos a costa de la salud, el uso de uñas postizas que inutilizan los dedos, el uso de brasieres, el modelaje insano de un cuerpo tipo barbie, la obsesión por el cuerpo delgado, por las nalgas prominentes, el rostro sin arrugas, el desprecio al abdomen crecido, el uso de tacones, ropa apretada, etc., y toda aquella práctica estética que inutiliza la libertad de acción de las mujeres,[27] y que ha pretendido su cosificación como figura decorativa y sexual. La frase de Sheyla Jeffreys “la liberación de las mujeres no será posible mientras se considere sexy su subordinación”[28] refiere a un sistema que ha aniquilado la capacidad de las mujeres para identificar los dispositivos de su propia subordinación, asumiéndolos como “ideales propios de su sexo” para el beneplácito de su opresor.
          Así, deconstruir la representación de lo femenino como modelo normativizado al servicio del poder hetero-falogocéntrico, no implica necesariamente asumir los modelos masculinos de representación genérica, aun cuando para algunas lesbianas les es válido, a pesar de que tengan que recibir permanentes señalamientos de “error” programático.[29] Ni darles la vuelta, ni peyorizar lo femenino, el proceso implica un cuestionamiento profundo de los viejos estereotipos y valores de la sociedad hetero-patriarcal, la descolocación de la imposición de un modelo de lo bello/bueno/verdadero/natural/etc. Que ha significado opresión. La alternativa “entre mujeres” puede remitirnos también a la permanencia de  ciertos valores de la heterosexualidad. Sin embargo la crítica lesbofeminista a la deconstrucción del cuerpo heterosexual y la resignificación de la cuerpa lesbiana, que supone un quebranto a vernos a través de los ojos de los hombres, puede ser un proceso interesante de resignificación de las representaciones genéricas.
              Gargallo plantea que la lucha por el cuerpo territorio si bien tiene una crítica a la construcción de la corporalidad femenina y la reapropiación del cuerpo propio, tiene sobre todo la resistencia a la privatización de la tierra y la asimilación de la cultura patriarcal de las repúblicas latinoamericanas y sus leyes centradas en la defensa del individuo y su derecho a la propiedad privada, una confrontación a la ideología capitalista que se impondrá en cada rincón del mundo, apropiándose de todas las tierras comunales e imponiendo una única economía salarial del trabajo. Las ideas de la buena vida de las mujeres pensadas desde comunidades indígenas actuales, en el campo y la recomposición del colectivo en los barrios marginales urbanos, incluyen la idea de economías comunitarias, solidaridad femenina, territorio cuerpo, trabajo de reproducción colectivo y antimilitarismo.[30]
          La defensa de la tierra sigue siendo una de las demandas vigentes desde la colonia ya que la apropiación de la misma ha tenido modos y reacomodos en los distintos regímenes. Chuy Tinoco, da cuenta de la forma en que la militarización es una estrategia del neoliberalismo para la apropiación de territorios, el desplazamiento de poblaciones y la forma en cómo ello afecta particularmente al cuerpo de las mujeres. La política de la lucha contra el narcotráfico, con la Iniciativa Mérida, impuesta por Estados Unidos al Abya Yala, advierte, similar a la lucha contra el terrorismo impuesta hace algunos años, sirvió para reprimir impunemente todo deseo de libertad, igualdad y justicia, tiene como fin militarizar los territorios con presencia de  la  CIA, la DEA, el FBI y el Pentágono por parte del gobierno norteamericano y los correspondientes en los países del Abya Yala como estrategia para recolonizar la región por medio de políticas económicas y la apropiación de los territorios de pueblos originarios. Ello ha provocado desplazamientos, poniendo en situación de riesgo a niñas y mujeres con el tráfico de mujeres y feminicidios. La militarización las desplaza a las maquiladoras instaladas en las fronteras, trabajos deshumanizados para luego deshacerse de ellas traficándolas y consignándolas a la esclavitud sexual, generando mayores ganancias a las redes criminales, dice Chuy. Los cuerpos de las mujeres generan plusvalía, muchas de ellas después encuentran la muerte. Mujeres y lesbianas que originalmente huían de la violencia doméstica y sexual dentro de sus familias, recorren de punta a punta su país, encontrándose con la crudeza y la impunidad que envuelve la militarización, los ejércitos que se han apropiado de caminos, de centros de diversión y centros laborales.[31]
          Si nuestro cuerpo es territorio donde operan los múltiples mecanismos de dominación, como describe Chuy, es también lugar donde se evidencian nuestras resistencias. La construcción de una cuerpa política en resistencia, llámese cuerpa lesbiana, implica no únicamente la defensa de la autodeterminación del cuerpo biológico sino, también del territorio del Abya Yala como unidad corporal a la que hay que liberar de todas las formas de colonización que están presentes y que con el neoliberalismo y las políticas extractivistas han encontrado nichos de expansión. La cuerpa lesbiana es pues un sujeto colectivo contrahegemónico, antipatriarcal, anticapitalista, anticolonial, anticlasista, antijerárquico, así lo consideran y reconstruyen varias lesbianas feministas:
          Para Marian Pessah, el carácter político por sobre el amoroso o sexual del lesbianismo es la posibilidad de apropiarnos de nuestros cuerpos. La lesbianidad es una categoría política y no una circunstancia amatoria/amorosa/¿coyuntural? ¿Si no amo, no soy? ¿Y si no soy amada, vuelvo a la norma heterosexual? La idea es revisar y (re)crear las formas de vida que nos lleven a vivir en armonía con nuestros cuerpos, placeres, deseos, amores, reinventando nuestros propios códigos. Sin propiedad privada de cuerpos, ni deseos instituidos.[32]
          Para Binford, la resignificación del concepto mujer por parte de las lesbianas implica una construcción colectiva del cuerpo Lesbiano. En su tesis de maestría, La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas, plantea que el cuerpo es una unidad compleja en la que intervienen dimensiones fisiológicas y socioculturales y es, además, un sitio en donde el patriarcado ha instaurado su poder. Dicho poder patriarcal se ejerce mediante la expropiación del cuerpo femenino, a partir del mandato de ser para otros. “Así, el control que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres rige para garantizar que la mujer haga del mismo un uso apropiado, lo que significa su uso en función de la persona a que se encuentre asignada”. Binford visibiliza el cuerpo lesbiano como forma de resistencia, en grados de conciencia diversos y escribe: “De alguna manera, las mujeres lesbianas resignificamos el término ‘mujer’, tal como es entendido por el sistema patriarcal”.[33]
          Nadia Rosso concibe el cuerpo lesbiano como un territorio de resistencia a la imposición patriarcal a través del matrimonio monogámico y heterosexual, institución que a través del amor romántico mantiene a las mujeres en situación de servidumbre. El matrimonio monogámico, afirma Nadia, es la institución que ha convalidado la violencia para la apropiación de los hombres sobre los cuerpos y sexualidad de las mujeres. A pesar de que el origen del matrimonio era económico-social, de alianza entre tribus, de manutención de la propiedad privada, de adquisición de mano de obra gratuita, modernamente el matrimonio para legitimarse asume el discurso del amor. La resistencia a este sistema opresivo, se vive cotidianamente desde el cuerpo lésbico. Un cuerpo que busca descolonizarse y deslindarse de todos los parámetros sociales impuestos para una mujer. Un cuerpo insumiso, que busca libertad. Este es un cuerpo heterogéneo que se construye a sí mismo con sus propios referentes, pero con algo en común: la disidencia. Los cuerpos disidentes que se niegan al coito obligatorio, a la sumisión, a ser amas de casa, a ser esposas, a la maternidad obligatoria.[34]
          Lyliana Chávez desde un pensamiento anarquista, reflexiona sobre la política del cuerpo como la necesidad de sanación y reparación histórica a los agravios recibidos en lxs cuerpxs, lo que permite hacer una crítica a las jerarquías y sobredeterminaciones y la responsabilidad personal de la transformación creativa desde lxs cuerpxs. La política entendida desde lxs cuerpxs, afirma Lyliana, desde el deseo, desde las relaciones mismas, amplía enormemente el ámbito de acción y propuesta política; pero también de responsabilidad tanto personal como colectiva. El asumirse mujer en un contexto donde discursivamente las identidades son desdibujadas y/o móviles, sigue siendo pertinente. Si bien ha habido una inclusión de las mujeres en nombre de la “equidad de género” dentro de las prácticas políticas partidarias por ejemplo, desde el feminismo autónomo, específicamente anarquista se cuestiona y se construye más allá del mantenimiento e inclusión en el orden establecido. Desde esta perspectiva, señalada y de la mano de propuestas por la autonomía y autogestión, se busca reconocer la propia voz y prácticas políticas en cuestionamiento de las jerarquías en todos los niveles. Es así que se vuelve necesaria la acción no únicamente en señalamiento de una forma de opresión sino en la totalidad de las mismas. Es de acuerdo a contextos específicos, historias de vida, que cobra sentido el posicionarse de una u otra forma. No se trata de identidades fijas, universales o esenciales, sino cambiantes, específicas y en revisión constante, ojalá no entendidas ni apropiadas como dogma sino como convicción sentida y auto-reflexiva. El lesbofeminismo surge como una experiencia y propuesta desde lo íntimo hacia la colectividad, en una búsqueda, donde el posicionamiento discursivo sin práctica seria, es una incongruencia. Es un camino cargado tanto de posibilidades como de retos porque las referencias que rigen desde lxs cuerpxs están naturalizadas en un orden patriarcal. Se requiere de una disposición, esfuerzo y energía continua y renovable tanto personal como colectiva para la no reproducción sistemática  o no caer meramente en el discurso; se necesita más que de razón. Está en cuestión todo lo que implica lo que muchas entendemos como sanación y reparación histórica no únicamente generalizada, sino dentro de la propia historia de nuestrxs cuerpxs y relaciones, para poder compartir desde sitios no opresivos y poder crear de forma diferente.[35]
          Reconstruir el cuerpo lesbiano como un territorio de resistencia a la imposición patriarcal desde el lesbianismo feminista tiene diversas aristas, ha significado resignificar los agravios que nos tocó vivir históricamente y en consecuencia resimbolizar la cuerpa en términos físicos, culturales, simbólicos, sociales y políticos. La apropiación de este cuerpo, ha implicado reconocerlo, nombrarlo y renombrarlo, Cuerpa lesbiana, Cuerpas lesbianas, se escucha desde reflexiones personales, colectivas, talleres, encuentros, etc., desde donde se deconstruye el cuerpo heterosexual del Abya Yala.

         
La cuerpa lesbiana y la geopolítica del placer
          En la escuela para la libertad de las mujeres de Oaxaca, un proyecto de formación lésbica feminista, con especialidades técnicas y manuales (oficios no tradicionales) discutíamos sobre los intereses geopolíticos de los países colonizadores para invadir territorios, y las estrategias de dominación como la violación a mujeres. La recuperación del cuerpo territorio tiene también una estrategia geopolítica para la autonomía, tanto en la geografía corporal, conocerlo, cuidarlo, liberarlo de mandatos corporativos médicos, estéticos, alimentarios, etc., conectarlo a la naturaleza y el universo, reconocerse en las cuerpas de las nuestras; como en la reapropiación del placer autónomo, como desafío al heterosexualismo. La recuperación de nuestros territorios pueblo, también tiene el objetivo del placer y la conexión con la pacha mama.
          La geopolítica del placer plantea la habilidad de la re-apropiación del cuerpo de las mujeres para el placer propio o compartido desde el conocimiento, atocuidado, defensa corporal, deconstrucción de imaginarios corporales de obediencia y auto conocimiento para el disfrute y un desafío al régimen colonial moderno y heteropatriarcal. La geopolítica del placer plantea una destreza de recuperación de la cuerpa como construcción colectiva de sujeto que le disputa a la hegemonía hetero patriarcal blanca imginarios que valorizan, jerarquizan e imponen modelos civilizatorios. Es la estrategia en la construcción de la cuerpa lesbiana. Un parte importante del módulo de sexualidad de la Escuela fue el conocimiento de nuestra geografía biológica y morfológica y el taller de sexo divertido o cómo usar los juguetes sexuales para la autonomía sexual, como una estrategia geopolítica del placer.
          La cuerpa lesbiana es una respuesta al modelo unívoco de sujeto como fue la exigencia de la modernidad como modelo civilizatorio. Atenta a la primacía de “la” identidad del sujeto moderno: hombre, blanco, hétero, padre de familia, o su suplemento, mujer hétero, monógama, blanca aspiracional, dedicada a la familia; un sujeto vinculado a un ideal eurocéntrico tendiente a la universalización y sustentado en modos del conocimiento con pretensiones de verdad. Es una deconstrucción de la feminidad y sus representaciones de obediencia y subordinación. En la alteridad, es parte de la construcción de “lo otro” como subrogado, déficit, menor, “eso” distinto a lo que precisamente ratifica la pretendida normalidad de quien domina. La cuerpa lesbiana es fundamentalmente un territorio en búsqueda de autonomía ante cualquier tipo de sobredeterminación. La cuerpa lesbiana desarticula un modelo civilizatorio sustentado en la masculinidad, la blanquitud y el régimen heteropatriarcal.
          La búsqueda de una cuerpa lesbiana cuestiona no solamente la imposición físico biológica de un cuerpo femenino determinado para el servicio de la masculinidad, sino, también el posicionamiento epistémico de la construcción de un sujeto corporal insertado en tramas de poder-saber-actuar con el que organizan la población para subordinarla y explotarla.
          En 2010 escribía sobre la cuerpa lesbiana: “Sigue siendo una incógnita, una necesidad en construcción que parte de una negación, no quiero un cuerpo para los demás, necesito un cuerpo para mí, fuera de la lógica masculina y heterosexual en un intento por romper con una historia sobredeterminada por el cuerpo femenino”. Soy una lesbiana atrapada en un cuerpo de mujer. Este es un cuerpo que ha sido construido culturalmente, del cual no puedo escapar y sin embargo también lo voy construyendo día a día. Estoy en el límite entre mi construcción personal de este cuerpo propio y la sobre determinación de la sociedad, hecha en base a un pensamiento colonial de lo que es ser mujer, del cual yo trato de escapar.[36] Cinco años después, encuentro muchos más referentes en la construcción colectiva de las cuerpas lesbianas, diversos colectivos, algunas investigaciones, activistas, afirman a las cuerpas lesbianas.
          Desde la experiencia de lesbianas en consultas ginecológicas,[37] Karina Vergara reflexiona sobre esos cuerpos lesbianos disidentes al mandato heterosexual, al que denomina “La cuerpa lesbiana”. En ella encontré lógicas discriminatorias y violencias del sistema médico que dan cuenta de un fenómeno de dimensiones políticas; afirma, pues resultan de una estructura social, cultural y económica que controla el cuerpo y la sexualidad de las mujeres en general, es decir, las somete a la heterosexualidad obligatoria.[38]  Sin embargo, también pude ver que tanto la enunciación como propia presencia  de la cuerpa lesbiana en el consultorio era en sí misma una acción política que descolocaba las lógicas institucionales ante el sujeto que exigía atención, pero no era el esperado por el sistema. Esta cuerpa política desafía al régimen heterosexual. Donde se manifiesta, la cuerpa, interpela, cuestiona y dinamita visiones ya concebidas de cómo debe de ser la vida, lógicas institucionales e incluso científicas y tecnológicas concebidas desde la heterocentralidad.
          Karina Vergara afirma que algunas colectivas lésbicas feministas en distintos lugares del Abya Yala y lesbianas feministas independientes han venido usando el concepto Cuerpa[39] o Cuerpa lesbiana, sí, con la “A” ruidosa, incómoda y poco decorativa que a tanta gente incomoda porque deforma el lenguaje, porque suena feo, la A necesaria para marcar disidencia, La cuerpa de las lesbianas, como constructo teórico político está en desarrollo todavía, pero sirve para referirse a aquella unidad físico–biológica con genitales y características que le asignan el sexo femenino, pero que no es el cuerpo femenino construido en relación y/o correspondencia al masculino, si no esa construcción para sí misma en una lógica diferente a la de la heteronormatividad. Nombrar la cuerpa lesbiana no es sólo un asunto que atañe a la conformación o transformación del lenguaje, es un ejercicio de enunciación política. Para enunciar la cuerpa existe un proceso previo que parte de una existencia lesbiana, la que de acuerdo con Adrienne Rich, sugiere pensar tanto en la presencia histórica de las lesbianas, como en la puesta en marcha del sentido de tal existencia. Así, esta puesta en marcha se convierte en algo que he llamado lesbopolitización.[40] Se construye una existencia política, sexual y de placer, existencia sexopolítica, la cual construye a su vez un cuerpo: cuerpo político–cuerpa–.[41]
          La heterosexualización y engenerización han hecho posible que después de 500 años las estructuras de dominación colonial sigan presentes, las que se han alimentado del racismo, el clasismo el neoliberalismo, nacionalismos y militarismo. Desafiar el poder hetero patriarcal, la estructura que parecía natural y perpetua, implicaría desheterosexualizar la cuerpa, el pensamiento y la cultura. La cuerpa puede devenir monstruo o cualquier otra figura, pero es estratégico denominarla lesbiana. Políticamente hablando la lesbiana es una identidad política que desafía el poder patriarcal, al tiempo que recupera el amor, afecto y solidaridad entre mujeres, pactos de apoyo mutuo perseguidos por las sociedades patriarcales. Esta cuerpa política desafía al régimen heterosexual. Donde sea que se manifieste, interpela, cuestiona y desestructura visiones ya concebidas de cómo es o cómo debe de ser la vida, las lógicas institucionales e incluso la aplicación de la ciencia y la tecnología concebidas desde la heterocentralidad. Incluso diversas autoras señalan que la relación sexo afectiva entre lesbianas feministas[42] no genera división sexual del trabajo y por tanto, tampoco plusvalía.
          La construcción de la cuerpa lesbiana tiene una ruta autónoma. No le pide permiso al estado el ejercicio de su autodeterminación. Para las lesbianas, empezar a verse con ojos propios, ha permitido recusar planteamientos teóricos, ideológicos, políticos y espacios donde lo lésbico está condicionado a la presencia de un otro, de un sistema de dominación masculino y heterosexual, lo cual ha implicado la crítica a la política de solicitud al estado patriarcal por parte del feminismo institucional, y ha posibilitado organizarse, realizar acciones políticas, ser un referente, y presentarse como un sujeto con voz y cuerpo propio. Lesbianas en cuerpo de lesbianas.
          Lyliana Chávez, desde la revisión de las acciones artístico-políticas de un grupo de jóvenes lesbianas anarquistas, “Las Sucias”, con las que reconstruyeron conceptos, imágenes, lógicas, mandatos genéricos y mitos sobre la sexualidad, propone la creatividad artística como herramienta de deconstrucción corporal y reconfiguraciones de cuerpos políticos, entre discursos y prácticas. La revisión de la “autoconstrucción” identitaria de lesbianas feministas, como acción política, y su vínculo con procesos creativos, nos invita a la reflexión sobre la importancia de la construcción del conocimiento y las formas y medios de su materialización, situándolas como sujetas activas que se posicionan críticamente, reflexionan y transforman sus contextos, afirma. La expresión artística y/o creativa va cargada de un deseo cuya definición es contextual, y cuya apreciación y valoración estética se debe a cánones aprendidos. Las acciones creativas-políticas, aportan a las prácticas de visibilidad, incidencia y referencia. Los procesos creativos tienen la posibilidad de plantear caminos más allá de los racionales, desde lenguajes corporales y emocionales, con humor y de manera lúdica, sin dejar de señalar lo que se busca visibilizar, transgredir, nombrar, señalar y crear. Y en consecuencia replantear otras formas de vivenciar lo social, lo económico, lo político, y la relación entre lo privado y lo público entre muchas otras. La “virgen de las panochas” como un acercamiento “gozoso”, por ejemplo a lxs propixs cuerpxs, al igual que las “antimuñecas”, o el poner la cuerpa en la calle para incidir de forma creativa, como hacían las Sucias[43] y muchas compañeras, es una buena referencia al respecto. Lo mismo que valorar la propia voz a través de herramientas creativas personales y colectivas, que si bien no generan un cambio total; lo acompañan e incentivan y dejan registro, nombran, dejan huellas y rastros.[44]
          La construcción de esta cuerpa lesbiana del Abya Yala, tiene distintas referencias lúdicas, creativas, insurrectas, de ruptura, antisistémicas, las que constituyen ese corpus lesbiano. Varias de las acciones lesbofeministas, ejercidas desde la autonomía y radicalidad forman parte de esa construcción colectiva. Mencionaremos algunas, como pincelada de las agencias políticas de una sujeta colectiva que corporaliza y politiza su propuesta antisistémica.

Sin Honores a la bandera, Muerte a la patria, que Arda el patriarcado
Jornadas de celebraciones antipatrióticas, antipatriarcales, anticapitalistas, en el marco del espectacular circo patriótico que celebra la hipócrita e inexistente independencia nacional. Diferentes actos en los que se puso en cuestión la supremacía del hombre y sus “valores” autoritarios, de los cuales surgió la patria. Un recorrido mortuorio cargando la bandera de México que llevó como símbolo patrio un águila pegándole con un tolete a la serpiente, fue seguido por decenas de personas encapuchadas y con grilletes tricolor, marcharon dentro de las instalaciones de la UNAM, donde al final del recorrido quemaron la bandera y los grilletes patrios. Actividad que terminó con un acto político de discusión y reflexión sobre la patria, el patriarcado y el lugar de las mujeres en dichas instituciones.[45]

La maja velluda: el vello es bello
Una intervención publicitara con pegatinas de pelos sobre las axilas de las modelos de las vallas publicitarias de las paradas de buses, metro, quioscos, etc., para recrear y generar cuestionamientos en las representaciones normativas de la belleza y los cuidados de los cuerpos de las mujeres.[46]

“Sororidad Insumisa. Con todas las secuestradas por los estados”
Un fancine que desde la búsqueda de sororidad por las mujeres secuestradas en cárceles por desobediencia al régimen heteropatriarcal, llaman a la acción como urgencia. “Enfrentar lo k diariamente nos castiga dentro y fuera, reconociendo k hay diferentes jaulas, concientizarnos y actuar boicoteando practicas k las avalen. El fancine, editado por las Chuekas, presenta los casos de seis mujeres, presas de conciencia, activistas anarquistas, lesbianas, mujeres pobres o jóvenes, procesadas judicialmente con los valores del heteropatriarcado clasista y racista, tres de ellas condenadas a más de 21 años de encierro, en países latinoamericanos y el Estado Español, además del llamado a  la sororidad, proclaman GUERRA AL ESTADO Y SU SOCIEDAD HETEROPATRIARKAL CAPITALISTA! INSUMISIÓN!! SORORIDAD, CONSPIRACIÓN Y VENGANZA!!!”[47]

La Clausura del Hotel Alcazar
Una acción convocada por el grupo “Las licuadoras”[48] el 9 de marzo del 2014, en apoyo a Yakiri Rubio, una joven sobreviviente de feminicidio que fue secuestrada, violada en dicho hotel y acusada de homicidio por haberse defendido de su agresor, volteando el cuchillo que la iba a matar. Con batucadas, consignas y performances, diversos colectivos de mujeres[49] apoyaron a Yakiri en el proceso judicial que se le seguía. Las Likuadoras tuvieron una especial participación por el carácter autónomo de sus propuestas y consignas dirigidas fundamentalmente hacia la reparación histórica. “Verga violadora, a la licuadora, a todo violador, cuchillo volador! Ante la violación, machete al cabrón! Despide a tu verga, violador de mierda!”,[50] ¡“Luis Omar, Luis Omar, cuida tu yugular”!,[51] “Ante la violencia machista: Autodefensa feminista”, Te va a volver. El desprecio que desplegaste. Te va a volver. Las agresiones que cometiste. Las pagarás. Las mujeres que violentaste. Responderán! Responderán!
          El cierre del Hotel Alcazar convocó a cerca de 100 asistentes, sobre todo lesbianas indignadas, autónomas, antisistémicas, con el rostro cubierto, vestidas de negro y violeta, la marcha recorrió la ruta del secuestro. “La clausura del Hotel Alcázar es un hecho que justificamos y consideramos como acto de reparación y resistencia feminista. …queremos hacer memoria, justicia y exigir que se hable con la verdad que denuncia las complicidades de hombres dentro del sistema de justicia que estuvieron impidiendo la libertad de una mujer que se defendió legítimamente. Verdad que denuncia que el machismo hace parte de las políticas de justicia que privilegian y encubren a los verdaderos culpables”.[52]
          La marcha dejaba a su paso carteles pegados en postes y paredes que denunciaban los hechos. Volantes y consignas denunciaban y advertían a los vecinos la complicidad del Hotel Alcázar en el caso de Yakiri y otros. “Alerta vecina, violador en la esquina. Alerta vecina: aquí vive un feminicida”. Huellas de pies con pintura roja marcaron la ruta que exigía justicia. En el cruce de las calles Dr. Liceaga y Jiménez hicieron un alto y denunciaron que en ese lugar el 9 de diciembre del 2013, Yakiri Rubio Aupart fue secuestrada por Luis Omar y Miguel Ángel Ramírez Anaya. La amenazaron con un cuchillo y la obligaron a subir en la moto. Se realizaron algunos performances. A un muñeco en forma de violador al que llevaban colgado por el cuello, le cortaron un grotesco pene de cartón rosa y fue roto a palos y quemado. Alguien leyó un poema que invitaba a los agresores a no volver a dormir tranquilos.
          La marcha advertía al vecindario de la complicidad de la policía, el hotel, los violadores, y la administración de justicia, a los que mostraban como una mafia patriarcal. “Estamos aquí para decir públicamente que Yaki nunca debió ser privada de su libertad. Estamos aquí para denunciar que las condiciones actuales del proceso legal, el “exceso de legítima defensa”, es una respuesta corta y falsa. Nuestra exigencia es una justicia que tenga en cuenta los crímenes hacia los cuerpos de las mujeres. La legítima defensa nunca será un exceso frente a las agresiones feminicidas. No nos callaremos, no dejaremos de hacer ruido, no pararemos de señalar al MP 50, a la fiscal Lucía Reza, al procurador Rodolfo Ríos Garza, a Santiago Ávila Negrón, al Tribunal Superior de Justicia, a Alejandro Fernández, y a todos los cómplices, violadores y feminicidas implicados en esta trama”.
          Bajo la consigna: “Hotel Alcázar, guarida de violadores”. “La complicidad es feminicidio”, colocaron cintas de alejamiento y carteles que lo declaraban clausurado. Un año antes, en el mismo hotel, un niño también fue violado. Otras personas han sido torturadas por la policía cuando el hotel era casa de seguridad, antes del 2001. Al fin del pronunciamiento, el hotel fue bombardeado con globos de pintura roja.
          Con el apoyo de “Las likuadoras” y otros grupos de mujeres, el caso Yakiri cobró relevancia en la prensa local e internacional. Yakiri fue acusada por la Procuraduría del Distrito Federal por homicidio calificado, su defensa apeló pero la reclasificación fue como homicidio en legítima defensa con exceso de violencia, lo que permitió que la joven pudiera salir de prisión pagando 32 mil dólares de fianza y llevar su juicio en libertad. Un año después, Yakiri fue invitada a formar parte de las candidaturas para diputada local por el Movimiento Ciudadano, una escisión del PRD. Luego del anuncio de su candidatura, el juez 13 penal exculpó a la joven del delito de homicidio en legítima defensa con exceso de violencia y le dictó la libertad absoluta debido a que la joven tenía como medida cautelar presentarse a firmar al juzgado y ordenó la destrucción de la causa penal que dio lugar al juicio.
          Su consigna “Por las mujeres que se defienden; Por los hombres que las protegen”, causó decepción y cuestionamiento. Las Likuadoras, sacaron un pronunciamiento en el que declaran: Se protege a quienes se supone que no pueden defenderse por sus propios medios. En el caso de las mujeres, la supuesta indefensión ha significado un elemento de dominación fundamental. El sistema patriarcal perverso coloca los cuerpos de las mujeres en posiciones de vulnerabilidad y luego ofrece protección. La promesa de protección viene acompañada del control sobre la vida de las mujeres y significa el compromiso de sumisión. Rechazan la vía electoral porque no existe propuesta política partidista que apueste por una ruptura radical con el sistema político actual, condición necesaria para poder salir de esta crisis genocida permanente que persigue nuestras vidas, afirman.

Acción contra la lesbofobia
El 17 de mayo del 2015 día en contra de la homofobia, un colectivo de organizaciones y lesbianas independientes tomaron el atrio de Bellas Artes, con un performance, aparecen de debajo de sábanas blancas, junto a la mención de lesbianas asesinadas por lesbofobia en distintas partes del Abya Yala, los cuerpos desnudos y pintados de seis lesbianas, acompañadas de una batucada y un grupo de lesbianas, leyeron un pronunciamiento:
          La lesbofobia no se nombra ni tiene definición propia. Es una forma de disciplina para aquellas mujeres que deciden no ser tuteladas por un hombre, desde un régimen que concibe como “natural” sólo las prácticas heterosexuales.           Nuestra apuesta es política porque nace del desacato; es peligrosa; porque luchamos por la deconstrucción del régimen heteropatriarcal, su misoginia, y el poder masculino. Nuestra apuesta política no busca dialogar con el Estado e instituciones ni insertarnos en este sistema sustentado por las opresiones múltiples de las mujeres y las lesbianas donde somos vistas como objetos sexuales, mercancías y botines de guerra. Queremos dinamitar este sistema y construir desde la autonomía y la horizontalidad, tejer vínculos entre nosotras basados en el reconocimiento y la complicidad; a esto le llamamos lesbofeminismo. Retomamos esta fecha porque nos indigna que las acciones a su alrededor se sigan tejiendo desde el discurso de las “preferencias sexuales”, naturalizando nuevamente el régimen heterosexual, sin evidenciar su componente sistémico, controlador y organizador de la vida. Denunciamos el sistema patriarcal capitalista heterosexual racista que nos empobrece, violenta y mata. No reclamamos migajas ni inclusión, luchamos para destruirlo y resistir fuera de él. Los discursos de la “igualdad y la tolerancia” buscan perpetuar un sistema de desigualdades basado en el reclamo de derechos coloniales y patriarcales, que no nos alcanzan para construir apuestas políticas revolucionarias.[53]
          Estas cinco acciones son un ejemplo de desobediencia que la cuerpa lesbiana articula en el Abya Yala, aunque las cinco acciones están centradas en la Ciudad de México, existen colectivas, grupos, organizaciones de lesbianas autónomas, anarquistas, antisistémicas, feministas, ecológicas, especistas, etc. que expresan con diversas acciones e intervenciones su desacato. A lo largo del territorio del Abya Yala, hay diversas experiencias autonómicas que es importante recuperar, de las que sólo menciono algunas: En México activan distintos grupos lésbicos autónomos como El Mal de Aguas Calientes, Lesbrujas de Chiapas, Acción Radical Antipatriarcal (ARA) de Oaxaca y Las Chuekas, Las Likuadoras, Las sucias, Lesboterroristas, Las lunas Lesbofeministas, Tierra Lésbika y Comando Colibrí[54] en el Distrito federal. GLEFAS, un grupo académico de formación y producción teórica desde distintos países del Abya Yala. En Guatemala, Lesbiradas y La Batucada Feminista contra la Violencia Sexual; Mulheres Rebeldes un blog lésbico-feminista autónomo desde Porto Alegre. En Chile hay diversas experiencias: Las perlitas, Las Moiras, Las Mafaldas, en Perú Las Insurgentes, en Colombia, La tremenda Revoltosa, en Argentina el grupo La Maleza, por mencionar sólo algunas.
          Las acciones que estas diversas colectivas visibilizan, expresan cuerpas lesbianas que renuncian al sometimiento masculino o institucional como el estado, la religión, la familia, las costumbres, etc. En el caso concreto de las cinco acciones expuestas, muestran cuerpas lesbianas críticas a los mandatos disciplinarios de las estéticas comerciales. Críticas a los nacionalismos y sus símbolos patrios, inventos del patriarcado para dividir pueblos, apropiarse de los territorios, riquezas naturales, del trabajo gratuito y cuerpo de las mujeres. Estas cuerpas lesbianas marcan una distancia con el estado/nación por heteropatriarcal. Cualquier institución del estado se constituye patriarcal, el sistema de justicia en sus procedimientos expresa misoginia, sexismo, lesbofobia y complicidad con los hombres agresores. La denuncia de secuestros de estado, a los encarcelamientos de mujeres procesadas desde la mirada y el poder de un régimen heterosexual y misógino, muestra que la calidad de mujeres, pobres, racializadas, lesbianas o analfabetas es razón para que el proceso no las escuche, la sentencia se agrave o que la privación de su libertad sea el castigo al desafío de pretender dejar el sometimiento del régimen heteropatriarcal.
          La clausura al Hotel Alcazar tiene un simbolismo especial, puede ser entendida como un acto de reparación a las innumerables violaciones de las que hemos sido víctimas las mujeres a lo largo de la historia, que el patriarcado implementa y mantiene como estrategia de sometimiento y la justicia deja impune. Mujeres enmascaradas que recorren la ruta del secuestro y destruyen a palos un muñeco al que luego queman. Consignas de advertencia, de señalamientos sin miedo, pronunciamientos que denuncian la existencia de un crimen organizado hetero patriarcal entre dueños de hoteles, policías, ministerios públicos, jueces, etc. ligados a la trata de mujeres y feminicidio. Hasta un video que con creatividad y humor, un comando lésbico advierte al sistema heteropatriarcal y de justicia que estará vigilante de sus acciones que atenten contra la dignidad y derechos de las mujeres, y actuarán en consecuencia. El último comunicado de la colectiva “Las likuadoras”, haciendo una crítica a la campaña electoral de Yakiri, punto central del rechazo a la domesticación patriarcal, la condición de tutelaje al que el sistema heteropatriarcal ubica a las mujeres para controlar su libertad. Es un posicionamiento de desobediencia ante el disciplinamiento que el Estado y sus instituciones, impone a las mujeres.
          El pronunciamiento contra la lesbofobia, es un posicionamiento lesbofeminista que hace visible otra forma de crimen del estado patriarcal: la lesbofobia, también para el disciplinamiento de mujeres. Sobre todo, es un deslinde a las políticas públicas de reconocimiento que hace el estado mediante los discursos de la “igualdad y la tolerancia”  a las “preferencias sexuales” porque naturaliza un régimen heterosexual, advirtiendo no querer migajas de inclusión que perpetúan un sistema de desigualdades basado en el reclamo de derechos coloniales y patriarcales, que no alcanzan para construir apuestas políticas revolucionarias. La estrategia autónoma es transformar el silencio en sororidad y acción organizada entre mujeres hacia la libertad, la acción dirigida a la justicia feminista restitutiva, de reparación del daño, lejos de la fórmulas estaduales de impunidad patriarcal, entonces, gritar la rabia, evidenciarlos socialmente, señalar a los culpables y advertirles que están en la mira, que el comando puede actuar.
          Vale la pena mencionar también, las diversas experiencias de reflexión colectiva a las que se han denominado “Escuelas de formación lésbico feministas” con motivo de los Encuentros lésbicos latinoamericanos y fuera de él en otros contextos, se han constituido en espacios semilleros de generación de ideas y de conocimiento situado, desde donde se cuestiona la matriz de opresión heteropatriarcal, las que se articulan con acciones diversas que van construyendo estas cuerpas lesbianas.

Frente a la agresión patriarcal: Autodefensa feminista.



[1] Mendoza,  Breny, La epistemología del sur, la colonialidad del género y el feminismo latinoamericano
[2] Lugones, María, Heterosexualismo y el sistema colonial / moderno de género. Hypatía vol 22, n°1 (invierno 2007).
[3] Mott, Luiz. El Crimen Antihomosexual. Brasil, 2002.
[4] Horswell, Michael. Toward an Andean theory of ritual same-sex sexuality and third gender subjectivity. In Infamous desire: Male homosexuality in colonial Latin America, ed. Pete Sigal. Chicago: University of Chicago Press.
[5] Lugones, ibídem.
[6] Rodríguez, Celenis y Espinosa, Yuderkys, Las políticas neoliberales y neocoloniales y el régimen heterosexual, X ELFAY, Colombia, 2014.
[7] Escobar, Manuel Roberto,  El cuerpo en Latinoamérica: resistencia a la cultura somática del capitalismo. El caso de Colombia. Seminario X Tepoztlán Institute, 2014.
[8] Paredes, Julieta, ¿Qué es el feminismo comunitario?,
[9] Paredes, Julieta, Ponencia presentada al IX Encuentro Lésbico Feminista del Abya Yala, noviembre, 2012.
[10] Berlanga, Gayón Mariana,
[11] Lugones, María. Hacia un feminismo decolonial. Disponible en: 
[12] Escobar ibídem
[13] Aníbal Quijano define el racismo, como episteme central del colonialismo y de la colonialidad contemporánea que parte de una matriz de opresión, ha generado violencia real y simbólica, xenofobia, discriminación y exclusión, puede entenderse en su forma estructural e interpersonal, y es histórico y particular de acuerdo a las realidades en donde se concretiza. Por lo tanto, la idea de raza es un resultado de la dominación colonial moderna y es desde ella que se construye el racismo. Para Ochy Curiel el racismo, la heterosexualidad obligatoria y el clasismo, son regímenes que se refuerzan entre sí para construir una misma matriz de opresión.
[14] Escobar, ibídem.
[15] Balza, Isabel, El feminismo lesbiano de Monique Wittig. La lesbiana como sujeto ontológico y político, I Jornadas de feminismo y lesbianismo. Madrid, 2008.
[16] Wittig, Monique, Mente heterosexual, Egales 2004.
[17] En: Curiel, Ochy, Racismo y régimen heterosexual, X ELFLAY, Colombia, 2014.
[18] Lonzi, Carla, Escupamos sobre Hegel,
 http://www.nodo50.org/herstory/textos/Escupamos%20sobre%20Hegel.pdf
[19] Hernández, Alma Rosa. “Historia, ideología y praxis del feminismo en México”. UNAM, México,1990.
[20] Millett, Kate, Política sexual, Cátedra, 2010.
[21] Escobar ibídem.
[22] En aymara “Chulla” significa sin pareja.
[23] Paredes, Julieta, Con el cuerpo somos, sin el cuerpo existimos, con el cuerpo luchamos, IX Encuentro Lésbico Feminista del Abya Yala, noviembre 2012. http://elflacbolivia.tumblr.com/
[24] Paredes, ¿Qué es el feminismo comunitario?
[25] Gargallo, Francesca, Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos de nuestra América. Ediciones desde abajo, Bogotá, 2012.
[26] Gómez, Dorotea, Mi cuerpo es un territorio político, La hoguera, publicación feminista antipatriarcal N°1, primavera 2013; Brecha lésbica, 2012. http://brechalesbica.files.wordpress.com/2010/11/mi-cuerpo-es-un-territorio-polc3adtico77777-dorotea-gc3b3mez-grijalva.pdf
[27] No se trata de generar una nueva normatividad respecto los usos y hábitos.  Las especificaciones de cada deconstrucción patriarcal ha sido motivo de largas argumentaciones y discusiones,  respecto cómo cada una de éstas y seguramente otras más, son parte del dispositivo de control masculino que pretende una estética o un modelo de belleza para agradar a los hombres aunque ello implique incomodidad o inutilidad de las mujeres.
[28] Jeffreys,  Sheila (1996), La herejía lesbiana: perspectiva feminista de la revolución sexual. Madrid : Cátedra.
[29] Una lesbiana masculina manifiesta por ejemplo, “esta es mi elección cómoda y libre aunque implique que a los 70 años me sigan diciendo ´se equivocó de baño´”.
[30] Gargallo, Feminismos desde el Abya Yala, ibídem.
[31] Tinoco, Chuy, Ponencia al VIII ELFLAY, Guatemala, 2010.
[32] Pessah,  Marian,  ¿Qué es ser lesbiana?, Página 12, viernes, 19 de junio de 2009, http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-820-2009-06-19.html
[33] Binford, La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas, tesis  maestría,
[34] Rosso, Nadia, Cuerpo lesbiano y la propuesta política contraamorosa, en: Mogrovejo, Norma, Poliamor, contraamor y amor libre, en edición.
[35] Chávez, Lyliana, identidades y políticas lésbico feministas; su relación con procesos creativos. aproximaciones a un sucio caso. Tesis de licenciatura Colegio de Arte y Cultura/ Estudios y Gestión de la Cultura, Universidad del Claustro de Sor Juana, 2013.
[36] Mogrovejo, 2010
[37] Vergara, Karina, El viaje de las invisibles. Manifestaciones del Régimen Heterosexual en experiencias de mujeres lesbianas en consultas ginecológicas”. Tesis de maestría en estudios de las mujeres, UAM X, fecha.
[38] Institución patriarcal que por medio de mecanismos de disciplinamiento y control naturaliza la heterosexualidad como “deseo” para asegurar la lealtad y sumisión emocional y erótica de las mujeres respecto a los varones (Rich, 1985: 11) y agrego: con el fin de mantener los sistemas económicos y políticos que en esta lealtad y servicio se sostienen.
[39]Salvo en Venezuela que se usa “Cuerpa” en los medios del espectáculo como diminutivo de “cuerpazo”.
[40] Utilizo el término lesbopolitización para explicar el trayecto personal de construcción de las mujeres lesbianas como sujeto político.
[41] Vergara, Karina, "Reflexões sobre as heranças de um povo indígena pré-colombiano na construção de modelos de gênero e ordem sexual sobre as mulheres mexicanas no contexto da construção de gênero latino-americano", ponencia presentada en la IV Jornada Regional de Educação Sexual do Paraná e II Colóquio Internacional de Sexualidades da UENP.
[42] Aunque es una afirmación que puede discutirse en tanto el sistema capitalista se hace presente en cada forma de relación social, vale la pena aclarar que los modelos heterosexuales se pueden reproducir independientemente de los cuerpos, la crítica a la heterosexualización obligatoria viene del feminismo lésbico. Así, se puede ser homosexual femenina reproduciendo roles sexuales. Incluso aunque pareciera incongruente, hay feministas que poco o nada cuestionan la feminidad.
[43] La reivindicación de las apariciones de La virgen de las panochas, en la forma de vagina; la confección de antimuñecas, muñequitas de tela sin el glamur de la Barbie, feas, con mucho pelo, gordas, menstruantes, etc.; la elaboración de grafitis y murales reivindicativos de estéticas lésbicas como mofa de la estética heterosexual; performances contraculturales; entre otras, fueron propuestas, con las que “Las Sucias”, aportaron a la deconstrucción de conceptos, imágenes, lógicas, mandatos genéricos o mitos sobre la sexualidad.
[44] Chávez, Lyliana, ibídem.
[45] La Hoguera N° 0, 2012.
[46] Ibídem.
[47] Sororidad Insumisa. Con todas las secuestradas por los estados, Fancine editado por las Chuekas. http://lahoguera.confabulando.org/?feed=rss2
[48] Denominadas originalmente Justicia feminista planetaria.
[49] Algunos de estos colectivos conformaron el “Comité en apoyo a Yakiri”
[50] Consigna que dio nombre a la colectiva “Las likuadoras”.
[51] Dirigida a uno de sus secuestradores quién interpuso la denuncia por la muerte de su hermano.
[53] La edición es mía.
[54] Aunque no es un grupo exclusivamente lésbico, la mayoría de las integrantes lo son y el trabajo que tienen es parte de la cultura lésbico-feminista.